#YoCuento
Lunes 12 de Junio de 2017

Hoy escribe Luciano Butazzoni: Jorge, el 2 del equipo

Este es un espacio que Diario UNO de Entre Ríos ofrece a sus lectores radicados en la provincia, para que puedan publicar sus cuentos o relatos originales.

En esa mañana ya todo estaba resuelto para ella, los bolsos ya los tenía preparados y la fecha de vencimiento había llegado. Sin más palabras, se lo dijo: "Me voy, acá se termino Jorge, yo no puedo mentirte más, no puedo sostener más este teatro", así se lo dijo.

Aquellos 35 años juntos, se desmoronaban como castillo de arena para aquel hombre, que con mirada perdida y desorientada buscaba la razón de la cuestión, y solo le salió preguntar, con una voz temblorosa: "¿Pero, por qué, negra?", y solo recibió un económico "¡Porque sí!".

Se convirtió en un momento eterno, allí estaban mirándose fijo a los ojos, dos miradas que hablaban idiomas distintos. Pero como todo un gladiador, Jorge infló el pecho, se llenó los pulmones de aire para no dejar que la tristeza se apoderara de él, y con una caballerosidad que invadió el ambiente, le respondió: "No, Norma, vos quedate acá, desarmá esos bolsos, yo te entiendo, yo me voy", y salió por la puerta sin más que lo que llevaba puesto.

Los días comenzaron a transcurrir, y con ellos, un ejército de recuerdos que desfilaban sin piedad, como el día en que la conoció, momentos de alegría imborrables, como cuando se casaron y se prometieron estar juntos por siempre, sueños, pasiones compartidas... pero hoy tenía que aceptar una realidad distinta, un golpe contra una pared, y le estaba costando, algo en su corazón no iba bien.

Jorge buscó el apoyo de sus amigos, los fines de semana jugaba al fútbol en las ligas de veteranos, en esas tardes sus compañeros le prestaban sus oídos y así transcurrieron las sesiones de psicología gratis, en el medio de una cancha.

Recibió muchos consejos cuando su mujer quería totalmente el divorcio: "¡No le cedas nada, Jorge!", "Tené cuidado que las minas se ponen duras cuando quieren", "Te va a dejar en la lona esa mina", "Si tenés plata, no digas nada que te la va a sacar hermano". Pero por las noches, cuando se iba a descansar, agobiado de pensar y que la soledad repentina lo abrazara, Jorge tenía solo algo en mente, su mujer, que tanto tiempo atrás se había enamorado de su sonrisa contagiosa, sus gestos, su forma de hablar, a él no le importaba si ella se ponía más gordita, más flaca, porque su amor pasaba por otro lado, era inconmensurable y difícil de transmitir en palabras, hacía todo para ella, pero hoy esa mujer se da cuenta de que no supo apreciar la sencillez de Jorgito.

A consejos del tipo "buscate otra mina y dejate de joder con esa loca", él respondía "pero yo no puedo hacer eso, no me sale, yo la quiero a ella".

Solo respiraba profundo, miraba a un costado, tratando de olvidar, solucionar, perdonar, calmar la ansiedad; en fin, buscando esquivar ese laberinto de sensaciones que te pasan cuando ocurren estas cosas. Eran eso de las 4 de la tarde del día sábado, 14 de febrero para ser más preciso; en el vestuario se preparaban los muchachos para salir al encuentro contra el equipo de Contadores Fútbol Club; Jorgito, el número 2 del equipo, tomó las riendas de la arenga habitual que realizaban antes de salir a la cancha, con voz firme y mirada penetrante, les dijo: "Vamos que hoy ganamos, vamos que por pasión estamos acá, porque nos encanta, porque nos moviliza una adrenalina terrible antes de salir, porque se nos pone la piel de gallina antes de entrar, hoy hay que dejar todo, ¡vamos!".

Cancha llena, las dos hinchadas eran una fiesta, y con los equipos ya plantados en el escenario, en ese campo verde y sol radiante de aquella tarde, sonó el pitazo del árbitro, Jorge tocó la tercera pelota del encuentro, aquel balón rodaba para acá y para allá, de izquierda a derecha...

¡GOLLLL!! El 9 del equipo, con un cabezazo, la había clavado después de un córner en el ángulo izquierdo del arquero. Con alegría corrieron todos a abrazarse; pero algo no iba bien, había un momento que estaba predeterminado en el destino de esa tarde; pasaba el minuto 33 del segundo tiempo, se produce un lateral del lado derecho del campo para el equipo contrario, y antes de ser ejecutado, el número 4 de Contadores Fútbol Club se da cuenta de lo que estaba pasando, en el centro del campo, alguien se había tropezado y caído de la nada: era Jorge.

Uno de sus compañeros se arrimó enseguida a él para ver qué le pasaba. "Jorgito, ¿estás bien?" y no recibió respuestas. "¡Dale Jorge, arriba!", Maxi, el 7 del equipo lo alentaba a levantarse. "¡Médico, médico!", gritaron los muchachos.

Con una mirada perdida, el cuerpo ya cansado, Jorge luchaba por terminar el partido final, aquel que había comenzado a jugar ya hace algún tiempo atrás, y no se le podía escapar de las manos; él también tenía su fecha de vencimiento en el centro de aquel campo.

Rodeado de sus compañeros, con una fortaleza admirable, solo largó un par de palabras. Palabras que quedaron resonando en la memoria de un equipo. Sus manos se fueron desvaneciendo, una luz se apoderó de sus ojos y un sonido eterno lo llamó: "Díganle que la amo", y se fue, se llevó consigo todos los recuerdos alegres que una vez compartió con la mujer que hoy llora por las noches en su almohada... hasta siempre, Jorge.
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Los textos deben tener una extensión de entre 700 y 1.200 palabras. Hay que enviarlos al correo electrónico lactis@uno.com.ar, adjuntando una copia del DNI (obligatorio) y número de teléfono. Lectores, ¡a escribir!

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