Hoy por Hoy
Lunes 14 de Noviembre de 2016

Empatía cero

El viernes el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, para explicar el aumento del 47% en las dietas de los legisladores, dijo que "gana 83.000 pesos y con una inflación del 35% es difícil". En un intento por justificar el "dietazo" pretendido, el senador del PRO señaló además que el aumento no es del 47% sino del 18% "por la inflación" y por "Ganancias". Sus palabras intentaron empatizar con los trabajadores en lucha por aumentos salariales y paritarias, pero sonaron a burla, ya que Pinedo no aterrizó en su banca desde una nave intergaláctica, sino que forma parte del proyecto que prometió eliminar el impuesto a las Ganancias para los trabajadores y bajar la inflación en un cuasi pretérito "segundo semestre".

El sábado, la diputada Elisa Carrió (CC), entre bocado y bocado en la mesa de Mirtha Legrand, dijo que "los maestros deberían ganar más" pero que ella "tiene que ganar más que un maestro". Mirando de reojo detrás de cámara con el ceño fruncido, Lilita dijo que, además de ser maestra estudió Derecho, hizo un posgrado y escribió 15 libros. Y, sin ponerse anaranjada, prosiguió cultivando su humildad: "Hay diputados que no trabajan y no saben nada, pero los eligió esta sociedad. A mí me da bronca que la gente elija a diputados que no saben nada. Si yo saliera a la profesión hoy ganaría cinco veces más por firmar un escrito". En esa misma línea, la semana pasada, el diputado del FPV Miguel Ángel Pichetto (el mismo que había mostrado su xenofobia hacia los inmigrantes pobres) también había opinado a favor del "dietazo" explicando que se producía una distorsión originada por un plus por título universitario y antigüedad que hacía que un secretario superase la dieta de un senador.

En marzo de este año, en plena ebullición por los tarifazos, la vicepresidenta Gabriela Michetti manifestó por las redes sociales: "Tengo un sueldo más alto que una persona normal, pero me afectan los aumentos". La vice de Macri, que para esa época cobraba 121.686 pesos por ir venir de la banca del Senado a su despacho, habló en un descanso de la sesión en la que la Cámara alta trató el paquete de medidas para pagarle a los fondos buitre: "Sufro el aumento de gas, el aumento de luz, es una situación difícil para todos". Así los funcionarios, desde su holgada situación, dicen conocer el padecimiento de los que menos tienen. Las declaraciones desafortunadas y actos fallidos de la gente de Cambiemos siguen con Darío Lopérfido y la negación del número de desaparecidos durante la última dictadura militar; Sturzenegger y las "juventudes hitlerianas del kirchnerismo", los desatinos homofóbicos del diputado salteño Olmedo o las perlitas machistas de Miguel Del Sel. Pero las frases incómodas no son exclusivas de los cercanos a este Gobierno. Los fallidos no tienen distinción de género ni de partidos políticos porque los funcionarios, sean del color que sean, transitan sus gestiones alejados de la gente, de las dificultades de la calle o de la burocracia asesina de la que son directos responsables. Desde la "estratosfera" de Menem; pasando por "el yuyo", la "diabetes de los ricos" o "las vacaciones de los maestros", de CFK, hasta llegar al desorientado y errático De La Rúa hablando de "la escasez de merluza" en diciembre de 2001, poco antes de huir de La Rosada en helicóptero, nos dan una pauta de cómo la disociación de la realidad es una condición sine qua non del poder.

Se dice que la empatía es la capacidad de comprender, de forma objetiva y racional, los sentimientos y emociones del otro. La palabra, de origen griego (empátheia) significa "emocionado". Aquí no hay conciencia del sufrimiento o la desesperación de quien no llega a fin de mes. No hay emoción. Empatía Cero.

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