Policiales
Miércoles 15 de Julio de 2015

En San Jaime de la Frontera ya se adaptan a vivir sin respuestas

A poco de un nuevo aniversario del misterio de Sebastián Ortiz y de Juan José “Pocho” Morales, en la localidad del norte entrerriano se habla cada vez menos de lo que hace unos años atemorizaba a sus menos de 5.000 habitantes

“Está todo quieto y nosotros también estamos medio quietos”, cuenta Walter Morales. El hombre que hace algunos años encabezó junto a su familia las movilizaciones para reclamar por la aparición de su padre, reconoce que el paso del tiempo y la falta de resultados en la investigación ha producido un desgaste importante.
En unas semanas se cumplirá el cuarto aniversario de la desaparición de Juan José Pocho Morales y el quinto de Sebastián Ortiz, en la localidad de San Jaime de la Frontera.
Se trata de uno de los casos más misteriosos sin resolver en la historia criminal entrerriana, que generó marchas y cortes de la ruta nacional 127 por parte de la pequeña población del norte de la provincia. Ahora, para este 30 de agosto “si se hace algo, será una misa nomás”, sostiene Walter.
La familia Morales no olvida a Pocho, el quinielero que como todas las tardes había salido a levantar apuestas en el pueblo y a la vista de todos desapareció, pero sin que nadie lo viera. Sin embargo, el ánimo de reclamar justicia ya no es igual entre los menos de 5.000 habitantes. “Conversamos con uno u otro que siempre te pregunta, pero ya pasó”, asegura el hijo.
Todo parece que volvió a la normalidad, pero sin Morales ni Ortiz. El caso del quinielero causó además distanciamientos entre la familia con algunas personas del pueblo que estuvieron de algún modo involucradas, pero el tiempo también curó esas heridas.
Por ejemplo el cura de la parroquia local y un concejal, que sabían un dato que no lo habían contado a los investigadores (la pista falsa sobre la presencia de Pocho en Córdoba), habían sido cuestionados, pero ahora las buenas relaciones se establecieron. Al igual que con Pinino Báez, el misterioso testigo que la noche de la desaparición dijo que vio al quinielero irse para el lado del campo La Colorada, lo que nunca pudo ser comprobado. Ahora se saludan en la calle como cualquier vecino.
La última novedad en el caso, que resultó en una nueva desazón, fue sobre el celular de Morales. “Nosotros cada tanto llamábamos al teléfono, y un día mi prima llamó y le dio el tono. Después probé yo hasta que me atendió un hombre de Feliciano. Avisé a la Fiscalía y se tomaron medidas, hicieron allanamientos y secuestraron el teléfono, pero quedó ahí. Es como que la empresa volvió a vender la línea, pero ¿cómo puede ser si está en una causa judicial? El hombre que tenía el celular es un laburador humilde y tampoco era el chip del teléfono de papá”, relató Walter.
Coincidencias misteriosas
El 30 de agosto de 2011 Juan José Morales había salido a levantar jugadas de la lotería nocturna en su bicicleta roja haciendo el recorrido habitual por las casas de los apostadores. La última testigo que lo vio fue una vecina, a las 20.15, que le dio el pésame por la muerte reciente de su hermano, en la vereda de la tómbola. El hombre de 66 años iba a terminar el recorrido en la otra cuadra, en la calle principal de San Jaime, pero nadie supo qué pasó en ese momento, que fue el último en saber de él.
Casi a la misma hora, con una semana de diferencia pero del año anterior, Sebastián Ortiz, un vendedor ambulante correntino que cada tanto se radicaba en San Jaime, desapareció sin dejar indicios. Al igual que Morales, a los 66 años, a bordo de su bicicleta también color roja, lo vieron por última vez en la misma cuadra de la calle San Martín.

Las coincidencias de ambos casos atemorizó a toda la población, que cada vez que se aproxima la fecha del final del invierno toma sus recaudos.

 

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