A Fondo
Domingo 06 de Diciembre de 2015

El sueño de un lector

Diálogo Abierto. En una zona sacudida por el deterioro social y el abandono del Estado desde hace años, un proyecto cultural significa un importante motivador para una población que transita por la apatía. Tadeo Mansilla y su impulso

Julio Vallana / De la Redacción de UNO
jvallana@uno.com.ar 


El barrio en cuestión –El Sol, de Paraná– carga en sus espaldas con cierto estigma social a partir de situaciones de robos, narcomenudeo y violencia entre vecinos por cuestiones territoriales en asentamientos ilegales que, obviamente, no son exclusividad de él sino que atraviesan a vastos sectores de la capital provincial, cada vez con mayor intensidad. Ese contexto de decadencia –que describe el entrevistado– no ha sido óbice para que la cultura y el arte florezcan. Tadeo Mansilla es estudiante de Cine y pionero de la Biblioteca Pedro Lemebel, la cual inició sus actividades a principio del presente año y promete un futuro de crecimiento con diversificación de propuestas.    

Corrompido por los políticos

—¿Dónde naciste?
—En Paraná –cerca de calle Moreno– pero siendo chico vine a vivir a barrio El Sol y siempre he vivido acá.

—¿Cuándo se mudaron?
—Estuve poco tiempo allí. No recuerdo.

—¿Cómo describís a barrio El Sol?
—Fue construido en la época de los militares (“Proceso de Reorganización Nacional”) y todas las edificaciones son iguales. Era bastante lindo, tenía más movimiento y estaba aislado –pero en el buen sentido, porque no teníamos drama con nadie. Es un barrio tranquilo, de casas pequeñas, muy bien ubicado y con una plaza principal. Hay poca gente que tenga problemas y la mayoría se llevan bien. Siempre hubo influencias políticas pero últimamente lo degeneraron y se olvidaron del lugar. El barrio sufre los dramas de su alrededor y a veces figura que los problemas suceden acá. En esta galería funcionaba la comisión vecinal, con la cual también hubo muchas frustraciones por gente que se aprovechó de la buena fe de los vecinos para hacer su propio negocio. No puedo creer que esa gente siga viniendo al barrio, cuando se llevaron hasta la caja de la luz. 

—¿A qué jugabas cuando eras niño?
—No era de jugar mucho sino de leer y me gustaba estar en casa. Jugaba pero muy poco.

—¿Qué actividades laborales desarrollaban tus padres?
—Me crié con mi mamá y mi papá no estuvo nunca. Mi mamá es profesora de danza, daba clases y la contrataban para espectáculos. Yo me quedaba en casa con mi hermano. Mi viejo era… no sé qué hace… es baterista. No tuve vínculo con él y las pocas veces que lo veía no era gran cosa. Actualmente no me llevo bien, no lo perdoné pero tampoco me enojo. 

—¿Qué lecturas recordás?
—En general, historietas, novelas cortas, alguna poesía, me gusta mucho la ciencia ficción y la Historia.

—¿Ese material estaba en tu casa?
—Sí y también en la escuela, donde había biblioteca. En la escuela de enfrente (Pedro Giachino) estuve hasta segundo grado y luego me cambiaron a la escuela Bavio, porque no había un buen trato por parte de la directora, y después fui a la Moreno. Debido a la gente que había en esa escuela –y algunos todavía están– me derivaron a una escuela especial, donde estuve tres años. Actualmente se ha perdido el hábito de leer y no está bien que cuando te portás mal, te manden a leer –como si fuera un castigo. 

—¿Qué cambios importantes tuvo la zona?
—Hubo varios que marcaron al barrio, especialmente por las malas administraciones de las comisiones vecinales y el olvido por parte de los gobiernos municipales. Hay zonas públicas que han sido tomadas o sea que han extendido la propiedad privadas hacia zonas que son de todos los vecinos. En frente estaba pensado hacer una extensión del jardín de la escuela, nunca se terminó, estuvo abandonado, fue intrusado por  unos borrachos, vino un puntero político y le puso techo. De ahí en más comenzó a llegar más gente a la cual le daban materiales y así se deterioró todo el entorno, generando muchos problemas. Por eso el barrio comenzó a tener más mala fama y se retrajo la participación. 

—¿Cuándo ocurrió este proceso?
—Hace entre ocho y diez años. El presidente de la comisión vecinal no hizo prácticamente nada y por eso la gente no quiso saber nada más con nada. 

—¿Hay zonas aledañas donde se generan conflictos que repercuten acá?   
—Siempre hemos tenido zonas cercanas complicadas pero antes era más tranquilo y estaba más contenido, porque nuestro barrio estaba más valorizado y quedaba mal hacer algo acá. Pero nosotros hemos sufrido un deterioro, se creó una mala fama y los conflictos armados se multiplican.

—¿Conflictos de qué índole?
—Tiene que ver con la falta de regularización de los terrenos, que se los otorgan a cualquier persona porque sí. Hay una total falta de control y nadie responde por eso. Viene alguien, toma un predio y listo. Eso lo sufrimos nosotros. La gente del gobierno cree que los vecinos se chupan el dedo, solo vienen para la época de elecciones y no arreglan los problemas. Pintan un poquito, ponen tres contenedores y ya está. Creen que lo vas a votar por eso. Pero así no se solucionan las cosas. 

—¿Qué le plantearías al intendente electo?
—Que solucione el problema de seguridad, lo de las edificaciones ilegales y la limpieza. 

La lectura y el cine

—¿Qué gustos desarrollaste respecto a la lectura a medida que creciste?
—Se ampliaron, comencé a leer textos sobre género, y temáticas humanísticas y sociales. Para mí no hay un libro importante aunque ciertos géneros y autores me han marcado. Hace unos años leí a un poeta chileno que me marcó mucho, Pedro Lemebel, y por eso la biblioteca lleva su nombre.   

—¿Tuviste otra afición a la cual le dedicaste bastante tiempo?
—Soy la persona menos deportista posible. Además de leer hacía humor gráfico y animación, pero como hobby. Tal vez no tengo habilidad para el trazo pero sí para animar. Me inspiraba lo que leía y veía. Siempre me interesó lo social, nunca estuve en una agrupación pero entiendo que se pueden generar cosas. Hace muchos años que tenía la idea de crear un espacio y biblioteca. 

—¿Sentías alguna vocación?
—… Me mataste. Quería estudiar algo que me gustara y me hiciera sentir bien. Antes de estudiar lo que estoy estudiando, quería estudiar algo que tuviera que ver con la Historia, porque me gusta mucho al igual que la Mitología. 

—¿Qué te atrae particularmente de la Historia?
—Soy fanático de la Mitología griega y lo fantástico. Me aburría cuando ponían a los personajes históricos como si fueran personas perfectas, porque algún defecto tendrían. Tuve mucha suerte de tener en la secundaria una profesora española de Historia, quien tenía otra cabeza. Te contaba lo que estaba en el libro y lo real. Me gustaba porque era muy sincera y quien quería aprender, aprendía. Fui a una secundaria donde eran muy prácticos y abiertos de cabeza. 

—¿Qué estudiás?
—Estudio cine en Santa Fe y me interesan los documentales, para poder contar algo interesante. 

—¿Veías mucho cine?
—Sí. 

—¿La carrera es como la imaginabas?
—Algunos paradigmas los estoy revisando. 

“Poeta puto, pobre, feo y comunista”

—¿Cómo llegaste a la literatura de Pedro Lemebel?
—Estaba leyendo a otros autores. Tengo un amigo en Rafaela a quien conocí por Internet por gustos parecidos en cuanto a cine alternativo y música gitana. Fui a la casa y encontré unos textos que le habían pasado y entre ellos uno de Pedro Lemebel. Ahí comencé a leer. Me impactó por lo que decía –que lo habían reprimido por ser como es, puto, pobre, feo y comunista– y cómo lo decía. Gracias a eso encontré un poema de una cantante y poeta argentina –Susy Shock–, pensando que era un poema de Pedro. Un día ese chico de Rafaela me dijo que harían un evento y que iba a ir esta artista, fui y la conocí. Susy nos contó que había conocido a Pedro, al igual que a otra poeta, Marlene Wayar (psicóloga social). Hace poco las trajimos a las dos y Marlene trajo puesto un pañuelo que era de Pedro. 

—¿Por qué la idea de crear una biblioteca?
—Por ver que la gente pierde el gusto por la lectura y para hacer actividades, ya que en el barrio nadie las impulsa. Cuando murió Pedro fue el desencadenante, ya tenía la idea y hubo un grupo (Nora Aracil, Esteban Amatti y Aldana Del Mestre) que me ayudó. No tenemos ningún apoyo oficial. Gracias a Esteban Amatti pudimos instalar la luz y comenzamos como pudimos, no obstante que siempre hay gente que pone trabas. Una amiga nos donó un mueble, recibimos libros donados, tuvimos una donación de Editorial Clacso y trajimos algunas cosas nuestras. El sueño a mediano plazo es ampliar el espacio y también arriba de los salones, en lo cual estamos trabajando.  

—¿Qué perfil tiene?
—Es una biblioteca de género porque tratamos de reunir literatura que casi no se consigue. Tenemos textos de Pedro Lemebel, materiales de Susy, poesías de Romina Funes…

—¿No es muy específica, teniendo en cuenta el contexto de poca lectura que existe –según vos– en la zona?
—Es para permitir dar a conocer la situación de los géneros y los problemas de la gente con relación a ello. El objetivo es incluir.

—Nora Aracil (madre de Tadeo): También tiene que ver con nuestra historia personal: yo no tenía para pagar una niñera cuando ellos eran chicos, entonces hice un trato con una persona que era travesti –Charlie. La pasamos bastante mal con algunos vecinos y una maestra. Eso nos marcó en la vida y esa persona los ayudó a crecer, les leía, les preparaba la leche cuando yo no estaba y se disfrazaba de princesa. Afortunadamente hoy hay una ley y nadie le puede decir puto. Mi universo, y en el que Tadeo y Ciro se criaron es un universo trans, por eso me incluyo.

—Tadeo Mansilla: Yo tenía 8 años pero siempre fui abierto en cuanto a estas cuestiones, por la forma en que fui criado, no tenía ningún problema pero me daba bronca por cómo lo trataba alguna gente. Vecinos de este barrio juntaron firmas para que a mi mamá la alejaran de nosotros porque nos dejaba al cuidado de una persona homosexual, supuestamente “un degenerado”. La Macoco, Claudio y La Chiri también siempre me cuidaron y no teníamos ningún drama. Nos decían que yo y mi hermano éramos “raros” porque nos juntábamos con tal persona y porque mi mamá iba o trabajar a tal lugar –ya que es artista. Incluso actualmente tenemos muchos problemas con gente que está en contra de la actividad social y las temáticas de género. 

—¿Cuáles fueron las primeras actividades?
—El lugar estaba abandonado, con las donaciones hicimos lo que pudimos y en cuanto a lo legal está regularizado. 

—¿Qué repercusión hubo?
—A la gente le impactó que se pudiera hacer algo, no obstante que todos estudiamos y trabajamos. Estoy harto de que a la gente de los barrios se le ha enseñado que las cosas están en el centro y que para hacer o ser alguien, hay que ir al centro, ya que nunca traen algo de allá para acá. Eso está mal y además estamos ubicados en una zona favorecida por la cercanía respecto del centro. Pero se cree que cuando se cruza hacia acá, ya no se puede hacer nada, lo cual es mentira. De este barrio ha salido mucha gente talentosa y no niegan que son de acá –como otros. Tratamos de dar una oportunidad y nos centramos en los chicos y los viejos: están las chicas del Inaubepro (Instituto Autárquico Becario Provincial) que dan apoyo escolar quienes están muy agradecidas porque las echaron de varios lugares. La gente de los asentamientos está contenta por esto, porque sus hijos vienen a estas clases y a las de plástica –que tiene mucha producción– y danza –que son gratuitas. Y en invierno proyectamos películas infantiles. Hay mucha dejadez y con esto nos enteramos que hay muchos chicos que no saben leer –no obstante que asisten a la escuela. Es una contradicción y un síntoma tremendo de lo que es esa escuela.  

—¿Cuándo te referís a asentamientos son lugares públicos que han fueron intrusados?
—Sí, tomados y nadie responde por eso, ya que no hay ninguna regularización. Es gente que tiran a la basura y creen que lo arreglan dándole algunos ladrillos. Esto genera conflictos. Es gente que viene de otros barrios donde ya no puede vivir por la violencia y para salvaguardar a sus hijos.  

—¿Han coordinado actividades con otras entidades?
—Con otras bibliotecas, con la profesora Laura Sánchez –a cargo de Lengua en la escuela Bazán y Bustos y de la Guadalupe– para hacerle lecturas de teatro a los chicos, y con el profesor de Tecnología Fabricio Almada –también de esa escuela. Son voluntades individuales porque a veces las actividades extra escolares no se pueden coordinar institucionalmente. También vino una titiritera de Buenos Aires quien dio un taller para construcción con materiales reciclados y una función. Es un trabajo de hormiga. La semana pasada se realizó un encuentro internacional de danza. En cuanto a los organismos del Estado, la gente que debiera hacerse cargo de algunas cuestiones, no lo ha hecho.    

—¿Hay un cambio desde que se inauguró el espacio en cuanto a cómo percibe el barrio las actividades?
—Sí, pero falta y cuesta, tiene que ver con la tolerancia. Nos ha pasado que los padres tienen una actitud y los hijos –por suerte– otra. Apoyan porque utilizan el lugar. Mucha gente no discrimina porque siente la discriminación que sufre el barrio y otros tienen una enseñanza o influencia de la iglesia que les complica la vida a otra gente. Hay gente que se opone a las cuestiones de género porque siempre ha ido a la iglesia y no tienen ningún fundamento sólido.  

Un artista contestatario e irreverente

 “…Las parejas de hombres en patines pasan de la mano sopladas por tu lado como si no te vieran. Y cómo te van a ver si uno es tan re fea y arrastra por el mundo su desnutrición de loca tercermundista. Cómo te van a dar pelota si uno lleva esta cara chilena asombrada frente a este Olimpo de homosexuales potentes y bien comidos que te miran con asco, como diciéndote: Te hacemos el favor de traerte, indiecita, a la catedral del orgullo gay”. Crónicas de Nueva York (el bar Stonewall), 1996

“Como un gran teatro de marionetas, la patria de marzo en 1998, abrió su cortinaje al espectáculo donde asumía el tirano al Parlamento. (…) Más bien éste fue otro golpe de Estado, oficial y democrático, ahora de terno y corbata para estar ad hoc con la facha parlamentaria de los nuevos tiempos. Y fue como una teleserie, en que todo el país presenció perplejo el episodio caradura de su rodaje”. Una chica con polera del Che entre los pinochetistas, 2003.

“Si a la masa idiotizada de los chilenos le basta con lo que le da la televisión, me parece que este es un pobre país, porque, aunque seguramente tiene mucho futuro y goza de una prosperidad que se refleja en sus malls y en sus palmeras sintéticas, es un país al que se le está apagando el alma”.

“Hoy está todo distinto, esos barrios están peligrosos y casi todo es permitido. Ya no existe ese romanticismo de la delincuencia, la imagen del antiguo Robin Hood ha muerto. La delincuencia de hoy es otra, muy cruel, y todos quieren golpear a otros. Por ejemplo, ¿por qué a Daniel Zamudio lo sometieron a esa clase de torturas? Si bastaba con una puñalada y chao. Hay una brutalidad fascista de otra época. El chico salió de paseo, y se encontró con la Naranja Mecánica versión neoliberal. Y yo, ahora de vieja, también me la he topado”.

Datos
* Pedro Segundo Mardones Lemebel nació en Santiago de Chile, el 21 de noviembre de 1952 y murió el 23 de enero de 2015. Fue poeta, narrador, cronista y artista plástico. Ha escrito Adiós Mariquita Linda, La esquina es mi Corazón y Tengo miedo Torero, entre otros textos.
* Es un referente de la literatura homosexual y contestataria, su estilo irreverente se ha dado a conocer por toda Hispanoamérica, siendo uno de los escritores chilenos con mayor proyección internacional. Su obra ha sido traducida a varios idiomas tales como el francés, el italiano y el inglés.
* En la década de 1990 su fama trascendió las fronteras latinoamericanas y más tarde dictó conferencias en las universidades estadounidenses de Stamford y Harvard.

Manifiesto (Hablo por mi diferencia) No soy Pasolini pidiendo explicaciones

No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad apada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alita rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.
(Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en setiembre de 1986, en Santiago de Chile). 

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