La Provincia
Martes 11 de Octubre de 2016

En Villa Fontana, Lucía cumplió 102 años y lo festejaron en familia

La longeva mujer nació el 9 de octubre de 1914. Tiene seis hijos, 20 nietos, 45 bisnietos y 18 tataranietos. Celebraron con un almuerzo

El domingo Lucía Gareis de Espona cumplió 102 años en Villa Fontana, una comunidad de alrededor de 250 habitantes situada sobre la ruta nacional Nº 131, a 28 kilómetros de Paraná. Para celebrarlo compartieron un asado varios de los integrantes de su numerosa familia, compuesta por seis hijos, sus yernos y nueras, 20 nietos, 45 bisnietos y 18 tataranietos. "Y tres tataranietos más en camino", contó a UNO María del Carmen, su hija menor, quien la visita cada día para ayudar en su cuidado.

Sobre el estado de salud de la longeva mujer, aseveró que es muy bueno, si bien a veces le falla la memoria. "Ella está muy bien. Toma un solo medicamento, que es un diurético. Come de todo y cuando mis hermanas que están en Paraná vienen a visitarla y toman vino blanco, ella también bebe un traguito", contó.

"Mi hermana mayor ya cumplió los 80 años y en la actualidad mi mamá vive con la que le sigue, de 79. Creo que haber llegado los 102 años tiene que ver con las formas de vida de antes. Si bien trabajaban sacando leche en el campo y haciendo otras tareas, era otro el ritmo. Además comían sano y no fumaban", opinó.

Oriunda de Aldea Brasilera, Lucía se casó joven. Su esposo era policía y fueron a vivir a Villa Fontana, según contó María del Carmen. Fue ama de casa y en algunos períodos también modista.

Seis de sus 20 nietos vivían cerca y la visitaban a menudo. Le juntaban chilca para encender el fuego en el horno de barro, al que los descendientes de alemanes del Volga en su dialecto llaman backofen. Allí cocinaba, transformando los ingredientes en verdaderos manjares, a los que era difícil resistirse. Stella Maris Vittone, una de sus nietas, recordó: "Ella amasaba pan casero con levadura se maíz. Para prepararlo se levantaba a la madrugada. La ayudábamos, llevando el pan crudo hasta el horno con sumo cuidado, para no romper el leudado, y cuando le juntábamos chilca nos devolvía ese gesto haciéndonos un pancito casero chiquito para cada uno de los nietos que vivíamos alrededor".

Además de las tradiciones gastronómicas, los alemanes del Volga trajeron al país otras costumbres; entre ellas hay una canción que aún hoy entonan las abuelas y que queda grabada en el alma: el tros tros trillie es un emblema de ese amor tan particular que trasmiten a sus nietos y Stella Maris rememoró que en su infancia, mientras desgranaban maíz en un latón los días de lluvia, Lucía se las cantaba. "Tengo muchos recuerdos de mi niñez al lado de ella, como los postres que nos hacía o el momento en que rezábamos juntas el rosario, todos los días a las 7 de la tarde", expresó emocionada.

"Cuando cumplió 100 años hicimos una gran fiesta. Ahí la abuela estaba mejor, pero ahora hay cosas que no recuerda, como por ejemplo que su hijo varón falleció hace tres años. A veces dice que quiere irse a su casa, que está cansada, y me imagino que es así, con 102 años; de todas maneras tiene una gran fortaleza", comentó, y enseguida agregó con simpatía: "Igual a veces comentamos que ella nos va a sepultar a todos, porque fuera de eso está muy bien. Como siempre fue una mujer muy sana y nunca tomó medicamentos, si se descompensa en algún momento viene el médico, le da algún remedio y enseguida se recupera".

"Lo que siempre me llamó la atención son sus ojos celestes, tan claros y hermosos. Es lo más bello que tiene", elogiando a la abuela que nació hace más de un siglo y con la que puede compartir el afecto y cada tanto rememorar los recuerdos de la familia y de su infancia, rescatando historias y anécdotas en cada encuentro en el que se reúnen cuatro generaciones.


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Pasa sus días rodeada del amor de sus hijas


Lucía Gareis de Espona nació el 9 de octubre de 1914 y cuando cumplió los 100 años sus familiares organizaron una gran fiesta en la iglesia de Villa Fontana, la localidad donde vive desde hace alrededor de ocho décadas. "Fue un festejo con tarjeta y hubo mucha gente. No tenemos foto de la familia completa porque no entramos todos", aclaró María del Carmen, su hija menor.

También comentó que en una de las escuelas de Villa Fontana todos los años, cuando hacen un acto alusivo al Día de la Madre, le hacen un recordatorio a la suya, por ser la más longeva. "Le regalan un ramo de flores o algún presente. Otros años la llevábamos, pero ahora no porque no se puede subir por sí sola a un auto".

Ella está muy pendiente de su mamá y va todos los días para colaborar con sus cuidados. "La despertamos a las 10 o 10.30 y la sentamos en el sillón de ruedas para llevarla a la cocina. Ella toma mate o la leche sin ayuda, y también come sola".

Después de almorzar, pasadas las 13.30, Lucía duerme una siesta hasta las 16 y vuelve a acostarse a las 20.30 o las 21. María del Carmen afirmó que algún fin de semana, cuando van sus hermanas que viven en Paraná, su mamá suele quedarse hasta pasada la medianoche, compartiendo la reunión y disfrutando de la compañía de todas sus hijas. "Come de todo. Y si hay lechón también", afirmó, y agregó: "Le damos un suplemento alimenticio para que tenga un refuerzo. Su único problema es que a veces con la edad que tiene no se acuerda bien de todo y hasta pide ver a su mamá y a su papá, que era profesor de Alemán en Aldea Brasilera, sin registrar que ya no viven", confió.

Por último, comentó: "Con la que más habla es con mi hermana, con la que ella vive. Conversan todo el día en alemán".


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Encuentro de cuatro generaciones

Villa Fontana es el punto de encuentro cuando pueden reunirse. Aunque siempre falta alguien, porque algunos viven lejos, los familiares de Lucía tratan de estar presentes. Hace dos años fueron prácticamente todos a la fiesta que organizaron para celebrar el siglo de vida de la mujer menuda de ojos celestes que a sus nietos les cantó una canción cuando eran niños y a los que les ennobleció la infancia con el aroma a pan casero recién horneado.

Para esa ocasión se puso un vestido estampado azul y blanco y usó aros y collares. Se la ve hermosa en cada foto que sus descendientes tomaron esa noche para inmortalizar el momento compartido. Ella posó solemne y sin dudas pudo disfrutar de poder haber reunido a hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.

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