La Provincia
Sábado 31 de Enero de 2015

En el barrio Padre Kentenich prevalecen los bellos paisajes

Se trata de una zona privilegiada, donde la armonía sorprende a los visitantes y enorgullece a los vecinos. Allí los árboles aún regalan abundante sombra y se escuchan los cantos de los pájaros  

Vanesa Erbes/ De la Redacción de UNO

verbes@uno.com.ar

 

Hace un par de lustros, en la zona comprendida entre las calles General Espejo, avenida De las Américas, General Sarobe y Pedro Balcar, se conseguían terrenos a precios muy económicos. El loteo constituye lo que hoy es el barrio Padre Kentenich y ese fue el motivo por el que algunos vecinos se instalaron promediando la década del 70 en un lugar tan inhóspito, que en ese entonces distaba de ser el vecindario pintoresco en el que se transformó hoy en día.

En ese entonces no tenía asfalto ni servicios y estaba rodeado de campos y generosos cañaverales. “Vine a vivir acá hace 37 años y solamente había cuatro casas. No había luz ni cloacas, y menos gas. Ni siquiera teníamos agua, sino que la teníamos que comprar”, recordó Alberto Wolf, quien actualmente es el presidente de la comisión vecinal.

Wolf señaló a UNO que compró el terreno sobre el que después construyó su hogar en el año 1972. “Quería invertir y me dijeron que era un lugar hermoso, pero fue una odisea vivir acá en aquellas épocas, donde para no quedarnos empantanados teníamos que salir por los campitos”, contó.

Sin embargo, el barrio fue creciendo, despacio, pero a ritmo constante. Cuando el movimiento apostólico de Schönstatt definió instalar el santuario La Loma en la zona, fundado finalmente el 31 de mayo de 1975, el lugar se hizo más conocido.

El Santuario es ahora un espacio muy concurrido. Ubicado en un predio de grandes dimensiones, con añejos árboles que regalan abundante sombra y donde aún se escuchan los cantos de los pájaros a toda hora, convoca a multitudes cuando hay festividades religiosas y es allí adonde llegan los fieles que todos los años, en octubre, se animan a completar los 90 kilómetros que separan Hasenkamp de Paraná, en la Peregrinación de los Pueblos.

La mayoría de los habitantes del barrio coinciden en que el Santuario es un lugar privilegiado: desde allí la vista es imponente, donde el horizonte se escabulle en el río y los verdes del paisaje viran a distintos tonos, según la hora, hasta tornasolarse al atardecer.

 

El progreso del barrio

Wolf comentó que el asfalto llegó en el año 1985. Luego se fueron extendiendo el alumbrado público y las líneas de teléfono. Fueron los vecinos los que impulsaron y gestionaron las obras para contar con mayores comodidades. “Esto antes era zona de quintas. En la entrada del Santuario había un aljibe, de donde sacábamos parte del agua que consumíamos, porque también le comprábamos a un señor que la cargaba desde una canilla pública en un bidón de 200 litros, la traía en un carrito y nos vendía”, comentó.

Por su parte, Liliana Chiecher de Villamonte, quien se mudó a la zona hace 26 años, destacó que los vecinos desde siempre son muy solidarios y que el barrio es muy tranquilo. “Aunque hasta hace poco sufríamos los arrebatos de motochorros, pero por suerte eso mermó desde que se instalaron los controles vehiculares”, sostuvo.

En este marco, Héctor Raúl Toso, quien habita en el barrio desde hace 15 años, añadió: “Ahora tenemos el problema de las entraderas, pero pusimos alarmas comunitarias. Son dos bocinas que se manejan con un control y una batería solar. Se coloca en el medio de la manzana y abarca unos 120 metros en diagonal. Cada pulsador tiene un número. Somos 18 vecinos conectados y si suena la alarma en una casa la cuadra completa se pone alerta”.

Por otra parte, mencionó que entre los casi 400 vecinos contribuyen para sostener el Centro de Salud Padre Kentenich, donde la Municipalidad se hace cargo de los sueldos del personal, pero ellos son los que se ocupan del resto. “En eso son muy solidarios y todos colaboran con una cuota voluntaria y reconocen la importancia de este Centro. Incluso entre varios ayudamos en su construcción”, aseguró.

 

Barrio pintoresco

En la actualidad la zona está revalorizada y los pocos terrenos que hay disponibles son costosos. Predominan los chalet, y la tranquilidad y la limpieza son dos atributos que se valoran. En este aspecto, luego de pelear largo tiempo para que el municipio erradique los minibasurales que habían proliferado en las inmediaciones, lograron que se limpien los terrenos lindantes y se resuelva una gran preocupación de sus habitantes.

Se trata de un barrio pintoresco que vale la pena visitar para ganar un poco de paz en días ajetreados y ganarle la pulseada al vertiginoso ritmo urbano.

 

 

Vida saludable

Si bien los vecinos coinciden en que “el barrio podría estar mejor”, destacan que en los últimos meses la Municipalidad comenzó a dar respuesta a algunos de sus requerimientos. En este sentido, opinan que ayudó mucho la creación de otra Unidad Municipal, ya que dependían de la N° 2, que abarcaba una zona muy grande para prestar atención a todas las demandas.

“En el barrio Padre Kentenich hay dos plazas: la del Bicentenario y la de la Asociación Verdiana. A esta plaza la recuperamos los vecinos, porque era un potrero y sufría muchos hechos de vandalismo”, contó Wolf. Entre las actividades que promueve la Comisión vecinal, allí se suelen hacerse caminatas para promover una vida saludable.

 

 

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