Entrerrianos por el mundo
Sábado 12 de Noviembre de 2016

"Es bueno salir de la zona de confort y empezar a conocer otras realidades"

Con 19 años, Debi y Seba dejaron la seguridad de sus hogares para conocer la tierra de sus orígenes y vivir Experiencias para capitalizar en el futuro.

Apenas egresados del nivel Secundario y con muchas expectativas, Sebastián Padlog y Débora Landman dejaron Paraná para conocer la tierra de sus antepasados y, desde febrero, viven en Israel.
La idea de vivir en un país con una realidad totalmente diferente, con otro idioma y costumbres diferentes fue lo que los decidió a partir. Para esto contaron con el apoyo incondicional de sus familias. "El plan que nos ofrecieron (el Estado de Israel) nos gustó muchísimo porque no solo incluye estudios y capacitaciones, sino también paseos y actividades que nos permiten conocer gente local y de toda Latinoamérica", relataron a UNO en una entrevista vía Internet.
Seba y Debi son novios y amigos desde la adolescencia. Trabajan voluntariamente en el movimiento juvenil del Centro Juventud Sionista de Paraná como líderes en educación no formal. "A través de juegos y actividades, educamos a los niños", explican. Desde el momento de su planificación, ambos sabían que este viaje los ayudaría en su crecimiento personal y en la adquisición de nuevos conocimientos que, al regreso, serán volcados al movimiento juvenil y a toda la comunidad judía que integran.
El 9 de febrero se embarcaron desde Ezeiza con destino al aeropuerto Ben Gurión, en Tel Aviv, ciudad a la que arribaron el día 11, previa escala en la ciudad alemana de Frankfurt. "El viaje se nos hizo largo, pero estábamos muy emocionados por comenzar esta aventura, conectándonos con nuestras raíces, y apurados por vivir experiencias inolvidables", contaron.
En estos ocho meses los paranaenses tuvieron residencia en Tel Aviv y en Jerusalén. Actualmente viven en Kibutz Degania, al norte del país, cerca de la frontera con Siria.
En Tel Aviv, la capital económica del país, los chicos realizaron trabajos de voluntariado. Ella en un jardín de infantes, y él en un asilo de ancianos.
"Todas las mañanas hacíamos voluntariado y por la tarde teníamos capacitaciones y actividades para conocer la sociedad y la cultura de esa ciudad tan variada", narró Débora. "Fue una de las experiencias más hermosas que tuvimos este gran año. También hicimos mucho turismo por diversas ciudades. Este país tiene mucha historia y hermosos paisajes", aportó Seba.
Los paranaenses tuvieron oportunidad de visitar, entre otros lugares, el Muro de los Lamentos, el Mar Muerto y Eilat, al sur de Israel. "Eilat tiene salida al mar Rojo, donde Moisés abrió las aguas para que el pueblo judío pudiera regresar a la tierra prometida. Desde sus playas se puede observar Jordania y Egipto", explicaron.
Al describir Tel Aviv, la ciudad más moderna y turística del país, destacaron sus hermosas playas sobre el Mediterráneo, la costanera para pasear y hacer ejercicios, y la variedad de espectáculos musicales, fiestas, actividades sociales y turísticas. "Hay un shuk hacarmel (mercado) donde se puede encontrar todo tipo de cosas. La diferencia que tiene con Jerusalén es que es una ciudad menos religiosa, con mucha diversidad cultural y una gran población de inmigrantes. Hay una gran tolerancia hacia la diversidad sexual. Es la segunda ciudad más liberal del mundo", contaron.

Sobre la ciudad sagrada
Desde marzo a junio, Seba y Debi estuvieron en Jerusalén realizando un curso para jóvenes líderes de movimientos juveniles judíos. Estudiaron sobre judaísmo, sionismo y liderazgo. Regresaron a la ciudad más importante del judaísmo dos meses después y permanecieron allí hasta mediados de octubre para vivenciar las festividades religiosas Rosh Hashana (Año Nuevo) Iom Kipur (El día del Perdón).
"Jerusalén, la capital del país, es muy distinta a Tel Aviv. Está enclavada en las montañas, con aire fresco, clima bastante seco y con unos paisajes impresionantes. La población es muy variada, ya que es una ciudad importante para las tres religiones principales. En la ciudad vieja está el lugar más sagrado para el judaísmo que es el Kotel Hamarabi (Muro de los Lamentos); para el cristianismo, el Santo Sepulcro y para el Islam, la mezquita de Al-Aqsa y el domo de la roca (mezquita de cúpula dorada). También se puede ver estas divisiones religiosas y culturales en los distintos barrios dentro de la ciudad: judíos laicos, neo-ortodoxos, ultraortodoxos entre otros; los cristianos y después los armenios y árabes", describieron.
La emoción de estar en Jerusalén fue muy grande. "La parte vieja de la ciudad, entre murallas, te transporta en el tiempo y viviendo la experiencia "en carne propia" se logra entender a la sociedad", expresaron.
También les gustó el centro comercial Ben Yehuda al que describen como "una peatonal muy concurrida donde se puede apreciar la diversidad cultural de la ciudad". También destacaron Shuk Majané Yehuda, un mercado donde, regateando, se puede encontrar todo tipo de mercaderías (ropa, comida, regalos) a muy buen precio.
En comunidad
Actualmente, Débora y Sebastián viven en kibutz Degania, el primero de Israel. Allí pueden escoger distintos tipos de trabajos. Tienen tareas de tambo, cocina, lavandería, jardín de infantes, zoológico, una fábrica de aceite y otra de chocolates. La vida allí es comunitaria y todo es compartido.

La adaptación
"Los primeros cuatro meses en Jerusalén estuvimos en un campus estudiantil donde compartíamos una habitación de cuatro plazas, con baño privado y comedor compartido con otras 200 personas de toda Latinoamérica. En Tel Aviv vivimos en un edificio de similares características. Los dos meses que volvimos a Jerusalén habitamos un monoambiente, con cocina y baño que compartíamos cuatro personas. En esos dos meses nos dieron un presupuesto mensual para nuestras compras. "Nuestra rutina cotidiana incluía lavar nuestra ropa, cocinar, limpiar el departamento y manejar nuestra economía. Y, por último, en el kibutz tenemos una vida más comunista y compartimos todo", relataron.
Al hablar del país, los jóvenes destacan que tiene solo 68 años de existencia como Estado y una de las sociedades más diversas del mundo. "Cada uno mantiene sus tradiciones y costumbres de acuerdo a su lugar de origen". Territorialmente su superficie es menor a la de provincia de Tucumán, y tiene poco más de 8 millones de habitantes. "Desde el domingo hasta el viernes por la tarde que empieza Shabat (el día de descanso), son días laborables. A partir del viernes por la tarde, hasta el sábado por la noche, están cerrados los comercios y no hay transporte público".
Respecto de la alimentación "kosher", los entrerrianos explicaron que, para su elaboración, se siguen algunas reglas. "Por ejemplo, no se puede mezclar carne con lácteos, la carne tiene que ser de cierta manera purificada. No nos pudimos adaptar del todo, algunas cosas nos gustaron y otras no, por eso bajamos bastante de peso. Intentamos que nuestra alimentación diaria sea parecida a la que comíamos en nuestras casas", contaron a UNO.
En cuanto a las comidas típicas de Israel destacaron "el falafel (bolitas fritas de garbanzo) y shawarma (carne de cordero, pavo, pollo), acompañados con hummus (pasta de garbanzo) y mucha variedad de ensaladas. Los israelíes comen estos platos diariamente. "Nosotros no tan seguido".
En cuanto a la sociedad, señalaron que, al haber gente de todas partes del mundo no se puede definir de una sola manera. "Al israelí puro, nacido en Israel, se lo llama sabra (la fruta del cactus opuntia) porque son muy duros por fuera pero por dentro dulces", refirieron.

Los ratos libres
En los momentos de ocio estos "entrerrianos por el mundo" aprovechan para conocer nuevos sitios y pasean las camisetas de los clubes de sus amores, " siempre con el mate en la mano", acotan.
"En Israel, la Narguila (pipa de agua) es muy común, se podría decir que es como el mate para los argentinos, no por el parecido sino porque une a la gente. En nuestros ratos libres con amigos nunca falta una Narguila y lindas charlas. Así aprendimos mucho sobre las realidades de nuestros amigos de otros países", relató Sebastián, y acotó: "Es muy común ir caminando por la calle y encontrar gente de habla hispana. La mayoría son argentinos".
"Estamos muy cómodos. Tanto el plan que nos ofreció el Estado como los familiares (Débora tiene en Israel a su familia paterna) nos recibieron con los brazos abiertos y siempre se mostraron preocupados para que estemos bien y satisfechos. Hicimos nuevos amigos de toda Latinoamérica y seguramente cuando nos vayamos, a fin de año, no será la última vez que los veamos", expresó Debi.
Entre las actividades destacadas por los chicos sobresale un viaje de reflexión a Polonia. "Visitamos los campos de concentración más grandes de ese país. El plan se enfocó en los pueblos más pequeños, con la idea de recordar hasta el último judío que lamentablemente los nazis exterminaron. También tuvimos la posibilidad y el privilegio de despedir a una de las personas más importantes para el Estado de Israel y premio Nobel de la Paz, Shimon Peres, cuyo funeral se hizo en el parlamento, en Jerusalén".

Las añoranzas
"De Paraná extrañamos la familia y los amigos, sobre todas las cosas. También la costanera, los asados, el fernet, el fútbol y la pasión por el deporte", afirma Sebastián, quien hasta el año pasado integró el plantel juvenil de básquet de Sionista.
"También extrañamos el idioma. El hebreo es una lengua muy complicada, no tiene absolutamente nada que ver con el español", agregó Debi.
Entre otras diferencias a la que debieron adaptarse fue al calendario y "a no ver tantas vacas en las rutas como en Argentina", acotaron. En lo que NO extrañan coincidieron rotundamente: "La inseguridad, las calles y el tránsito de Paraná".
"Con la distancia aprendimos lo importante que son la familia y los amigos. Estar un año sin toda esa gente que forma parte de tu día a día, te hace pensar y repensar el valor que tienen y lo necesarios que son para nuestras vidas", resumió Seba.

El regreso
"Nuestras expectativas al volver es reencontrarnos con todos, comer unos buenos asados acompañados de charlas y anécdotas, y empezar con el pie derecho nuestras carreras universitarias", sostuvo Débora.
Seba se inscribirá en el Profesorado de Educación Física para dedicarse a la preparación física dedicada al deporte y Débora, a quien le interesa desarrollar nuevos enfoques en educación no formal, en la carrera de Ciencias de la Educación.

Un mensaje
"A esas personas que piensan en viajar al exterior y no se animan, queremos decirles que es muy bueno salir de la zona de confort. Hay que animarse y empezar a conocer cosas nuevas, realidades diferentes, gente con otras costumbres y tradiciones, es una experiencia única y hay que aprovecharla cuando están al alcance de la mano. La vida es una sola y es mejor arrepentirse de haberlo hecho antes que ni siquiera intentarlo".

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Débora llegó a Israel en febrero con una larga y blonda cabellera que no dudó en cortar y donar a una ONG que fabrica pelucas para niños y niñas con cáncer y leucemia. “Ayudar te hace feliz”.

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