A Fondo
Jueves 17 de Diciembre de 2015

Enloquecid@s

Vanesa Erbes / De la Redacción de UNO
verbes@uno.com.ar


El problema del tránsito en Paraná significó un desafío para la gestión municipal saliente y también va a resultar un reto para quienes están a cargo ahora de la comuna. Como primera medida, el intendente Sergio Varisco, dispuso eliminar el polémico estacionamiento a 45º de calle 25 de Mayo con la idea fue agilizar el tránsito en esta zona de microcentro. Ahora la mira está puesta en las controvertidas punteras ubicadas en distintos puntos de la ciudad. 

Si bien no se puede dejar conforme a todo el mundo con las decisiones que se toman en torno a la problemática del tránsito, hubo una definición que sí generó consenso colectivo, y fue la de ejercer mayores controles sobre los conductores de vehículos. Retirar de la vía pública las motos que no estuvieran en regla redujo drásticamente no solo la cantidad de colisiones y caídas, que redundaron en menos víctimas fatales y menos personas con traumatismos graves y leves –con sus consecuentes secuelas, a veces irreversibles–, sino que también disminuyeron la cantidad de arrebatos en la vía pública de parte de motochorros y el número de robos de rodados. El grueso de los motociclistas por fin se puso el casco y también se vieron más conductores de autos con el cinturón puesto, temerosos de una onerosa multa u otro tipo de sanciones. Lo que no se logró hasta ahora es que los vehículos respeten ciertas cosas, como poner el guiño para doblar y no detenerse sobre las sendas peatonales para posibilitar el paso sin inconvenientes de quien va a pie. Tampoco se consiguió que, en términos generales, quienes van al volante dejen de hablar por celular cuando manejan y que tomen conciencia de que “el alcohol al volante mata”, a pesar de que eso fue lo que demostraron los casos de Silvio Díaz y de Ignacio Laporta. Falta educación vial y somos hijos del rigor, eso está claro; y pareciera que además falta amor a la vida y respeto por el prójimo. 

La semana pasada se avisó por distintos medios que iban a cortarse determinadas calles céntricas por la asunción de las nuevas autoridades. Se advirtió a la gente para que no tuvieran que quedarse atascados en un atolladero de vehículos, como ocurrió en diferentes arterias. Una fue 25 de Mayo y Monte Caseros. Las bocinas, los insultos, fueron incesantes e incrementaron el caos. Una imagen desquiciada de conductores enloquecidos por avanzar fue el corolario de una situación que tiene que llevarnos a revisar nuestras conductas de convivencia. Ojalá que las medidas que fueron acertadas se sigan sosteniendo y que las que se tomen de ahora en más sirvan para mejorar el flujo vehicular. Pero sabemos que no alcanza: cada uno tiene que aportar lo suyo y, de una buena vez, respetar hasta las normas más mínimas. 
 

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