Coparticipación
Sábado 25 de Junio de 2016

"En 2017 tenemos que hacer política"

Bordet. La rebelión de los senadores de Cambiemos será pronto un recuerdo en el marco de la relación con el macrismo. No será lo mismo en 2017, con urgencias electorales y de cohesión interna

El 5 de julio el Senado tratará, con o sin despacho de comisión, el proyecto de ley que aprueba el convenio entre la Provincia y la Nación para la devolución paulatina del 15% de coparticipación, además de regular otros aspectos del endeudamiento que contraerá el gobierno entrerriano. Allí se terminarán los ecos de la minirrebelión del bloque de senadores de Cambiemos, que se negó esta semana a tratar con celeridad una ley acordada políticamente; y posiblemente en esa instancia apoyen el proyecto.

Si se lo mira en perspectiva, el incidente deja como una posible lectura que los gratos momentos de la relación entre los gobiernos provincial y nacional no durarán para siempre.

Los senadores opositores se negaron a tratar una ley que establece que del financiamiento que tome la Provincia, el 16% será prestado a los municipios en las mismas condiciones (favorables) que los tome el Estado provincial. Se respetará de este modo el porcentaje de coparticipación nacional que se distribuye entre los municipios.

El argumento para resistir el proyecto del jefe del bloque de Cambiemos, Raymundo Kisser, y del influyente senador por Gualeguaychú Nicolás Mattiauda fue casi pueril: que los intendentes no les dijeron que necesitaban ese dinero, y que por eso no entendían el apuro en votar la iniciativa, que venía de obtener media sanción en Diputados, con tratamiento sobre tablas y con los votos afirmativos de radicales y macristas.

En el fondo la situación implica una actitud desafiante al modo en que el jefe de Cambiemos en la provincia, el ministro Rogelio Frigerio, maneja la relación con la administración de Bordet. Está claro que la dirigencia del PRO pretendía ser el hilo conducente en esa relación y que las expectativas de sus dirigentes no se han cumplido, empezando por las del senador nacional Alfredo De Ángeli y su cercano senador por el Departamento Gualeguaychú Mattiauda. Este último incluso dijo que el intendente peronista de la cabecera departamental (Martín Piaggio) no le había dicho nada del tema.

Así como Piaggio seguramente habla con Bordet, es también muy probable que la decisión de los diputados de Cambiemos haya contado con el visto bueno de Frigerio; y por si hiciera falta, con el apoyo de los intendentes de ese sector político, que se verán favorecidos con los fondos.

Incluso cuando Kisser copa la parada para mantener cohesionado su bloque, diciendo "se acabó la escribanía" no completa la frase, señalando si habla de la escribanía de Bordet o de Frigerio.

Ayer ambos dirigentes se reunieron en Buenos Aires y seguramente se habló del tema. Y -también- seguramente el incidente del Senado pasará pronto al olvido.

La cuestión es, entonces, si esta feliz convivencia podrá mantenerse. Imaginar un escenario de esta naturaleza en 2017 ya no es tan sencillo.

Será un año electoral de gran incidencia en la Argentina, y Entre Ríos no estará al margen. El presidente, Mauricio Macri, buscará una ratificación electoral más generosa que la escasa diferencia con la que derrotó a Daniel Scioli en noviembre; y el peronismo, según parece, tratará de fortalecerse desde una nueva identidad, posiblemente alejada del Frente Para la Victoria, pero con el desafío de contener a todos los sectores internos, o a la mayoría posible.

Puede Frigerio ahora disciplinar a la tropa legislativa de Cambiemos sin reparar demasiado en los buenos modales, ya que a nadie escapa que para el proyecto nacional de Macri es más importante tener una buena relación con los gobernadores (Bordet en este caso) que satisfacer las pretensiones de protagonismo de un senador, nacional o provincial.

Pero el año que viene la cosa será distinta, y el gran armador de Cambiemos en la provincia deberá hacer equilibrios para mantener satisfechos a todos los sectores. La cuestión no pinta sencilla, ni tampoco lo será la elección de los candidatos legislativos, ya que es sabido que de los que se prueban el saco, casi ninguno tiene la aprobación inicial del ministro del Interior.

En la vereda de enfrente estará Bordet, gobernador y presidente del Partido Justicialista, que deberá hacer campaña con su gestión como principal argumento para intentar mantener el territorio que el peronismo retuvo por escaso margen en octubre pasado.

El 2017 no está demasiado lejano. El famoso segundo semestre de 2016 serán también los últimos meses en que la prioridad exclusiva sea la gestión. Lanzada la campaña, ambos deberán 'hacer política'..

Lo hará el gobernador marcando defectos y haciendo críticas al gobierno nacional, ya que ese parece ser el argumento más razonable para sentarle en el Congreso diputados peronistas al gobierno de Macri: para controlarlo y obligar a mejorar lo que tenga que pasar por allí.

Y hará campaña Frigerio (Cambiemos) sacudiendo los recuerdos de la corrupción e ineficiencia kirchnerista en la Nación y su correlato provincial; salvo que las condiciones políticas del país cambien radicalmente, lo que no se avizora en este momento.

Evidentemente serán discursos confrontados; y tanto Bordet como Frigerio deberán profundizar respectivamente esa línea para mantener la cohesión del frente interno.

Ya la elección de los candidatos, en ambos sectores, es un desafío que puede dejar heridas abiertas. Por ejemplo, vale preguntarse si eliminará Bordet cualquier vestigio de kirchnerismo de la lista provincial, o asumirá una postura reivindicativa de los últimos 12 años de gobierno nacional y provincial. Hasta ahora ha sido muy medido, pero en un contexto mucho más amable que lo que será la campaña. En ese entonces, posiblemente no haya un punto intermedio.

Varios legisladores, intendentes peronistas y funcionarios bordetistas explican la sintonía fina de la Provincia con el macrismo en la necesidad de encarrilar los números y recuperar un perfil de viabilidad financiera. "Hay que hacerlo ahora porque el año que viene tenemos que hacer política", agregan a sabiendas de que una derrota en la legislativa afectaría el resto de la gestión provincial. Incluso la sigla con la que se concurra a los comicios dirá mucho de lo que pasa en el oficialismo. Para algunos dirigentes peronistas, la letra 'p' del FPV significa 'pino', en alusión a la muerte del kirchnerismo.

Obviamente para Cambiemos el desafío electoral es importante. Y no hace falta señalar entonces que más importante es todavía para Frigerio y sus allegados, quienes entienden que con esa elección comienza la parte más fuerte de la campaña para la Gobernación en 2019.

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