Espectaculos
Lunes 01 de Junio de 2015

“Es digno ser rockero a los 50”

Ricardo Iorio. El líder de Almafuerte celebra los 20 años de la banda metalera con dos shows en Vorterix. Va de Jesús a Del Sel y de Rivero a Roxette.  “Cambiar el mundo, eso era de los bolcheviques, loco, no de los rockeros”

—¿Es mentira que 20 años no es nada, como dice el tango?
—Mirá, la vida es una fiesta si uno hace lo que ama, las horas buenas pasan rápido, los momentos malos demoran demasiado, por eso siempre hay que acordarse de las cosas buenas.

Así responde Ricardo Iorio, líder de Almafuerte, en la previa a los shows de hoy y mañana, a las 21, con los que el grupo celebra dos décadas de vida en Vorterix (Salta y Caferatta). Iorio responde cada pregunta casi sin procesarla, pero es como si tuviera guionada la respuesta. Para tomar o dejar, pero con honestidad brutal.

—¿Cumplir dos décadas con una banda es misión cumplida?
—Sí, mirá, principalmente observándolo desde el plano comercial-musical, muchísimas veces se encargaron aquí en la Argentina de vapulear el género metalero. Pero no en el caso mío, sino en el caso de Black Sabbath, de Judas Priest, de Motorhead, que son las bandas que hace 40 años que están juntas y que el otro día estuvieron acá en Buenos Aires y fueron 60 mil personas a verlos. Quiero saber dónde están tantos otros, como Commanche, “La ventanita” (en referencia al tema del grupo Sombras), tantas pelotudeces que tuvieron tanta difusión y son absolutamente inferiores en la producción musical y en lo que contribuye la música como apertura del pensamiento, ¿no?

—En tu carrera, además del rock, abrevaste en el tango, el folclore y la poesía, y es un aporte válido para la música popular.
—Sí (piensa) qué se yo, mirá, la verdad, no lo creo, pero bueno.

—El nombre de la banda está inspirado en el seudónimo de Almafuerte del poeta Pedro Bonifacio Palacios. ¿Muchos de los pibes que te van a escuchar conocerán algo de su obra?
—Sí, creo que sí, creo que sí (repite).  El fue periodista además, y fue un maestro.

—¿Por qué te inspiró tanto este poeta?
—Mirá, creo que es porque nuestro barrio, donde nosotros nos criamos (Caseros, Gran Buenos Aires), hay calles, empresas de colectivos, bares, carnicerías, bibliotecas, clubes que llevan ese nombre. Entonces, hurgando en su historia nos dimos cuenta que era un buen hombre, y como todos los grandes hombres murió en la miseria y en el olvido. Y como uno es un rebelde porque no cree en nadie con estrellas en la frente, le pusimos ese nombre.

—¿Cómo es ser rockero con más de 50 años, cuando uno tiene canas, arrugas, hijos?
—Y, te das cuenta que el rock no era solamente un momento de la adolescencia, es una forma de existir, de vivir la vida. Algunos confunden la palabra rockero con aquel que va a bailar rock and roll de Bill Haley todos los sábados al club. Creo que es mucho más digno ser un rockero pasados los 50 que una persona que escucha fútbol después de los 50, o que se lleva el dinero de Argentina para presenciar un país fuera de otro siendo que hay cepo cambiario. Y hablo de dignidad, de no cagar a los hermanos de uno.

—¿Todavía querés cambiar el mundo con el rock?
—No, yo jamás estuve en esa idea de querer cambiar el mundo con el rock. Eso fue un lapso del hippismo de Estados Unidos que no querían la guerra. Cambiar el mundo, eso era de los bolcheviques, loco, no de los rockeros.

—De todos modos en los 60 y 70 había un ideario generacional que quería cambiar el mundo, y creo que ayudó para que algunas cosas se modifiquen.
—Eh (pausa), mirá, la verdad es un entretenimiento y nada más.  Hay gente que le gusta el entretenimiento escuchando a Enrique Pinti, y hay otros que les gusta el entretenimiento viendo cómo se cae una persona y cómo se accidenta ¿viste? Todo es parte del entretenimiento y el rock también, y si puede agregar algo en el pensamiento positivamente, bienvenido sea. Pero, bueno, lo que hacemos es solamente para un puñado, porque de la derecha hay un montón, de la izquierda otros tantos, y en el medio tres o cuatro.

—¿Vos en dónde estarías ubicado entonces?
—En el medio.

—¿Cómo recibís este país, con Macri candidato a presidente y Del Sel a gobernador?
—Yo ya lo dije en otra nota en Rosario (se refiere al reportaje publicado en el Diario La Capital) que yo soy simpatizante de Miguel del Sel, principalmente por negro y por no abogado. Es una persona de bien que me cae muy simpática, así que lo prefiero, y lo grito a viva voz, no tengo ningún tipo de vergüenza. Siendo que mi opinión vale muy poco porque no vivo en la provincia de Santa Fe, pero un negro no abogado en la provincia de Santa Fe sería una cosa inédita en el planeta.

—¿Por qué le pusiste a tu próximo disco solista “Atesorando en los cielos”?
—Porque es una frase de Jesús de Nazareth, que está en el Nuevo Testamento. Los tesoros se deben hacer en el cielo, y no en la Tierra donde el orín y el óxido corroen el metal. Mirá, nos vamos como vinimos, para qué tanta milonga, el mal trae amargura y el bien la felicidad.

—¿Pero eso quién lo dijo?
—Eso es de Edmundo Rivero, loco.

—Ah, arrancaste con Jesús de Nazareth y saltaste a Edmundo Rivero.
—Todas las personas que hablen de buscar el bien fraternal se unen en nuestro señor Jesús de Nazareth. Yo soy un buen cristiano y mal católico.

—¿Cuál es la diferencia entre un buen cristiano y un mal católico?
—Bueno, el poeta es como para hurgar en el pensamiento, no se le debe tirar margaritas a los chanchos.

—¿Querés decir que el catolicismo está más embarrado y el cristianismo es más puro?
—Eso lo decís vos, yo dije la frase (risas) ¿viste que te hace pensar un poco? Bueno, esa es la onda (risas).

—¿Cómo fue que en ese disco interpretás un abanico tan grande que va desde Black Sabbath a V8 y del tango a Roxette? 
—Y...todo habla de lo mismo. Todas las letras hablan de lo mismo, de las cosas positivas, lindas. Mirá, hay que escucharlo loco, a mí una vez Rubén Rada me dijo «hay que cantar canciones de otro para que la gente pueda conocerte a vos». Aparte “Atesorando en los cielos” es porque, primero, que no lo va a comprar nadie, y vos dirás por qué, y si en Musimundo venden calefones ahora, loco.

—Bueno, es que venden calefones pero también discos, cambió el negocio.
—El negocio de la música como tal, como era en los años 30 o 50 ya fue, uno lo hace de puro guapo, nada más. Es una manera de ver dónde puso uno sus ahorros. Mis ahorros están ahí, son tesoros en los cielos porque no son ahorros que te van a generar más guita, no están en una mesa de dinero, están en un mero disco color naranja.

—¿Cuando un fan te escuche cantar un tema de Roxette no puede pensar que te vendiste al pop?
—Lo tienen que escuchar, amigo, y van advertir que Roxette no habla solo de cosas superficiales.

—¿Ya no hay más prejuicios en el rock?
—Mire, amigo, venderme sería que cante un tema de Teresa Parodi.
 

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