La Provincia
Jueves 05 de Mayo de 2016

En la iglesia San Miguel cocinan a diario para unas 70 personas

Con donaciones, las voluntarias del comedor María Reina Inmaculada hace 40 años brindan un plato de comida a quien más lo necesita

En el comedor María Reina Inmaculada nunca falta un plato de comida para quien más lo necesita. Funciona en el predio de la iglesia San Miguel en Paraná todos los mediodías, de lunes a viernes, desde hace más de 40 años, desde que el padre Alejandro Patterson, junto a otros sacerdotes que colaboraron con él, se plantearon ofrecer alimento a personas mayores en situación de calle. “Hoy la realidad es distinta. Además de hombres mayores y gente que está en la calle, vienen también algunas mamás con sus bebés, incluso muchas desde que estaban embarazadas”, contó a UNO Esther López de Ballesteros, a quien en la parroquia todos conocen como Chicha. A su vez, aclaró: “A los únicos que no les damos de comer es a los chicos que están en edad escolar, porque les decimos que ellos tienen que ir a la escuela”.

El número de personas que se acercan a diario varía, pero en promedio son unas 70. “En este último tiempo se nota que viene más gente, pero es variable, según el día vienen menos. El miércoles pasado, por ejemplo, hubo cerca de 100 personas”, señaló la mujer, que hace alrededor de dos décadas que dedica un día en la semana para cocinar junto a sus pares voluntarias. 

Las mujeres que se reúnen para cortar las verduras y la carne, y abocarse, entre mate y mate, a elaborar el plato del día, se turnan para estar presentes. Va un grupo por día para garantizar algún menú, que se prepara con lo que tienen. Al respecto, Chicha comentó: “Nos encomendamos a la Virgen, y nunca nos faltó comida”. Según contó, el noble emprendimiento se sustenta con donaciones que se hacen a la parroquia. Cuando son en efectivo se compra lo que haga falta, pero además utilizan lo que personas generosas les acercan, como fideos, arroz, pollo, carne, pan, facturas, verduras. También hay un fabricante de productos de limpieza que está atento para abastecer con lo que precisen. “Es de una fábrica del parque Industrial y la marca es Siempre Limpio; me gustaría que la nombren”, pidió Chicha, en agradecimiento, a la vez que destacó el gesto altruista de cada una de las personas que siempre está ayudando con algo.

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Ayudar día a día

Con empeño, amor y dedicación, las voluntarias llegan cada día a las 10 y comienzan a preparar el menú de la jornada. Ya cerca de las 12, los aromas de los alimentos transformados al calor del fuego emanan de una inmensa olla. 

Ayer prepararon arroz con salsa, salchichas, pollo y albóndigas. Las porciones son abundantes y si sobra, cada comensal puede irse con una vianda a su casa. También, si hay, se llevan una bolsa con pan y facturas que alguna panadería dona para que el frío no sorprenda a nadie con el estómago vacío.

La gente se va acercando al mediodía y espera a que la comida esté lista. “A las 12, cuando suenan las campanas, los invitamos a pasar. Rezamos y servimos los platos”, comentó Chicha.

Los minutos previos cada una de las mujeres trabajan de manera coordinada para que todos coman calentito: mientras algunas revuelven la olla, otras cortan el pan, algunas van lavando los utensilios que ya no se usan, y entre todas sirven y acercan los platos a la mesa para compartir. 

Si alguien tiene algún requerimiento especial, también lo contemplan. “A Rodolfo, una de las personas que viene, le preparamos un plato aparte, sin sal, por la presión”, aclaró por su parte Margarita, otra de las mujeres que colabora con el comedor y celebra la vida a partir del placer de ayudar a los demás.

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Necesitan cucharas

Aunque en el comedor María Reina Inmaculada tienen casi todo para poder invitar a las personas que necesitan un plato de comida a sentarse a la mesa, siempre hay alguna cosa que falta para hacer más ameno el almuerzo. En este sentido, en la actualidad están necesitando más cucharas. Quien desee colaborar donando este utensilio o algún alimento, puede acercarse a la parroquia, en calles Buenos Aires y Gardel. 

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Son obras que desde el amor al prójimo transforman realidades

El padre Alejandro Patterson nació en 1936 en Johannesburgo, Sudáfrica y llegó a Paraná hace 64 años. No solo gestó el comedor María Reina Inmaculada para brindarle un plato de comida a las personas que más lo necesitaban, donde distintos grupos de las voluntarias van de lunes a viernes a cocinar para la población más vulnerable, sino que además, Patterson compró en 1972 un ranchito en el postergado barrio Maccarone, para instalar allí un comedor y poder brindarle alimento a los chicos de la zona. 

Su obra fue creciendo y con el correr de los años el comedor del Maccarone se convirtió en escuela. El año pasado tuvo su primer egresado con el título Maestro Mayor de Obra. A pesar de las dificultades, convencidos de que el amor transforma las realidades más adversas, sus colaboradores siguen adelante con estos emprendimientos, que demuestran que un mundo mejor es posible.

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Necesidades

En el ámbito local, son varias las organizaciones civiles que trabajan en el mismo sentido, brindando no solo alimento, sino contención a quienes no cuentan con recursos suficientes para procurarse su sustento diario. Muchas realizan un arduo trabajo desde el anonimato, la mayoría de las veces a partir del voluntariado y con la colaboración de los comerciantes y ciudadanos que aportan una ayuda para poder garantizar aunque sea algo tan básico como un plato de comida con el cual pasar el día. Por lo general, el apoyo estatal está ausente o es parcial y esporádico.

En este marco, las necesidades de quien vive en la calle o está atravesando una situación desfavorable se profundizan y se hacen más visibles con la llegada de las bajas temperaturas, donde se evidencia además que en la capital provincial no hay un lugar permanente capaz de albergar a la mayoría de las personas que no tienen dónde dormir. 

Se trata de una problemática compleja, que se acrecienta con el paso del tiempo. Se promulgó en 2011 Paraná la Ordenanza 8932, que promueve la creación de un programa de asistencia integral para personas en situación de calle. Sin embargo, nunca se puso en práctica. Por eso, desde la Defensoría del Pueblo vienen gestionando frente a la Comuna alguna respuesta a una causa que se torna cada vez más urgente.

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