La Provincia
Domingo 15 de Mayo de 2016

El variopinto Julio Majul, en su porfía por la patria grande

Descubriendo Entre Ríos. Corazón tierno y fibra fuerte de caranday, dice Linares Cardozo. Aquí, la visión de cuenca de un entrerriano de Gualeguaychú que ayer denunció la desaparición de personas y hoy combate por la salud del inmenso río

Tirso Fiorotto/De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar


Conocimos a Julio Jesús Majul en Gualeguaychú cuando nos llevaba a la redacción del diario El Día las gacetillas de la Asociación de Ajedrez, y de tanto en tanto entregaba una columnita política desde la mirada del Partido Intransigente. Era la voz de la izquierda.
Uno no demora quince minutos en advertir el corazón que hay adentro de personas como este paisano.
Entonces, como hoy, con Majul se podía hablar de tango, de ajedrez, de literatura, de política y de periodismo, claro, porque ese ha sido y es su oficio principal y más querido.
Pero además, de derechos humanos, si recordamos que realizó como abogado presentaciones centrales y tempranas en la lucha por la aparición de personas en tiempos de la dictadura.

La emancipación
Desde hace una década sigue con sus inquietudes ambientales y artísticas, con sus intervenciones como letrado graduado en la UBA, y es un pilar del centro de estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres, del que fue vicepresidente cuando la presidencia del cooperativista Pedro Aguer.
A propósito, acaba de publicar la obra Fibras del Abya yala, con reflexiones sobre los intercambios de ese centro de estudios y una recopilación de documentos que pasan por el posicionamientos en torno del bicentenario de la Revolución de Mayo, la recuperación de hechos históricos como la Batalla del Espinillo o el Congreso de Oriente, la declaración del maíz como semilla venerable e inviolable del mundo, o la sugerencia de que la Bandera Argentina lleve un punto rojo en recuerdo de la banda roja de Artigas y las luchas obreras, y que ese punto rojo tome la forma de las Malvinas, a manera de reafirmación de la soberanía territorial, contra el colonialismo inglés.
También hay documentos contra el racismo y la xenofobia, por la unidad de los pueblos, reflexiones sobre los cinco siglos desde la llegada de Juan Díaz de Solís y la continuidad del colonialismo por otras vías, y referencias a un premio llamado Conciencia Abya yala a pescadores, ecologistas, trabajadores, pueblos originarios o luchadores por la independencia como el caso del haitiano Henry Boisrolin.
Es decir, si bien Majul y sus compañeros llaman como muchos “Abya yala” a América, su mirada se entiende bien si decimos “latinoamericanista”, o “nuestraamericana”.
Antes de Fibras había escrito una obra de economía desde una perspectiva bien accesible y con mucho humor y compromiso llamada Merd o Patria.
Es decir: las inquietudes del gualeguaychuense que ha pasado los sesenta largos y sigue siendo “Julito” en el barrio pueden ser múltiples, pero siempre vinculadas a la patria grande y a la emancipación de los pueblos, sea (como suele repetir Aguer), contra los “gringos” que nos compran o contra los “criollos” que nos venden.

En el periodismo
Julio Jesús Majul nació el 14 de octubre de 1948. Sus padres Julián y Sarina. Si le preguntamos hoy por su familia hablará de Rosita, su hermana, de sus tres sobrinas carnales y otra veintena de sobrinos por parte de su exesposa, Colola Auzqui.
Empezó en el periodismo en 1970 con colaboraciones con el corrector de La tierra, la revista de la Federación Agraria. Fueron unos pocos meses, porque el 20 de mayo de 1971 entró de corrector en el diario Noticias de Gualeguaychú. Lleva más de 45 años en el oficio, hoy publica notas en la agencia AIM y el diario digital El Miércoles, de La Histórica.
Al poco tiempo era una especie de editor, y ya militaba en política partidaria. Participó del Partido Intransigente desde que se fundó en 1972, hasta que renunció en 2009. Fue presidente del Comité provincial durante 15 años, parte del Comité Nacional desde 1987 hasta 2005.
El único cargo electivo que ocupó: una banca en el Senado provincial en el período 2003/07, por un Frente que primero se llamó Nuevo Encuentro y luego Concertación entrerriana. Único senador provincial electo sin integrar nunca alguno de los dos partidos mayoritarios en la provincia (y lo decimos porque a Julio Majul le gusta comentarlo).

Gustos y compromiso
Fue parte de la fundación de la Asociación de Ajedrez de Gualeguaychú, que presidió desde más o menos 1976 hasta 2001. También presidió la Federación Entrerriana de Ajedrez, integró la Comisión Directiva Nacional durante seis u ocho años, y renunció cuando asumió en la conducción nacional gente que no le caía en simpatía.
“Integro la Junta Abya yala por los Pueblos Libres, mi mayor satisfacción en los últimos años”, reconoce Majul. En su familia recuerdan que ha compuesto temas instrumentales, desde su afición por el teclado electrónico, y ha promovido muchos encuentros musicales en su ciudad.
En su profesión de abogado, graduado en la UBA, inició lo que sería el primer juicio formal por detenidos desaparecidos en la Argentina, ante el Superior Tribunal provincial, junto a las Madres Aurora M. de Fraccarolli, Blanca I. de Angerosa y Noemí D. de Guastavino.

Otras Fibras
Nos invitaron a presentar Fibras en Gualeguaychú junto al periodista y actor Alberto Dorati, y lo hicimos en presencia de amistades y otros vecinos.
Allí pusimos el acento en inquietudes compartidas con el autor de Fibras y los presentes.
Aprovechamos para comentar que en el viaje al sur de la provincia quedamos maravillados con la variedad y cantidad de aves en el camino, mayor que la habitual a causa de tantas lluvias.
Entonces recordamos unos versos de Juan L. Ortiz que con su mirada extraordinaria de artista observa los reflejos en el agua, los dorados, los lilas, el cardo, la flor morada, los verdes y sus matices y de pronto se quiebra en la poesía y dice: “Hermanos míos: no puedo estar en esta fiesta amable porque sé de qué está hecha. Para que esta fiesta fuera para nadie fue necesario que os arrojaran a los caminos, o a vivir bajo un cielo que no tiene ciertamente sonrisas”.
Estamos memorizando al correr del teclado, puede haber alguna coma más o menos.
Claro: inmenso paisaje, y sin seres humanos. Entre Ríos es una maravilla, pero al paisaje le faltan los desterrados.
Podrían ser los guaraní, charrúas, chaná, yaros; los negros traídos para esclavizarlos, los gauchos, los mestizos, los criollos y también los gringos. El entrerriano ha sido desterrado de dos maneras, o afuera de su territorio y por eso somos la patria de los pueblos fantasmas y de las taperas, o adentro del territorio, con los hacinados en los barrios.
Hay una marca de racismo que en Entre Ríos se sufre: se llama destierro y hacinamiento.
Ahí recordamos que el gualeguaychuense Manuel Almeida insistía en que hay “una línea” de destierro.

Zurdeños
Pertenecemos a un territorio que desarraiga y expulsa, no podemos gozar de la relación amorosa del humano en el paisaje, de la cultura en la naturaleza. Hemos puesto un muro. El hombre enfrente, el hombre lejos, con consecuencias todavía poco exploradas sobre las personas, la sociedad, la libertad, la armonía.
El otro mundo posible con herencias milenarias es el “mundo zurdeño”, por el Zurdo, Miguel Ángel Martínez, un gran músico que gozaba de ir a la isla y conversar con las aves, los peces, el perro, los árboles, los pescadores, sentirse en ese templo que es la isla Curupí en Paraná.
Pero además el Zurdo tenía convicciones profundamente anticoloniales y antiimperialistas, y vivía en una casa en Paraná con Martha, su esposa, donde la puerta estaba siempre abierta.
Ese es el “mundo zurdeño” que involucra el arte, el chamamé, el amor a Bach, las convicciones anticoloniales, el recibir al hermano y conversar horas enteras con unos mates para el esclarecimiento o simplemente hablando de bueyes perdidos. Y el tener esa noción clara del humano en el paisaje, no fuera de él. Es un mundo integral, donde nada ni nadie resulta extraño, lejano.
Ese “mundo zurdeño” va a contrapelo de nuestra sociedad moderna, individualista, atracada en la ganancia, apurada, chocándose en las rutas, matando a veintiún hijos nuestros por día en las rutas, matándonos en las rutas.
Nos detuvimos entonces en la necesidad de romper las fronteras políticas por ejemplo de Entre Rios con Uruguay, con Santa Fe, con Corrientes; y romper las fronteras del conocimiento que dejan afuera (en un abismo, como dice Boaventura de Sousa Santos) los modos propios del conocer, por el menosprecio del entorno.

Con fundamentos
Hay otra frontera a romper: la que se ha colocado entre lo humano y la naturaleza, entre la cultura y el monte, para lo cual nos ayudan mucho los pueblos de este continente. Las culturas del altiplano dicen “suma kawsay”. Son tradiciones milenarias que a nosotros nos negaron en la escuela europeizada. ¡Qué pena! Pero suerte que estamos vivos para conocernos, para recuperar esas fibras, como las ha llamado Julio Majul, fibras ocultas, sepultadas, recuperadas y vividas con amor, con cierta pasión.
“Suma kawsay”, vivir bien, en armonía, el hombre en la naturaleza, con cierta austeridad.
Decía el oriental Romildo Risso y recitaba Atahualpa Yupanqui: “si hay leña cáida en el monte yo no vy’a cortar un árbol, po’el aire no puedo dir, de no, ni pisaba el pasto”. En pocos versos, un tomo de filosofía. Mínima invasión. El humano dialogando con el árbol, con el pájaro, con el río, con una visión de cuenca, con una mirada integral, sin compartimentos estancos.
Así nos referimos a los fundamentos de la obra Fibras del Abya yala de Majul. A las cosmovisiones antiguas y las reflexiones frescas de hoy que están contenidas en su libro. A la complementariedad (yanantin) como una antigua condición superadora de la competitividad de occidente, por caso.
También señalamos el racismo de ayer y hoy, y las puertas que abrió la revolución federal artiguista a dos bandas, desde el grito de Asensio en el Uruguay y la lucha de Bartolomé Zapata en Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, todos temas tratados por Majul como maneras también de terminar con las fronteras ficticias.

Lo que no se mide
Para finalizar, señalamos una condición personal de Majul que resulta evidente para quienes lo frecuentan, y es el amor conque trata los asuntos, el amor que pone en sus obras, y el derroche de generosidad (lo cual le ha provocado algún que otro problema económico, claro).
Virtudes y defectos como todo humano, pero he aquí un plus de bondad, de amor y de amistad que forman parte de ese mundo de armonía que decíamos donde lo principal no se puede calcular, no se mide, no se sabe cuánto pesa, cuánto vale.
Es decir: presentamos una obra anticolonialista, antiimperialista, anticapitalista, escrita desde la amistad, el amor, desde la convicción por la armonía del humano en el paisaje.
En esos cimientos se explica que Julio Majul también sea el abogado que accionó hace pocos meses contra un proyecto llamado Amarras, en Gualeguaychú, desde los principios precautorios, para cuidar la naturaleza, el río y los humanos allí.
Esa lucha está llegando en estas horas a la Corte Suprema de Justicia, y hay que tener esperanzas porque viene desde el corazón tierno y la fibra fuerte del caranday, como dice Linares del entrerriano.

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