Música
Lunes 05 de Junio de 2017

Una inyección de vitalidad y energía en el Teatro 3 de Febrero

La Orquesta Sinfónica de Entre Ríos se presentó junto al pianista canadiense Alexander Panizza

Desde el comienzo, con la Obertura de la ópera Rienzi de Richard Wagner, todo fue diferente en el habitual ciclo de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos (OSER). Una inyección de vitalidad y energía hizo que la música se escuchara con intensidad y precisión desde el principio hasta el final. En todo momento el director hizo una sucesión de gesticulaciones danzadas sobre el podio que acompañaron el fraseo de la potente melodía de la composición del alemán.

Luis Gorelik, titular de la OSER, con su gracia, estilo, temperamento y formidable técnica de conducción, logró llevar adelante a los músicos y que estos muestren sus talentos a pesar de los 15º que marcaba el termómetro a las 20.30 del sábado.

Los alrededor de 13 minutos que duró la obra de Wagner fueron extraordinarios. La sonoridad suntuosa, percusión brillante y empuje realmente arrollador se impusieron en todo momento. El público reaccionó con una espontaneidad significativa, lo que hizo cambiar la atmósfera del Teatro porque se había cargado de una "corriente eléctrica" ideal para recibir y enfrentar las dos siguientes obras: una de Franz Joseph Haydn y otra de Piotr Ilich Tchaikovsky.

La Sinfonía Concertante para violín, cello, oboe, fagot y orquesta del austríaco estuvo aceptable, pero sin dudas no superó a la Obertura. Resulta que hubo leves fallas que generaron algunas disonancias en la pieza del compositor del período clásico. De todo modos, el allegro, el andante y el finale se vivieron con intensidad.

La inclusión de esta obra consistió en una propuesta enriquecedora porque en el Teatro 3 de Febrero se logró concretar una noche musical de categoría de la mano de la violinista de Santa Fe Marian Crucci, del cellista de Escobar, Buenos Aires, Emanuel Aguirrez, del fagotista también santafesino Juan Alberto Gambino y del oboísta de Río Negro, Juan Martín Sarmiento Wagner, todos integrantes de la OSER.

Luego de la interpretación, de atravesar la claridad y simpleza del Clasicismo, vino un breve descanso para así después dar comienzo a la segunda parte del programa: el concierto para piano y orquesta Nº 1 Op. 23 de Tchaikovsky. Fue el pianista canadiense Alexander Panizza el encargado de desgranar una composición encuadrada en el período del Romanticismo, marcado por una variedad de emociones dentro de un ordenamiento de rigurosa técnica e ideas de composición de llamativa originalidad, exclusivas y audaces.

En todo momento el pianista se mostró enérgico y en sus manos se vislumbró el profundo cariño y admiración por la obra del compositor ruso. Su aplomo, concentración, entrega intelectual y física fueron las virtudes de un artista sobrio y veraz al servicio del creador. Sin duda se trató de una inyección de vitalidad y energía.

La obra de Tchaikovsky se escuchó con formidable claridad y se apreció esa misteriosa habilidad del autor en dejar que el piano se escuchara en todo momento, aún en el medio de una orquesta sinfónica como lo es la OSER.

Lo cierto es que pocas veces se puede ver una composición del autor ruso, ser ejecutada con tanta precisión y calidad, seguramente como resultado de un trabajo de enorme rigor en los ensayos previos y, en contadas ocasiones, un director de orquesta con tanta pasión. Fue un concierto que logró un rendimiento de marcada enjundia y riqueza de matices.

La gama de intensidades y planos, desde las típicas transparencias sutiles que el autor intercala con mano maestra entre eclosiones y cataratas de sonidos ríspidos y atronadores fueron obtenidas con singular eficacia, no sólo por la orquesta, sino también por Panizza en una actuación que podría ubicarse entre una de las mejores de su carrera artística.

Tras el primer movimiento, el allegro, y el segundo, el andantino, el final del concierto para piano y orquesta Nº 1 estuvo cargado de ímpetu y pasión. La ovación final fue emotiva porque al aplauso jubiloso del público parado se sumó el entusiasmo de los integrantes de la orquesta. Palmas ruidosas, arcos golpeando con fuerza los atriles y gestos de simpatía y cordialidad saludaron al director y al pianista, lógicamente redoblando la sensación de un éxito significativo.

Como agradecimiento, Panizza tocó dos obras más. Las Variaciones Goldberg del compositor alemán del período barroco, Johann Sebastian Bach, revivieron en sus manos. Y, luego tocó el Estudio Nº 2 Opus 25 de Chopin. De esta manera, luego de tocar dos bis, el pianista nacido en Toronto, Canadá, dio una última reverencia al público y se retiró.

Cerca de las 22.20 el concierto se dio por terminado y de a poco el Teatro se empezó a deshabitar. En esta oportunidad el 3 de Febrero no estuvo completamente repleto como se esperaba, pero eso no opacó una noche más de música en la capital entrerriana, la cual fue ejecutada tras una labor orgánicamente muy bien llevada, enfocada en un efectismo sonoro y orientada hacia la noble expresión de un canto de victoria.


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Sobre el concierto


Este concierto se realizó en adhesión al 71º aniversario de la República de Italia y fue coorganizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Provincia de Entre Ríos, la Sociedad Italiana de Paraná y la Asociación Mariano Moreno, con el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Paraná.


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Alexander Panizza, un virtuoso pianista

Alexander Panizza es uno de los principales pianistas a nivel mundial que brilla en la actualidad. Se destaca por su extraordinario manejo de la sonoridad del piano, en cuanto a intensidades y matices, su virtuosismo, la amplitud del repertorio que suele abordar y su ductilidad para trabajar con cantantes, conjuntos de cámara y grandes orquestas. Ha recibido varios premios a la trayectoria, incluyendo el Premio Konex Diploma al mérito 2009, el Premio Magazine 2015 y, recientemente, el Kajo-Schommer Forderpreis en reconocimiento a su estímulo a jóvenes pianistas.

Comenzó sus estudios musicales en su ciudad natal, Toronto (Canadá), y los continuó en la Argentina, Francia y España. Ganador de varios concursos nacionales y del Concurso Internacional Alberto Williams-ciudad de Necochea, ha sido becario del Fondo Nacional de las Artes, Fundación Antorchas, Mozarteum Argentino, Fundación Proscenio y The British Council. Cursó estudios de posgrado en el Royal College of Music de Londres, donde obtuvo la Medalla de Oro Hopkinson, entre otros galardones.

Panizza desarrolla una brillante carrera en América Latina, Norteamérica y Europa. Como solista, ha actuado con más de 30 orquestas. Se destacan sus versiones de los conciertos de Brahms, Rachmaninov, Tchaikovsky, Chopin, Beethoven y Schumann que interpretó en salas de renombre como el Barbican Hall de Londres, el Teatro Colón de Buenos Aires, el Anfiteatro Richelieu de la Universidad de la Sorbona, el Teatro Palas de Atenas y el Museo Ciurlionis de Kaunas (Lituania).


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