Policiales
Domingo 21 de Febrero de 2016

Ella mató a su hermanito, él ocultó el cuerpo y pronto serán juzgados

Por el crimen de Nico, que conmocionó a Alcaraz hace casi seis años, irán a juicio María Benítez y su pareja Avelino Lescano  

En la localidad de Alcaraz nadie olvida los días de desesperación que se vivieron a principios de junio de 2010, cuando buscaban a Isidro Nicolás Godoy, un niño de 3 años que se había perdido en el monte; y aún permanece el doloroso recuerdo del su hallazgo sin vida. Luego de una larga investigación, se confirmó que el gurisito sufrió una muerte violenta, y recién este año serán juzgados los presuntos responsables: su hermana, María Luciana Benítez, de 34 años, y la pareja de esta, Avelino Lescano, de 48. Según la Fiscalía, ella ahorcó al niño en una reprimenda, y él ocultó el cuerpo en un tajamar, donde lo encontraron tres días después.

Nico se levantó aquel 5 de junio de 2010 a las 8 de la mañana, y luego se puso a jugar con otro niño de su misma edad (hijo de María Benítez), en las inmediaciones de la casa con un gato. Alrededor de las 10, la familia notó que ambos faltaban y la acusada salió a buscarlos al monte. Benítez regresó a los 20 minutos con su hijo, y luego entró otra vez al campo, y volvió unas dos horas después, pero dijo que no sabía dónde estaba Nicolás.

La búsqueda del niño duró tres días, y demandó una gran movilización de policías y Bomberos Voluntarios, hasta que los perros rastreadores encontraron el cuerpo en una laguna a unos tres kilómetros de la casa. Las pesquisas determinaron que el niño nunca pudo haber llegado tan lejos solo, y que la muerte se produjo por un ahorcamiento, es decir que no llegó hasta el lugar y se ahogó en el agua, como en principio se había pensado.

En base a varios testimonios reunidos por los policías que trabajaron en el lugar y que declararon luego en el Juzgado de Instrucción, en horas de la noche del mismo día, cuando la búsqueda había cesado, llegó al lugar Lescano, y tras mantener un breve diálogo con su pareja, se puso unas botas, ingresó en el monte y regresó unas horas más tarde.

El juez concluyó que Benítez había salido a buscar a los niños, y que en una reprimenda tomó del cuello a Nicolás hasta causarle la muerte por asfixia. Luego, acordó con su pareja que el hombre ocultara el cuerpo más lejos, para que no pudiera ser encontrado, lo que Lescano cumplió al arrojarlo en el tajamar.

La Fiscalía le imputa a la mujer el delito de Homicidio simple (con dolo eventual). Es decir que no tuvo la intención inicial de matar al hermanito, pero sabía que con su fuerza superior su accionar podía terminar en lo peor. En tanto que al hombre le imputan Encubrimiento real calificado por la gravedad del delito.
La violencia era cotidiana
Varias de las numerosas pruebas testimoniales que complican la situación de Benítez, señalan que la mujer es violenta: que maltrataba y les pegaba a los hijos sin motivo y fuerte, con cualquier elemento, que con ella “no se puede hablar porque es agresiva”. Incluso, en el expediente se incorporó una denuncia contra ella por violencia familiar en la Justicia local.

A su vez, el informe psicológico determinó que “presenta un retraso mental con capacidad intelectual y edad madurativa por debajo de su edad cronológica, con trastornos límites de la personalidad, con una estructura yoica, inestable, con defensas débiles y funciones intelectuales deficientes, pero no obstante ello, tiene consciencia de sus actos, captando el valor y disvalor de su conducta”.

Respecto de Lescano, la acusación sostiene que fueron los perros rastreadores quienes marcaron su presencia en la amplia escena del crimen. Los efectivos que llevaron a los animales al lugar, luego de mostrarles prendas de vestir de los sospechosos y de la víctima, y pudieron reconstruir el modus operandi al marcar la presencia de las personas en todo el recorrido por el interior del monte hasta la laguna. El último rastro de la víctima fue a 400 metros de la casa, y luego siguieron el olor de los acusados hasta el tajamar: “Es imposible que un can bien entrenado se equivoque, solo sigue rastros de personas y cada una de ellas tiene un olor distinto”, aseguró el responsable de la búsqueda, y agregó que el perro llegó hasta donde estaba el cuerpo “siguiendo el rastro de un familiar”.

Luego de una larga espera, el juicio a Benítez y a Lescano se iba a realizar en diciembre, pero se suspendió y postergó para este año. Aún no está fijada la fecha de la audiencia de inicio del debate, que se realizará en Paraná, y que tendrá pendiente a todo un pueblo que aún espera una sentencia.

La autopsia, clave para la investigación
Una hipótesis que se barajó al inicio de la pesquisa, fue que Nicolás Godoy muriera ahogado en el tajamar donde lo encontraron. Más allá de que con tres años hubiera sido imposible caminar tres kilómetros solo por el monte, en pleno invierno, y que no tenía ni una raspadura que así lo indicara, la primera autopsia concluyó que la muerte se produjo por “síndrome asfíctico de causa a determinar” y se excluyó la “asfixia por sumersión en medio líquido”. Sin embargo, todavía existía la posibilidad de que “un edema o espasmo laríngeo haya impedido el ingreso de agua” por lo que igual el niño podría haber fallecido en la laguna.

Para despejar las dudas se ordenó una reautopsia en la cual se concluyó que la muerte de Nicolás se produjo por asfixia por compresión mecánica de cuello. Además, en el informe médico se determinó que el deceso se produjo dentro de las 24 horas previas a la primera autopsia, por lo cual la Fiscalía sostuvo en ese momento: “No cabe duda de que el fallecimiento fue consecuencia de una violenta agresión física”.

Pero de todos modos, la data de la muerte no coincidía con el 5 de junio, por lo que finalmente se solicitó a la Dirección Criminalística un estudio de partes del cuerpo, a fin de establecer cantidad de potasio y contenido estomacal. La pericia determinó con rigor científico que la muerte ocurrió el mismo día de la desaparición de Nicolás, entre las 13 y las 17.


 

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