A Fondo
Lunes 06 de Abril de 2015

Esos malos vicios del fútbol

Sebastián Gálligo / De la Redacción de UNO
sgalligo@uno.com.ar

 

 

Echagüe y Unión de Santa Fe jugaron una serie brillante. Dos triunfos en el Ángel Malvicino de Santa Fe para el Tate y dos para el Negro en el estadio Luis Butta.


Un marco espléndido para una serie histórica que definirá el pase de uno a la semifinal de la Conferencia Norte del Torneo Nacional de Ascenso (TNA). Sin embargo por culpa de un par de idiotas el quinto juego a disputarse mañana no lo va a poder ver nadie porque la AdC decidió que se juegue en Sunchales a puertas cerradas por los incidentes registrados el viernes en la capital entrerriana.


Tal vez el más perjudicado sea Unión, por no jugar en su cancha donde consiguió el derecho por haber terminado arriba en la fase regular.

 

Pero en verdad el gran perjudicado es el público y los protagonistas. Que, en caso de los primeros, no podrán ver a su equipo y tal vez hasta octubre o noviembre cuando arranque la próxima temporada porque el que pierde se queda afuera. Y en el caso de los segundos jugarán sin la motivación de la serie y como si fuera una práctica. En el básquet no suele ocurrir. O los antecedentes son contados con los dedos. En la última década hay que remontarse a un partido de Echagüe y Argentino de Junín en el Butta cuando el equipo de Paraná era dirigido por Silvio Santander y los de Junín hicieron un escándalo a la salida del estadio. En aquella oportunidad no hubo cambio de cancha. Sí cuando jugaron por el ascenso Ciclista Juninense y Sionista. Los líos en la cancha de Ciclista derivaron en un cambio de localía y la serie se fue a Saladillo. Algún que otro caso perdido, no por eso menos preocupante, pero que no es común en el básquet. Sí en el fútbol por esos malditos vicios que se han naturalizado a tal punto de que ya no causa asombro la suspensión de un estadio. Ya nos hemos acostumbrado a jugar sin visitantes. Ahora vemos y cada vez con más frecuencia un partido sin público local. Y así nos resultará común que el fútbol se juegue sin hinchadas. Esos vicios violentos de arrojar algo para agredir a los protagonista o creer que en una tribuna se dirime la guapeza por ser más agresivos son prácticas arcaicas que nos han llevado a un retroceso sin control. De repente, esas prácticas que vienen de la misma sociedad se infiltran en el básquet y al igual que el fútbol dejan afuera a un montón de apasionados racionales.

 

 

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