Femicidio
Martes 08 de Noviembre de 2016

Entre Ríos llora a sus mujeres

Desprotección. Los seis femicidios acontecidos en los últimos dos días nos tienen que llevar a replantear qué están haciendo las autoridades para cuidarnos

La semana inició cubierta de sangre en la provincia de Entre Ríos, la cruda realidad que les toca vivir a las mujeres nos golpeó como una cachetada cuando los medios nacionales y del mundo ocuparon sus portadas con el título del horror: "Tres entrerrianos atacaron violentamente a sus exparejas, dejaron seis muertos y dos heridos". Paraná, Concepción del Uruguay y Concordia, azotadas por la violencia mortal, pero aunque resulte increíble, tristemente estos hechos ya forman parte de la cotidianeidad de nuestros días, y eso se pudo sentir ayer en una ciudad cubierta por el luto social de formar parte de una comunidad atestada de asesinos que caminan libremente por las calles y terminan con la vida de personas con tenebrosa facilidad.

Esta tarde llueve en la ciudad y no es un fenómeno meteorológico, son las lágrimas de esos seres queridos que desde hoy cargan con el dolor y la impotencia de haber perdido a una madre, una hija, una familia. En Medus al 2014, barrio donde residía Lidia Milessi, violentamente asesinada por Orlando Aníbal Ojeda en la noche de sábado, los vecinos rememoraron frente a los micrófonos de los medios locales el doloroso momento después del asesinato, dieron testimonios desgarradores acerca del momento en que escucharon los disparos y salieron a la calle, luego de alertar al 911. Estaban desesperados y se preguntaban qué pudo haber pasado, pero ya era tarde, no había nada que hacer. La profesora de Inglés, tan querida por sus colegas y amistades, perdía la vida de manos de su exesposo y padre de sus tres hijos, de quien hace seis meses se había divorciado.

Lo que los vecinos de Lidia ignoraban era que los homicidios no terminarían esa noche para el prefecto, quien con total impunidad tomó su motocicleta y se dirigió hacia la casa de su expareja: Romina Ibarra, madre de dos hijos pequeños y cabo de la Policía de Entre Ríos. En el domicilio de cortada 538 del barrio Mosconi también acabó con la vida de la mujer. "El nenito disparó para la casa de los tíos y la nena se encerró en la pieza y se metió bajo la cama. Si no fuera por el vecino que saltó, los acribilla a los tres ahí adentro", advirtió otro paranaense consternado por su propio relato. Fue en la mañana de este 7 de noviembre, que los familiares, amigos, allegados e integrantes de la División 911 de la Policía de Entre Ríos, se acercaron al cementerio local a dar el último adiós a la cabo, en el panteón donde la fuerza aloja a sus caídos.

Fue un día después de estos crímenes que relatamos, en horas del mediodía pero en el barrio Benito Legerén de Concordia, que Miguel Ángel Rodríguez intentó matar a su expareja y al actual novio de ella con disparos de arma de fuego, y luego se suicidó. Si bien quedó con vida, la víctima podría quedar parapléjica según lo indica el último parte médico de Evangelina Moledo, quien está muy grave y por estas horas lucha por su vida. Pero cuando todo parecía no poder tener peor final, los entrerrianos volvían a ser noticia por otro brutal femicidio, en este caso en Concepción del Uruguay, donde Juan Pablo Ledesma mató a puñaladas su expareja, sus dos hijas de 5 y 7 años, y al concubino de la mujer.

Dos, son las palabras que resumen la sensación que invade hoy a los entrerrianos: miedo y desprotección. La primera se refiere a la inseguridad que se puede percibir en carne propia, al salir a la calle y pensar que en cualquier momento, al igual que le pasó a estas víctimas, podemos toparnos con un violento armado, que circula libremente y que está listo para dispararnos sin importarle nada. La segunda habla de la injusticia, al saber que el prefecto asesino Orlando Ojeda, quien se encuentra detenido, había sido denunciado por violencia de género en 2009 y que ignoró una restricción perimetral; que la mujer asesinada en Concepción del Uruguay había denunciado a su ex, que se había llevado las nenas a Basavilbaso, luego de golpearla, motivo que derivó en una restricción judicial y al igual que en los anteriores, el subjefe de Policía de la Jefatura Departamental de Concordia confirmó que Rodríguez tenía una orden de restricción y prohibición de acercamiento dictada por el Juzgado de Familia de esa ciudad.

Esto habla a las claras de que la Justicia entrerriana no está a la altura de los hechos que se le presentan y que, como en reiteradas ocasiones, este fin semana volvió a llegar tarde. A pesar del discurso del procurador general de la Provincia, Jorge García, quien sostuvo que los crímenes de mujeres ocurridos "preocupan enormemente al poder judicial de Entre Ríos" y su compromiso de "continuar en la senda de conseguir mayores dosis de igualdad en las personas", el panorama es tan crítico que no hay espacio para la frivolidad. Por esa misma sensación de miedo y desprotección de la que hablamos, desde Red de Alerta de Entre Ríos -asociación civil autora del proyecto a nivel provincial- y diversas organizaciones de lucha contra la violencia hacia las mujeres, marcharon a Tribunales para pedir que el país y la provincia declaren la emergencia en violencia de género. Esto implicaría mayor presupuesto para acciones de concientización, botones antipánico y casas refugio para víctimas, además de desarrollar y aplicar pulseras electrónicas para los agresores, entre otros elementos útiles para el combate de este flagelo. "No queremos publicar más femicidios", fue el lema que gritaron frente a un dolor que no cesa, y bajo las lágrimas de una Entre Ríos que llora a sus mujeres.



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