Domingo 30 de Abril de 2017

"El amor nos vuelve maravillosos, nos hace Superman" copy

La actriz Norma Aleandro dio su opinión del poder, la diversidad sexual, tinder, la "grieta", la fama y el incaa. actúa el 6 de mayo en El Círculo

Norma Aleandro no se la cree, se ríe mucho de algunas cosas y de ella misma. No le gusta el bronce, prefiere "el olvido" y sorprende cuando dice "no tengo una carrera". Lo dice una de las actrices más respetadas de Argentina, nominada a un Oscar y ganadora del David de Donatello, el máximo galardón del cine italiano, además de ser reconocida en Cannes, San Sebastián y La Habana, entre otros festivales. Pero también se pone seria cuando habla de la polémica por el Incaa o de la famosa "grieta".

La actriz se muestra cercana, de buen humor, inquisitiva, directa. Así lo hace durante la entrevista con Escenario, pocas horas antes de volver a Rosario con su unipersonal "Sobre el amor y otros cuentos sobre el amor", el sábado 6 de mayo, a las 21, en el teatro El Círculo.

El amor fue el disparador para hablar -con Aleandro formulando repreguntas durante casi toda la charla- de la actualidad, el poder, la diversidad sexual y cómo la tecnología y las aplicaciones de citas hoy también son parte de la intimidad.

—Estrenó el espectáculo en 1976 y recorrió varias partes del mundo. ¿Cuál es el gran atractivo que le encuentra?

—Le encuentro de atractivo el título que me lleva por tan diversos autores y tan diversas situaciones que hacen posible que después de tantos años todavía me resulte interesante hacerlo y al público verlo. Es que el amor de verdad no tiene término y una época determinada. Lo que hago es contarlo, cantarlo con distintos autores, ya sea del Siglo de Oro español, modernos o contemporáneos.

—Ya estuvo en Rosario con este espectáculo...

—Sí, sí. ¿Me querés preguntar por qué vuelvo? (ríe) Me lo han pedido, les parece interesante que vuelva, las versiones de una época y otra no son las mismas, la gente que me contrata lo sabe.

—Es como se suele decir que vuelve a pedido del público...

—Se suele decir eso cuando de verdad te vuelven a contratar... en mi caso, me dicen por favor vení. Y uno se lo cree y va (risas). Lo que pasa y lo que importa es que en el escenario yo puedo hacer un espectáculo donde yo divierto, puedo entretener el público con autores que vale la pena leerlos y escucharlos.

—¿Cómo cambió el amor, las relaciones, las formas de relacionarse, en 40 años?

—Te digo la verdad, en el amor, desde que el hombre está en la cueva, me parece que con respecto al amor no se han cambiado demasiadas cosas, salvo ciertas formas más o menos interesantes de llevarlo adelante, pero casi son las mismas.

—En los últimos años el amor se ligó a la tecnología. ¿De qué manera afecta las relaciones la irrupción Tinder y otras aplicaciones para citas?

—Sabés lo que cambia, me parece que cambia la manera de relacionarse. Antes era "me dejará papá y mamá salir para encontrarme con fulanito". Y ahora es "la verdad que esto que me está llegando a la computadora, ¿vale la pena, no vale la pena? ¿nos comunicamos?". Pero de verdad cuando nos encontramos somos dos personas, sea hombre y mujer, hombre y hombre, mujer y mujer, y eso es lo único que de verdad sigue siendo igual y aunque nos propongamos ser distintos no hay cómo. ¿Te enamoraste alguna vez? ¿Viste que parecido es a cómo te lo cuentan los grandes poetas, qué parecido es al siglo XIV, o al XII o al XI? Es muy parecido, y uno no puede creer que sea tan parecido.

¿El amor es sinónimo de felicidad?

—¡No te quepa la menor duda! Que después te traiga desdichas o te las traiga antes, eso es otra cosa, pero, por favor, claro que sí.

—Vargas Llosa escribe en "Travesuras de la niña mala" "dicen que solo los imbéciles son felices"...

—Esa frase es muy siniestra y valdría la pena estudiarla. Porque de verdad yo creo que felices pueden ser personas que se quieren, que se aman, que se ayudan, que simplemente, insisto, que simplemente, con lo difícil que es, se aman. Entonces esa frase no me cierra.

—La frase sigue y dice que a pesar que digan eso, se sentía feliz de compartir su vida con la niña mala...

—A pesar de... como si fuera algo espantoso. ¿Te enamoraste? No es algo espantoso (enamorarse). Te lo recomiendo, ¡por favor! No lo dejes de hacer, aunque te hayas equivocado, no lo dejes de hacer.

—¿Cómo se lleva el amor con la realidad, la cotidianeidad, la rutina...

—¿Qué es la realidad? Pero, por favor... la realidad es algo que vos tenés que manejar, pero si eso no resultó, a otra cosa.

—García Márquez dice que "el problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas"...

—También él tenía esas ideas... (ríe) Las buenas y las malas. Escribía. Para escribir necesitás todo eso pero para vivir es otra cosa.

—¿Cómo se lleva el amor con los conflictos económicos? ¿El amor alcanza?

—¿Lo probaste alguna vez? Depende de con quien. Y no hay mucho más que hablar. No es filosofía... Es eso. Hay con quien vale la pena y con quien no vale la pena.

—Usted apuesta al matrimonio desde hace 50 años. ¿Cómo se hace para llegar hasta ahí?

—Pero yo a esto no lo recomiendo... no es una receta (risas). Te pasa o no te pasa. Te toca el ángel o no. A mí me pasó. Venía de otras experiencias interesantísimas, por Dios, pero no. De pronto... vos sabés que hay una frase interesante que es budista... de pronto el amor es como navegar en el océano y encontrar una pulsera que calza en tu mano exactamente. Es tan complejo y tan difícil que pase eso, que cuando pasa, y ojalá te des cuenta, porque eso es el amor.

—¿Se pueden transferir conceptos como la pasión, el amor, al ejercicio del poder, de la política?

—No lo sé. Lo que sé es que se pueden hacer muchas cosas desde el amor. No lo sé en la política, no me he dedicado a eso y no lo sé, pero creo que de verdad, considerando al otro, pudiendo amar al otro y no despreciando al otro porque no se parezca a vos se puede ser hacer algo muy bello. Pero mi espectáculo tiene más humor que otra cosa, eh... porque se está poniendo tan triste... (risas).

—García Márquez dijo que hay que ser infiel, pero nunca desleal. ¿Cómo se lleva el amor con la fidelidad?

—Eso depende de cada persona. Hay gente que lo tolera o que no lo tolera, pero eso es como qué te gusta más, lo blanco, lo negro, lo suave... cada uno es diferente. Por suerte somos diferentes.

—El amor es tema de la filosofía y la literatura desde siempre, desde Platón, Proust, Barthes. ¿Por qué es tan inasible, tan indefinible, que todavía se sigue preguntando qué es el amor?

—Porque nos preocupa, nos preocupa mucho... si no, no me estarías preguntando tantas cosas... a tu edad (risas). Nos preocupa porque el amor nos hace maravillosos, nos hace Superman, y de pronto nos sentimos desdichados para toda la vida. Nos podemos sentir los seres más felices del mundo y entender todo, y de pronto no entender nada. Eso es el amor.

—También la ciencia lo explica como una sucesión de descargas neuronales y químicas, hasta el grupo sanguíneo se dice que influye en la elección...

—¿Pero cómo...? Uno es un cuerpo, ¿no? Somos un cuerpo y por supuesto se puede explicar de cien mil maneras. Incluso poéticamente.

—¿Qué tipo de humor atraviesa el espectáculo?

—Simplemente son autores y situaciones que de alguna manera han hecho felices o desdichados, y nos podemos reír de eso. El humor es la mejor medicina que tenemos los seres humanos para vivir a mi entender, ya sea políticamente, para el amor, para lo que fuere. Lo que hago no es explicar, sino simplemente hablar sobre algo que nos interesa y poder reírnos nos hace bien. El humor nos ayuda y nos hace bien.

—Algo sobre otros aspectos de su carrera...

—No tengo una carrera.

—¿Cómo es eso?

—No, nunca hice mi vida a partir de una carrera. Hice lo que pude.

—No la voy a contradecir, pero si alguien escucha su nombre en cualquier parte de Argentina, inmediatamente tiene una idea sobre usted y su trabajo...

—No hice nada, nada para lograr eso. Nada. Lo que hice fue tratar de hacer un poquito mejor lo que hacía, que era teatro, que era actriz, tratar de hacerlo un poco mejor la próxima vez. Nada más.

—O sea que no cree en el bronce, no espera ningún busto suyo en ningún lugar...

—(Risas) ¡No, por Dios! que no me lo pongan y mucho menos de bronce... no, no, no, esa cosa pesada, espantosa, que a nadie se le ocurra. Prefiero un olvido.

—Cuando comenzó su actividad le dijeron que no servía para actriz y hasta pensó en suicidarse...

—Sí, es así, y se lo digo a los chicos. Eso me pasó cuando era muy chica. Empecé contándoselo a alumnos de teatro, que de verdad venían de situaciones terribles, de profesores siniestros, que los hay y demasiados, por Dios, y les decía, no crean eso y por favor olvídense de eso porque me pasó y por suerte pude superarlo. Durante años... me costó muchísimo. Pero hay gente que es siniestra que se dedica a la enseñanza. Es gente que se puede dedicar a otras cosas, vaya y pase... pero que se dedique a la enseñanza es terrible porque puede dañar no sólo el espíritu y el alma de una persona, sino que puede truncar la vida de una persona.

—Además usted pudo separar lo privado de lo profesional; hoy la intimidad está mucho más expuesta en televisión, en las redes. ¿Cómo ve esa realidad?

—Siniestra. Hay gente que se gana la vida viviendo del chimento y puede llegar a la televisión, la radio, los periódicos, pero bueno, es un tipo de persona que yo realmente desprecio, que no me interesa.

—Como directora estuvo al frente de "Escenas de la vida conyugal" y "Franciscus", dos propuestas bastante dispares; en cine hizo dramas y comedias, como fue el caso de "Cuestión de principios", y ahora está por dirigir a Mariano Martínez y Pepe Soriano...

—Sí, estamos en eso este año, vamos a ver, aunque la obra no está decidida. Hace muchos años que dirijo y actúo y me encanta cambiar y estar dirigiendo o actuando. La verdad me interesan los personajes, su vida, su estado y sobre todo qué tipo de libreto me presentan. Pero cuando me presentan una comedia yo soy feliz.

—¿Tiene alguna propuesta para cine o televisión?

—Tengo varias propuestas, pero no les quiero decir que no, porque hay algunas que cambian de nombre y algunas que no tienen producción y si yo estoy, pueden conseguirla y ahí estoy. Y para televisión tengo varios proyectos también, tengo algún libreto que leer y aceptar o no. Tampoco es tan importante...

—¿La televisión?

—No, no, mi vida como para decir "qué hice, qué no hice" (ríe).

—En "El espejo de los otros" interpretó un personaje que tenía una historia de amor con el personaje de Marilina Ross. Aunque hoy se habla libremente del tema, ¿cree que la sociedad es honesta con la aceptación de la diversidad sexual?

—Yo creo que así como nos cuesta aceptar ciertas cosas socialmente esto es algo que nos cuesta más, tal vez, que aceptar la relación homosexual entre hombres. Entre mujeres, pareciera, repito, pareciera, que cuesta más. ¿No te parece a vos?.

—En general, en la calle, es más frecuente ver chicas que chicos de la mano...

—Es así, pero con respecto al casamiento, por ejemplo, me parece que cuesta más. Pero en definitiva, lo que me parece maravilloso es que suceda, que se acepte, y sobre todo que los padres acepten. Porque cuando esto se ve parece que "la sociedad...". La sociedad no significa nada. Es importante que los padres de esos chicos les den seguridad y sobre todo que no los dejen al costado de la vida. Que lo puedan vivir sin culpa y apoyados como si fueran heterosexuales. Exactamente igual. Eso es lo difícil.

—¿Qué opina de la polémica que se generó con respecto al Incaa?

—Yo quiero saber exactamente qué pasa. No quiero versiones, no quiero suposiciones, quiero saber, cuando se sepa exactamente qué pasa, y ahí te voy a decir.

—Estuvo exiliada y ahora experimentó más de treinta años de democracia. ¿Cómo ve la actualidad? ¿Qué opina de lo que se conoce como "la grieta"?

—Siempre la hemos tenido. Desde que recuerdo. Siempre. No es algo nuevo. Esa forma de "sos de acá o sos mi enemigo", es una manera... una manera (lo subraya) de vivir. Hay gente que la tiene, desgraciadamente, esa manera de vivir, "estás conmigo o sos el enemigo". Esa una manera de pensar, te podría decir, estúpida... bastante estúpida.

—¿Se cierra la grieta con amor?

—(Ríe) ¿Cuántos años tenés? No lo sé, no lo sé, no tengo la menor idea porque desde que nací hay una grieta. Así que no tengo la menor idea.

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