A Fondo
Domingo 08 de Noviembre de 2015

Entre los dos candidatos y el voto en blanco, la conciencia

El balotaje que viene mirado desde una perspectiva histórica del interior que interroga al poder porteño como a sus partidarios, y exhibe una peligrosa ausencia de remedio a la macrocefalia que padecemos

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar 


Nota de Opinión

“Con permiso via dentrar/ aunque no soy convidao”, dice Atahualpa en El payador perseguido.

Los dos candidatos pueden tener buenas intenciones, dentro del régimen. Ellos, en persona, quizá estén pensando mejorar algo dentro de lo posible. Lo aclaramos para no despertar enojos: aquí hablaremos no de lo que se puede sino de lo que se debe.

Unos votarán con sus argumentos a Daniel Scioli, otros votarán con sus argumentos a Mauricio Macri, y habrá quienes voten en blanco, también con argumentos. En esta materia, como se dice en el pueblo, cada uno hace “de su culo un pito”. Pero nos interesa explorar una cuarta alternativa, la conciencia, que abraza a las demás. 

No pisar el palito

Empezaremos con un ejemplo. En el centro de estudios del que participo, la Junta Abya yala por los Pueblos Libres, no aceptamos la frontera de Entre Ríos y el Uruguay. Ese límite internacional en el río Uruguay es una afrenta a la unidad milenaria de nuestros pueblos. Fue trazado por la oligarquía porteña en su acostumbrada sumisión al imperio británico.

Cuando pasamos al Uruguay, entramos a la aduana como cualquier hijo de vecino y cumplimos los trámites, pero nos reservamos la conciencia. Sabemos en el corazón que no estamos pasando a otro país, el territorio es el mismo, el pueblo es el mismo, el río es un hermano. 

Y bien: puestos ante las urnas, vamos a cumplir con cualquiera de las tres opciones, Mauricio Macri, Daniel Scioli o el voto en blanco, pero nos guardaremos el lugar de la conciencia.

Y es que los presidentes del 89 a esta parte, con los aciertos y errores que se les pueden atribuir dentro del régimen, obligan a los entrerrianos a pensar ya definitivamente en la secesión. Sí, el separatismo.

Ya veremos que sería un gran error pisar el palito.

Soltar la mano

El que más mostró la desidia del poder porteño ante el pueblo del país fue el que dejó sin moneda a las provincias y se tapó las orejas para no escuchar los gritos. Pocos casos así de unitarismo, donde el poder le suelta la mano al pueblo en una crisis. Se recordará que Buenos Aires aceptó que el papel de Buenos Aires se cambiara con el peso, pero no el resto.

Ese presidente se emparenta así con los que mandaron a matar a Artigas hace 200 años, porque no toleraban la chusma federal.

Ahora, ¿qué proponen los candidatos actuales, los dos y el tercero en discordia, para salir de ese proceso que nos aprieta como si pretendiera echarnos del país?

Entre Ríos expulsa, destierra. Miles se van al conurbano bonaerense, desde hace décadas. Es un problema estructural. ¿Y la solución que encuentran es otro fondo de reparación histórica para Buenos Aires, en lo que coinciden los dos candidatos y el tercero? 

En una interpretación arbitraria y antojadiza del federalismo, dicen que Buenos Aires recibe poco de la caja de recursos. Se quedaron con el capital financiero, las industrias, las obras; obligaron a las familias de las provincias a emigrar al conurbano, y ahora quieren también concentrar más aún el capital, poniendo como principal factor para la distribución la cantidad de habitantes, y menospreciando otros factores importantísimos para el arraigo equilibrado (la naturaleza, la historia, la industria). ¿Hasta dónde tirarán de la cuerda?

Dada la tradición artiguista de los entrerrianos, queda la impresión de que nos mojan la oreja para ver cuándo reaccionamos y los mandamos al carajo, como diría nuestro amigo Hugo Chávez.

De segunda

Pagar como todos y recibir menos servicios: esa lógica se ha naturalizado, y nos convierte en ciudadanos de segunda en el país. 

No debe haber un solo entrerriano (incluso entre los políticos y gobernantes), que no se sienta abrumado por la situación. Nada nuevo. Pero estamos a años luz de encontrarle la vuelta.

Gracias a las políticas centralistas, Entre Ríos destierra a sus hijos desde hace décadas. La misma alta burguesía que se expresa hoy en ambos candidatos propone, entonces, no revertir el proceso y curar los daños, sino seguir concentrando recursos.

Los entrerrianos pagamos los servicios que usa Buenos Aires. Tren, avión, policía federal, obras; y pagamos los servicios más caros para que Buenos Aires los tenga más baratos. 

Y como el poder instalado en Buenos Aires (desde la colonia) no cumple con principios elementales del federalismo a través de la coparticipación, es decir no cumple con lo mínimo de lo mínimo, entonces los municipios entrerrianos cargan más impuestos sobre los entrerrianos, para dar el empleo que la economía no da y cumplir con servicios locales. Así es que la clase política ataca a su pueblo en vez de exigir federalismo (la vieja maldición de Malinche). Los impuestos sobre alimentos y energía son para el escándalo.

Como resultado, la vida aquí se hace insoportable, no hay trabajo, y los entrerrianos emigran.

Responder con unidad

Servicios más caros y sueldos más bajos. Han tomado la tradicional bondad y buena fe de las y los panzaverdes como una debilidad. El poder porteño no tiene nada que envidiarle al invasor europeo de hace 500 años, incluso en el saqueo.

Por supuesto que el poder concentrado en la metrópolis siempre encuentra aquí (desde hace siglos) personas más o menos permeables.

Para Buenos Aires la continuidad del régimen se vuelve insustentable porque la macrocefalia (cabeza agrandada) del país hace de la ciudad porteña y el conurbano un lugar extraño de hacinamiento. Para las provincias, la continuidad va perfilando regiones inviables para las personas, verdaderas zonas de sacrificio que se manifiestan en las taperas y los pueblos fantasmas. 

Ahora bien: la provocación permanente del poder porteño o aporteñado no debe hacernos pisar el palito. Ellos y sus socios locales decidieron que Entre Ríos fuera el patio trasero de sus fechorías, el gran campo libre para sus negociados con pooles, fideicomisos y lugar de tránsito para sus vacaciones. Ellos trabajan para que sus amigos se queden con las tierras de los entrerrianos, sea en la propiedad o en el uso, ellos han trabajado para Monsanto, por lo tanto son enemigos declarados de los entrerrianos.

¿Cómo responderemos? Con la conciencia, y con la recuperación de la unidad en la región, con las provincias, con los países vecinos, unidad en la patria grande, cosa que el poder porteño bastardeó siempre.

El poder unitario nos empuja al separatismo. Nosotros debemos responder con la unidad que nos viene del fondo de la historia. Desde esa conciencia sabemos que la unidad está en nuestro ADN, tanto como la prevención contra el poder metropolitano europeizante.

En las grietas, en las organizaciones de base y las asambleas se cultiva la conciencia sobre el sumak kawsay (vivir bien, en armonía con la naturaleza), la conciencia comunitaria, la conciencia ambiental y antiimperialista, lo que no aparece en el pretendido “debate” de las dos cabezas del mismo monstruo que gasta estos días en emperifollarse y rociarse con perfume como nos riega a nosotros con su glifosato.

La partidocracia

Frente al flagelo del destierro que sufrimos los entrerrianos, preguntamos quién sugirió que el remedio era la economía de escala, el riego con herbicidas, la siembra de una semilla transgénica patentada por una multinacional y el oligopolio de las exportaciones en manos de las multinacionales.

No hemos tenido respuestas, de modo que seguimos pensando que es una imposición colonial imperialista, una limitación de nuestra soberanía dispuesta por el capital financiero, que el poder político peronista y radical acepta por ahora sin chistar.

Insistimos: nuestro problema era el destierro, la falta de trabajo, junto a la destrucción de la biodiversidad. Un combo explosivo. Y la solución que nos trajeron fue Monsanto. 

La aquiescencia de los partidos mayoritarios, los sindicatos, las entidades agropecuarias y las universidades, en general, muestra también la decadencia de las instituciones por derecha y por izquierda. (No olvidamos que aquí unos apoyan el sistema gritando viva Monsanto, y otros lo apoyan gritando viva la Patria).

Dos ejemplos

En estas horas parte rumbo al Chubut una familia de entrerrianos expulsados (como tantos). La pareja necesitaba viajar en avión con sus dos gurises, por razones largas de contar, pero no encontraron el modo de hacerlo entre Paraná y la Patagonia, de manera que están emprendiendo la travesía de unos 1.700 kilómetros en su Renault 12 y sin acondicionador. Nada grave, si no fuera que pagamos tanto dinero por el avión que no tenemos. Si en vez de vivir en Paraná vivieran en Buenos Aires, el servicio estaría, obvio. 

Otro caso: una pareja octogenaria de mendocinos necesitaba viajar a Paraná para una reunión muy importante. En vez de hacerlo en auto durante 12 horas, preguntaron por el avión. El viaje tocaba varios puntos, y después de 14 horas los dejaba en… Rosario. Ergo, viajarán en auto o en colectivo… Si vivieran en Buenos Aires o fueran a Buenos Aires la cosa sería sencilla. 

El problema radica en que los entrerrianos pagamos parte de los 2 millones de dólares diarios por Aerolíneas… Así de sencillo.

Nosotros producimos energía en el río Uruguay pero la pagamos más cara que en Buenos Aires. La ropa es más cara, los alimentos son más caros, lo mismo que el gas, la nafta, la electricidad; los impuestos más altos, los sueldos por la mitad… Creer o reventar.

El diagnóstico

Los partidos no muestran un diagnóstico serio de la tremenda decadencia entrerriana que le lleva a perder población, a expulsar a sus hijos afuera del territorio o hacinarlos en los barrios que es lo mismo.

Dice la geografía de Felquer y Felquer publicada en 1962: “Entre Ríos hasta el primer censo de 1869 tenía más población que Santa Fe; en el siguiente ésta superó a nuestra provincia y en 1947 y 1960, la duplica… Mendoza según el último censo desplazó a Entre Ríos del cuarto lugar”. 

Pasaron los años. En 1947, Entre Ríos era la quinta región más poblada, hasta hace un par de años era la séptima, hoy es la octava, nos acaba de pasar Salta. 

No lo decimos por una tonta competencia, lo que cabe aquí es una vida sana y equilibrada que permita a todos desplegar sus potencialidades en su territorio, con los lógicos intercambios. Y bien, en Entre Ríos no se puede. 

El estado está aquí para sostener un sistema perverso, y los gobiernos para macanear. 

Allin yachay

A propósito: en el mismo instante en que un gobernador pedía votar a su nuevo candidato para no “volver” al neoliberalismo, firmaba el contrato que extiende por cinco años más el servicio del banquero amigo que monopoliza el manejo del tesoro provincial. 

Mientras un gobierno se peleaba con productores medianos, negociaba con capitalistas de 500.000 hectáreas, es decir, con la más rancia oligarquía que además es dueña de bancos y shoppings. Casualidad, esa casta de ricos que viene de los tiempos de la colonia fue favorecida por igual por Tirios y Troyanos en la Ciudad Autónoma.

Por eso, entre los dos candidatos y el voto en blanco, nos quedamos con esta cuarta alternativa: la conciencia. 

Allin yachay, dicen los pueblos andinos: piensa bien, comprende.

Sobre los que vienen, cero expectativas, pero admitimos que en la cancha se ven los pingos.
 

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