La Provincia
Domingo 31 de Enero de 2016

El Volcadero de Paraná y la naturalización de vivir de la basura

Hace casi 90 años que está instalado en la zona oeste de la capital entrerriana. A diario unos 40 camiones depositan 300 toneladas de residuos que sirven para que 150 familias del barrio coman o la cambien por dinero. Fotos y video.

Lucila Tosolino / De la Redacción de UNO
ltosolino@uno.com.ar


Insoportable es el término que se aplica a la actual situación que se vive en El Volcadero de Paraná. Éste está ubicado pasando la intersección de las calles Ameghino y República de Siria, en la zona oeste de la capital entrerriana. Recorrer este lugar puede tornarse imposible, escalofriante. Se trata de una de las peores postales de la llamada “Ciudad paisaje”, en donde cientos de familias se las rebuscan para sacar de la basura que depositan a diario algo para llenar sus estómagos o poder intercambiar por dinero algún elemento para así comprar comida. 

Es enero y la temperatura a las 11 de la mañana sobrepasa los 30 grados. El sol es tan fuerte que parte la tierra y provoca que las montañas de basura ardan. El olor es intolerable, nauseabundo. El panorama deprimente: ver un pequeño correr descalzo por un descampado plagado de residuos es triste y peligroso. El niño debería estar jugando y divirtiéndose con sus amigos en la plaza del barrio, no cirujeando. 

“Pasando las calles Ameghino y República de Siria hay otro Paraná. Otra realidad que es muy muy triste y diferente a la que se ve en el centro de la ciudad, que está a unas 15 cuadras de acá”, afirma sin dar vueltas José Antonio Mioletto, quien vive hace 51 años en el barrio San Martín. El Chivo, como se lo conoce en la zona, asegura que son unas 150 las familias que viven de la basura. “Es mucha gente y más si pensamos que por familia hay cuatro o seis integrantes, son más de 600 personas”.

La cifra es alarmante y más si se piensa que hay niños que parten de los 6 o 7 años a trabajar en el cirujeo. “Somos bastantes los que trabajamos y vivimos de la basura. Vamos a diferentes horarios y revolvemos los residuos y de ahí seleccionamos qué nos sirve y qué no. Generalmente el cartón, el papel y el vidrio es lo que podemos canjear por unas monedas”, explica Mioletto y agrega que “el panorama en la zona es cada vez peor”.

El Volcadero de Paraná tiene casi 90 años de existencia. Los distintos gobierno municipales que fueron tomando las riendas de la capital entrerriana no presentaron soluciones para la situación que se vive en la zona oeste de esta ciudad. O peor aún, si plantearon una propuesta, ésta siempre fue inútil. Como la que surgió en febrero de 2013, cuando decidieron tirar tierra encima de la basura y así “tapar” el problema.  

Los años pasan, y como dice El Chivo, ningún gobierno o municipio presenta una respuesta estructural adecuada. “Nos tienen olvidados, no les importamos, piensan que somos unos negros que vivimos de la basura y no es así, somos gente honesta que trabaja para vivir”.

Antes de las elecciones generales de octubre de 2015, diferentes políticos se acercaron a la zona oeste de Paraná para prometer soluciones y así sumar votos. “Los cantidatos venían acá y nos prometían cosas, el actual intendente de Paraná, Sergio Varisco, nos dijo que iba a terminar con problema de El Volcadero, estamos en enero y sigue sin pasar nada, seguimos esperando una solución, una respuesta a este problema que tiene muchos años”, apunta el hombre de 51 años.

La naturalización de vivir de la basura

Las condiciones de El Volcadero de Paraná son verdaderamente precarias. Trabajar en este lugar es perjudicial para la salud desde donde se lo mire. Las personas pueden sufrir enfermedades respiratorias u otras por la contaminación, hasta caer desplomadas al piso por un golpe de calor. “Hace mucho daño trabajar a cielo abierto, porque revuelven los residuos bajo la lluvia, el calor y el humo que genera la basura por la congestión. Es terrible pensar que la preocupación de un niño no es su educación o divertirse jugando sino el de no poder encontrar algo para comer en el día. La gente de acá no piensa en otra cosa que no sea cirujear porque a través del cirujeo obtienen dinero y comida”, cuenta una vecina del barrio San Martín que prefiere quedar en el anonimato. 

Otro vecino de la zona es Raúl Ríos, de 25 años, quien trabaja en El Volcadero a diario. “Acá vienen por día unos 40 camiones a depositan unas 300 toneladas de basura. Los camiones vienen en diferentes turnos y no nos dejan acercarnos a buscar la basura, ellos directamente la tiran al río y eso provoca que no podamos trabajar”, señala el joven que es padre de familia y tiene tres hijos.

“Empecé a trabajar en El Volcadero a los 10 años, es un trabajo para mí ir a revolver la basura y sacar algo para canjear por plata”, cuenta con naturalidad Ríos y deja a la luz como se volvió un estilo de vida el cirujeo. Además amplía: “Con mi esposa y mi hijo mayor, que tiene 15 años, trabajamos en El Volcadero. No lo hacen mi hija de 12 años y mi bebé de siete meses, pero para nosotros la basura es nuestra fuente de trabajo”.

De esta manera, si uno parte de la Plaza 1º de Mayo por calle España, pasa por el Cementerio Municipal y continua por Ameghino hasta República de Siria, se va a chocar con una línea imaginaria que divide la ciudad, que invita a ver el lugar en donde se depositan todos los residuos de una población y como éstos se vuelven necesarios para unos y desperdicios para otros. Se trata de unas quince cuadras, tal como advierte Mioletto, que muestran una realidad “aberrante y desproporcionada”.

La falsa transformación del Volcadero

Una nota publicada en octubre de 2015 en la página digital de la Municipalidad de Paraná afirmaba que en diciembre la Planta de Clasificación y Transferencia de Residuos “Manuel Belgrano” cumpliría un año desde su inauguración y se convirtió en una referencia en la provincia y el país, ya que es la más grande de la Argentina y tiene características que la hacen un modelo de tecnología de punta. 

Además, según indica la nota dada a conocer durante la gestión de Blanca Osuna, las 125 personas que trabajan en la Planta viven en los barrios Antártida, Mosconi, San Martín, Balbi, Barranca Oeste y Humito. “No sé si todo es verdad. Hay cosas que son ciertas y otras que no. Lo cierto es que la planta funciona pero a medias, la gente que trabaja en la Plata serán como 60 en el turno de mañana y 60 en el turno de tarde. Ahora quieren agregar un turno de noche. Pero estas personas sólo separan el plástico de la basura, el resto va a parar al río que está al lado de El Volcadero. Los conductores de los camiones que depositan la basura no quieren que trabajemos, no nos dejan que nos subamos al camión a sacar las bolsas, sino que directamente tiran la basura en el agua para que no podamos rescatar algún vidrio, cartón o papel para intercambiar por plata”, asegura Ríos y agrega indignado: “A mí me prometieron un trabajo en la Planta, pero los días pasan y la oferta no llega”.

En el mismo sentido, Mioletto apunta a la inoperancia política: “Faltan políticas de Estado, falta sentido común, faltan muchas cosas. Espero que tanto el gobierno municipal como provincial hagan algo y atiendan nuestros pedidos. Supuestamente este lunes me reúno con Varisco, creo que una solución sería que la gente que trabaja en El Volcadero trabaje en la Planta, porque llevan años separando la basura y saben cómo se trabaja con los residuos y no como la gente que está en la Planta ahora que está toda acomodada”.





C-Mi Cumbia y la pasión por la música

En un contexto de gran vulnerabilidad social, donde los residuos y el humo que emanan los deshechos forman parte del paisaje cotidiano, la música sirve como canal para expresarse, para dar a conocer la realidad que los rodea. “A todos en el barrio nos gusta la música, específicamente la cumbia. Nos apasiona y cantar o tocar algún instrumento nos ayuda a contar las cosas que nos pasan, a liberar lo que sentimos”, cuenta Mioletto, quien formó en 2012 la banda C-Mi Cumbia, que es la abreviación de Chivo Mioletto Cumbia.

En una nota que publicó UNO en noviembre de 2013, la cual cuenta la historia de C-Mi Cumbia, en un párrafo Mioletto explica: “Nos reunimos con chicos de la zona que más o menos supieran tocar y fuimos comprando los instrumentos con la plata que sacábamos de la venta de lo que juntábamos con el cirujeo y así formamos la banda”. 

Hoy por hoy, a más de dos años de aquella nota, el grupo de El Volcadero ya va por su tercer disco y tocó en numerosas localidades de Entre Ríos y Santa Fe. “Con mucho esfuerzo nos juntamos a ensayar, ahorramos para comprar nuestros instrumentos y ponemos manos a la obra en composiciones propias y en la interpretación de temas de agrupaciones que nos gustan mucho”, relata El Chivo.

La banda logró grabar en 2013 sus canciones en un CD que lo titularon Con orgullo y humildad. Luego, en 2014, salió a la luz A mi gente y en este año terminarán con su tercer disco que aún no tiene nombre. “Pero se viene prometedor. El cantante es Arielito, un nieto mío que tiene 11 años y tiene mucho talento y carisma”, apunta y señala que son nueve personas en total en C-Mi Cumbia.

Es así que en medio de las montañas de basura, el río contaminado, el aire nauseabundo y el ninguneo constante de los políticos, hay una banda en El Volcadero que persiste para la alegría de su gente, que cuenta a través de sus temas musicales qué les pasa y realiza al menos una vez por semana una fiesta abierta a todos los del barrio. “Cuando nosotros ensayamos la mayoría de los vecinos se prenden y vienen a casa y armamos una fiesta, todo es buena onda. La gente se suma con palmas, aplausos y baile. Es muy lindo porque es una forma diferente de enfrentar a diario la realidad que nos condiciona”, termina emocionado El Chivo.

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