Teatro
Miércoles 04 de Octubre de 2017

Llega "El nombre", o la importancia de llamarse

El sábado 7 llega al centro cultural La Hendija, de Paraná, la obra "El nombre", de Griselda Gambaro, interpretada por Mirta Azzano y dirigida por Paula Boero

El sábado 7 de octubre el centro cultural La Hendija (Gualeguaychú 171, Paraná) recibe la obra El nombre, de Griselda Gambaro, a cargo de un grupo teatral de La Plata. La obra es interpretada por Mirta Azzano y cuenta con la dirección general de Paula Boero.

La directora Paula Boero, junto a la actriz Mirta Azzano, abordan este monólogo de Gambaro que, como en la mayoría de su dramaturgia, apunta al tema del poder. El personaje es una empleada doméstica a quien, por decirlo de alguna manera, se le niega el derecho a portar su verdadero nombre, negándosele de esta manera su verdadera identidad. Cada "patrona" o "señora" le asigna caprichosamente un nombre diferente, según su gusto o conveniencia. Así María pasará a llamarse Ernestina, Lucrecia, Florencia, Eleonora. El poder ejercido por quien la contrata (que también la deja en la calle como un bien descartable, sin miramientos), es quien dictamina cómo deberá llamarse mientras viva en esa casa.

Escenario dialogó con la actriz, Mirta Azzano –quien es oriunda de Entre Ríos y vivió gran parte de su vida en Paraná– acerca de la obra que interpretará
—¿Cómo es el personaje que interpretás en "El nombre"?
—María, una humilde y frágil mujer que desde los 16 años trabaja como empleada doméstica. En cada trabajo que le ha tocado en suerte, las patronas le han ido cambiado el nombre a su conveniencia y antojo. Los distintos nombres van constituyendo significaciones diferentes, hasta llegar a perder su identidad, no hay nombre propio. Acostumbrada a fingir se pregunta '¿Qué importancia tiene un nombre? ¿Cualquiera sirve, no?', siempre vagando en personajes ficticios, llegando a su vida adulta, sin reconocerse a sí misma, envuelta entre la psicosis y la normalidad. Enferma y sola, su nombre es hoy un grito silencioso pero desgarrador que jamás nadie le quitará. El problema de una identidad vedada debido a las alteraciones y el dolor que sufrimos cuando nos niegan la existencia, y no solo eso, también la dignidad y la pertenencia.
—¿Qué desafíos actorales te planteó?
—Un actor que hace un monólogo tiene que aprovechar cada uno de sus recursos al máximo para poder sostener la atención del espectador solo. El mayor desafío que esta obra me presenta como actriz es el de poder administrar con cierta precisión los tiempos y las emociones que cada una de las partes del texto genera. Otro desafío que me planteó la obra, se refiere a los interlocutores que sólo existen en su imaginación, siguen estando ahí, aunque no se encuentren físicamente presente, debiendo actuar como si estuvieran.
—¿Cómo ha sido el proceso de preparación del personaje?
—La construcción del personaje, se fue realizando de manera gradual y en conjunto con la directora, después de hacer un análisis del texto sobre: ¿Qué pasa? ¿Quiénes intervienen? ¿Cuándo pasa lo que sucede?, ¿Dónde sucede lo que acontece?, ¿Cómo sucede lo que sucede?, nos llevó a investigar sobre el personaje ¿Cómo es? ¿Cómo se mueve? ¿Cómo será su comportamiento y sus reacciones? Investigar sobre situaciones y problemáticas semejantes, que me acercaran a esa mujer frágil y por momentos con delirios. Analizamos nuestras propias experiencias y nos inventamos lo que no hemos vivido, añadiendo a esto emociones, actitudes. Este proceso comenzó en setiembre de 2016, hasta su estreno setiembre 2017.
—¿Cómo ha sido el trabajo con la directora, Paula Boero?
—El trabajo con ella fue muy gratificante, es un persona muy creativa, observa una y otra vez la escena, abierta a las propuestas e inquietudes que surgían de mi parte. Busca matices, los pone a prueba, es hacer y deshacer una y mil veces hasta lograr que salga a la luz y de la mejor manera posible lo que tiene en mente, una exploración minuciosa y continua búsqueda. Está en todos los detalles, lo espacial, visual, sonoro, lo literario, diseño y actuación. Es la primera vez que me dirige. Personalmente conocía de su trabajo minucioso, su entrega y responsabilidad al encarar la dirección de una obra.
—¿Qué es lo que más te atrajo de la obra?
—Lo que más me atrajo de esta obra, es poder llevar a escena un texto con diferentes voces y matices. Además me atrapó la historia de esas mujeres que pasan por la vida sirviendo a otros, gratificando a otros, sin ser consideradas, respetadas y valoradas.
Las entradas anticipadas tienen un valor de 120 pesos y pueden reservarse al 155024599.


Acerca de Griselda Gambaro
Nacida en Buenos Aires en 1928, Griselda Gambaro es una dramaturga descomunal. Durante la prolífica década del 60, presentó en el legendario Instituto Di Tella relatos de Madrigal en ciudad, El desatino, y obras como Las paredes, Los siameses, El campo, Nada que ver, Sucede lo que pasa, que provocaron sumo interés por parte del público y de grandes directores (José María Paolantonio, Jorge Petraglia, Augusto Fernández, Alberto Ure, Roberto Villanueva), y cierto desconcierto en los críticos, por la dificultad de encasillar sus textos tan poéticos en un solo género.
Durante la dictadura militar, la Gambaro debió exiliarse en España. Su novela Ganarse la muerte (1977) fue considerada "subversiva". A su regreso al país, participó en Teatro Abierto con Decir sí y La malasangre. A partir de allí, la directora Laura Yusem abordó la puesta de otras tantas obras: Del sol naciente, Antígona furiosa, De profesión maternal y Lo que va dictando el sueño.
"Lo que tiene de maravilloso el teatro es que se trata de algo que se vive sobre un escenario en un tiempo preciso y acotado, algo corporizado. Y que se hace frente a un público que recibe inmediatamente lo que se produce en el escenario. Y que uno recibe la respuesta de ese público también inmediatamente ", afirma la dramaturga.


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