A Fondo
Miércoles 07 de Octubre de 2015

Ese clásico que nos toca de cerca

Sebastián Gálligo / De la Redacción de UNO
sgalligo@uno.com.ar


Algún amigo, compañero de trabajo o conocido, por herencia, cercanía o por ser santafesino, es de Unión o de Colón. Y lo cruzamos a diario o esporádicamente. Cuando por estos lados el fútbol escaseaba y no había demasiadas restricciones para entrar a la cancha, más de uno cruzaba el Túnel, hacía la cola y sacaba la entrada para ver otro nivel. Y más de uno lo adoptó como propio. Es por eso que cuando se juega el clásico de Santa Fe por algún lado te toca. No pasa inadvertido. Un partido que está a 25 minutos, respetando los límites de velocidad, desde el centro de Paraná a la Facultad de Derecho o del estadio Presbítero Grella al estadio 15 de Abril. ¿Cómo abstraerse? Ese domingo es distinto. Como lo hicieron el domingo pasado. 

El bulevar no tiene el mismo movimiento. En la ruta se perciben los colores rojo y negro a modo de presentación y en el ingreso a la ciudad los colores rojo y blanco se van potenciando, lógicamente, con la proximidad del estadio. Sería muy irrespetuoso desde acá asegurar quién es más popular, si se entiende por popular al club de barrio y de la clase trabajadora y menos popular al club del centro. Y habrá sobrados ejemplos para discutir esa postura que no viene el caso. 

El color invade la ciudad. De repente en Facundo Zuviría dos hinchas de Colón en una moto parecen desafiar la parada, pero lo que insinúa una provocación se esfuma cuando en un abrir y cerrar de ojos doblan unas 10 cuadras antes del bulevar Pellegrini para evitar la confrontación. 

Las esquinas están tomadas y el clamor se percibe cada vez más cerca con el mágico grito de la cancha, que vaya a saber porqué, nunca desafina. El bar de la esquina del estadio trabaja desde temprano. Los más cautos esperan por su liso y los ansiosos se llevan el vaso de plástico para merodear la zona y cantar. El liso Santa Fe acaricia el paladar y refresca la garganta que tendrá una “guerra” muy pronto. 

Las canciones van en un solo sentido, pero claro “nadie recoge el guante” salvo que alguna cámara o algún móvil haga expandir el grito, porque como ya nos hemos acostumbrado, no hay visitantes. El ingreso es rápido, la atención a la prensa es perfecta. La tribuna nueva ofrece una panorámica única del césped y de las adyacencias. Allá a lo lejos se percibe un mástil con la bandera roja y negra. “Acá estamos” parece decir con solo flamear en una tarde cálida y de viento. Los papeles se escapan de las manos, parecen tener vida y advertir que está por entrar el equipo. No hay más lugar y sigue entrando gente. Cotillón, escenografía y explosión. A la cancha Unión. ¡Una fiesta! 

El partido un espanto, coincidimos con Andrés que algo sabe. Todo lento: los laterales, los tiros libres, los saques de arco. La pelota parece no quererla nadie. Dos lujos en 95 minutos. Una chilena de Unión en la mitad de la cancha improductiva y un caño de Ruiz que no prosperó por una infracción. Emociones ausentes. El miedo a perder lo pudo todo. No hubo rebeldes ni vencedores. Se fue la tarde con gusto a poco. No habrá cargadas y el lunes fue como cualquier otro. Habrá que esperar unos meses, siempre hay revancha. 
 

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