La Provincia
Domingo 15 de Mayo de 2016

Escarceos en el PJ y un gobierno “Macri friendly” por necesidad

Duda. El deterioro de la imagen del macrismo provoca que algunos peronistas se muestren duros con el gobierno nacional. La pregunta es cómo preservar la gestión Bordet  y el futuro cercano del PJ entrerriano

Carlos Matteoda/ De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


¿Resulta apresurado preguntar si un sector del justicialismo entrerriano está dispuesto a distanciarse del gobernador Gustavo Bordet para asumir un perfil de kirchnerismo duro que el mandatario provincial no cultiva?
Hasta ahora el elemento más visible de esa discrepancia fue el desacuerdo con los diputados nacionales del FPV frente a la demanda del gobierno nacional para que acompañaran la sanción de la ley que le permitió llegar a un acuerdo con los holdouts. Eso ocurrió hace dos meses, pero pese al escaso tiempo transcurrido, en ese momento el gobierno nacional estaba más firme que ahora. Salvando aquel incidente -que no varió el resultado de la votación y sin embargo el macrismo le facturó a Bordet- después solo ha habido escarceos, especialmente en las redes sociales.
Ahora el gobierno nacional ha perdido consenso, la inflación y la ola de despidos son corrosivos para el macrismo; pero eso no implica que el kirchnerismo haya mejorado necesariamente su imagen, al menos desde el punto de vista electoral.
Igualmente puede haber dirigentes justicialistas  que entiendan que el destino de Bordet está atado al gobierno nacional y que, por lo tanto, para diferenciarse del macrismo haya que tomar distancia del gobierno provincial.
Algo de eso se presagia en el peronismo entrerriano. Plantear abiertamente esa especulación podría resultar  negativo para quienes están midiendo el momento, pero la política tiene esa dinámica.
Sergio Urribarri -que supo construirse el lugar del primer kirchnerista entrerriano- pareció referirse al tema al hablar ante los intendentes peronistas de la FAM el jueves en Concordia. “Vivimos un presente con dos visiones antagónicas”, describió, y luego aconsejó: “Debemos ser responsables y además acompañar en el momento más importante para cualquier gestión con gobernabilidad, con respeto y con responsabilidad”, remarcó. “No son tiempos de alianzas tácticas”, afirmó luego el exgobernador, pareciendo olfatear  ese escenario.
Urribarri lo dijo con Bordet a su lado. Con aquel intendente concordiense que imaginaba gobernar Entre Ríos con Daniel Scioli como presidente y con Urribarri en el poderoso Ministerio del Interior y Transporte de entonces; pero a quien le toca gobernar con un Macri que promete mucho pero demora en cumplir; y con un ministro del Interior (Rogelio Frigerio)  que es actor principal de la política entrerriana y pretende disputar la Gobernación en 2019.
Este dato es, si se quiere, una rareza de la estadística electoral, ya que el peronismo de Entre Ríos nunca había ganado una elección perdiendo la nacional y en provincia de Buenos Aires. Pero más allá de la estadística, constituye un severo corsé para la gestión con el que Bordet convive a diario.
Dice el refrán que la necesidad tiene cara de hereje, y Bordet necesita mantener aceitada la relación con la Nación para subsistir, y esa necesidad le impone formas cordiales aunque los resultados de las gestiones sean inciertos. A esas formas ayudan su estilo calmo y reflexivo. Otras provincias  están tan comprometidas como Entre Ríos, pero eso es poco consuelo.
Solo en tren de hacer un ejercicio de imaginación, puede uno preguntarse si hay futuro en el peronismo entrerriano cultivando un kirchnerismo duro y crítico del gobierno provincial. La disquisición es interesante para los sectores politizados. Suele decirse que, en cambio, para el común de las personas el gobierno y su evaluación no distingue demasiado en municipio, Provincia o Nación.
Volviendo al punto, ¿resulta rentable políticamente para algún sector del peronismo convertirse en críticos del gobierno provincial? ¿Es una alternativa para Bordet, por su parte, diferenciarse de Macri?
El segundo interrogante tiene elementos a la vista que permiten ensayar una respuesta. Puede pensarse que la suerte de la gestión provincial está atada a la nacional, al menos en lo que refiere a la reactivación económica que les permita reverdecer a las economías regionales.
También la viabilidad de la Provincia, la chance de salir de la emisión de letras y  la intención de darle un horizonte financiero de previsibilidad está subordinada a la devolución del 15% de la coparticipación que Macri promete llevar a cabo, aunque hasta ahora lo que hace es correrle el arco a los gobernadores. En este aspecto, salvo que el macrismo tenga prácticas muy irritantes en el marco de una estrategia para dilatar el tema, los gobernadores buscan claramente el acuerdo.
Por si fuera poco, la suerte de la obra pública -con financiamiento internacional- también va enlazada al destino del plan económico del macrismo gobernante.
Bordet  puede intentar diferenciarse con algunas políticas a su alcance, tal vez en apoyo de la producción y de las pymes, aunque los fenómenos climáticos se han empeñado en mantener al menos a  la producción entrerriana en crisis durante lo que va de su mandato; y la pequeñas y medianas empresas soportan los efectos de la retracción del consumo  y la apertura de importaciones. También, por ejemplo, al no despedir trabajadores estatales, sosteniendo que en la provincia el trabajador público no es una variable de ajuste. Con políticas sociales inclusivas, que resultan acotadas por la falta de recursos, entre algunas pocas variantes.
La primera pregunta era sobre la dirigencia peronista. Hoy no parece fácil salir a criticar a un gobernador al que todos apoyaron –incluso algunos desistiendo de sus postulaciones– con el único argumento de haberse mimetizado con el macrismo, cuando en realidad carga sobre su espalda la responsabilidad de un gobierno provincial que está enlazado como nunca a la suerte del gobierno nacional.
Eso no significa que Bordet, por su salud política, no deba calibrar cada vez con más frecuencia su relación con el macrismo, que muchas veces disfraza la forma de fondo: por ejemplo, las decenas fotos de los gobernadores con Macri y Frigerio no implicaron casi a mitad de año que haya algún avance en la devolución del 15% de coparticipación, tema que comenzó a hablarse con Macri en 12 de diciembre. Claramente los márgenes de acción para Bordet son escasos, la línea a transitar en la relación con la Nación es delgada, porque el macrismo presiona a los mandatarios provinciales tanto o más que cualquier gobierno anterior.
Lo que parece claro para el justicialismo es que preservar a Bordet de un desgaste prematuro aparece hoy más como una necesidad que como un deseo. No es claro para nadie el efecto de pararse en la vereda de enfrente (siempre dentro del PJ) a solo cinco meses de haberse iniciado la gestión.
 

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