La Provincia
Viernes 13 de Noviembre de 2015

El secuestro de Fernanda, un estigma en la Policía y la Justicia

En 11 de los 15 años de UNO se cuenta el caso que aún hoy causa angustia en los entrerrianos. La desaparición de la chica de San Benito, los puntos más oscuros, y la deuda del Estado con una familia que aún espera. Diario UNO de Entre Ríos cumplió 15 años de vida y los festeja con un suplemento especial #UNO15años

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


A las 4 de la tarde del 25 de julio de 2004, el Estadio Nacional de Lima ya explotaba. En los vestuarios, Marcelo Bielsa alistaba un equipo con seis atacantes, para ganarle la final de la Copa América a Brasil. El país se paralizó aquella tarde: todos adentro, en casas o bares, frente a la TV. En San Benito, Entre Ríos, el movimiento era también escaso, pero era domingo, día de visitas a los muertos y florerías abiertas cerca de los cementerios. María Inés Cabrol preparó tres claveles y se los dio a su hija Fernanda para que se los llevara a una vecina que los había encargado. La mujer la seguirá con la vista hasta que doble en la esquina. Nunca más sabrá de ella.

A Miguel Lencina no le gustaba el fútbol. Estaba con salidas transitorias de la cárcel, en cumplimiento de la condena por violar y matar a una mujer. Y quería aprovechar sus horas en libertad para lo que más le gustaba hacer. Recorría San Benito con su sobrino, Nazareno Casalino, y se cruzaron con Fernanda. “A esta me la manoteo”, recordará el chico, tiempo después, que le dijo su tío.

A las 17 arrancó el partido, Argentina asumía el protagonismo. En la defensa, los entrerrianos Roberto Ayala y Gabriel Heinze se las arreglaban para marcar a Luis Fabiano. Arriba, Luis González robaba una pelota a la salida del área, Carlitos Tevez, se la devolvió de taco y Luisao derribó al volante de River, según la crónica del lunes 26 en Ovación. Penal y gol. Alegría y esperanzas que durarían poco.

Fernanda ya estaba en las fauces de un perverso de manual. Familiares, policías, abogados, jueces, políticos y voluntarios intentarán reconstruir sus pasos en esas horas, seguir su rastro. Lencina la llevó hacia un campo, de eso no hay dudas. Los perros marcarían su presencia en la casa del secuestrador, su madre y hermanos, en la zona del Parque Industrial de Paraná. Meses después la buscarán por todo el país. Otros, entre ellos funcionarios, también perversos, crearán falsas ilusiones en la familia de la chica con pistas plantadas, ante el reclamo social de una respuesta ante el misterio. Versiones desopilantes, mamarrachos históricos. Pero nada.

Terminaba el primer tiempo y Brasil empata con un cabezazo de Luisao. Análisis y polémicas de entretiempo. En la segunda mitad habrá más goles. El fútbol volverá a tapar los ojos de muchos ante quienes pasaba algo que días después concentrará la atención de todo el país. Pero en San Benito, los Aguirre estaban en otra cosa: Fernanda no volvió a la casa, tampoco fue al local donde trabaja su padre, y la vecina se había quedado esperando los claveles.

Ese domingo, UNO había publicado: “Crece la prostitución infantil en Entre Ríos”. Se hablaba de redes de explotación sexual de menores de entre 12 y 16 años. Será una de las versiones sobre el posible destino de Fernanda, que tenía 13, aunque ni una sola prueba de la investigación pudo siquiera aproximarse.

Dos a dos y penales. A las 19,33 los brasileros ya festejaban un nuevo título. Los argentinos veían desvanecerse otra ilusión futbolera. Esto no importará unos días después, cuando los medios del país se mudaban de Perú a San Benito. En la casa de calle Irigoyen sin número, a esa hora, sonaba el teléfono de los Aguirre. Y comenzaba el caso policial que se convertirá en una herida abierta por mucho tiempo, el estigma de la ineficacia del Estado para encontrar a una chica de 13 años.

--Su hija está secuestrada. Queremos 2.000 pesos. Llévelos al Puente de Hierro y no llame a la Policía.

La voz de Mirtha Cháves sonaba imperativa, aunque dejaba una esperanza. Pero Fernanda ya no estaba. La esposa de Lencina será condenada a 17 años de prisión por el secuestro extorsivo de la chica. Ya está con libertad condicional en Gualeguay, donde nació y se crió. De donde quizá nunca debió haberse ido. Hasta el entonces gobernador de la provincia Jorge Busti la visitó en la cárcel para pedirle que hable. Nunca dirá, si es que sabe, qué pasó con Fernanda.

Chaves nunca habló. Hoy, a la distancia, la abogada que la defendió en el juicio sigue hablando por ella.

Nora Lanfranqui atiende el teléfono y cuando se le pregunta qué es lo primero que piensa cuando le nombran a Fernanda, responde en seguida, como si aún estuviera alegando en el juicio: “Yo diría que lamentablemente Fernanda Aguirre está muerta. Porque teniendo en cuenta el modus operandi del victimario, los antecedentes que tenía de la muerte en el motel de María Dolores Domínguez y de Pamela Trepán, la psicopatía involucraba un combo que era raptarla, violarla y matarla. Mirtha Chaves cumplió la condena que debería haber cumplido Lencina, porque cobró el rescate bajo amenaza de muerte”.

Lencina no llegará tan lejos. Murió en una celda de la comisaria quinta unos días después de ser detenido. La Justicia dirá con premura que se suicidó, pero nadie lo creerá jamás. Hoy no tiene ni quien lo defienda.

Héctor Toloy fue el juez de Instrucción que recibió la denuncia que María Inés Cabrol radicó en la comisaría de San Benito. Tuvo la causa menos de 24 horas, hasta que la Justicia Federal se la pidió por tratarse de un delito federal. Hoy ejerce la abogacía de forma particular.

--¿Qué es lo primero que piensa cuando le nombran el caso de Fernanda?
--Lo que yo pienso es que el caso está aclarado y lamentablemente no tengo prueba de esto, pero creo que Lencina le dio muerte de inmediato cuando la secuestró. No lo hizo no por el rescate sino por motivos sexuales. Repite la historia que vivió con su tío Apolinario Torres.

Cuando la mamá hizo la denuncia yo tomo intervención como juez provincial. Fue alrededor de las 12 de la noche, le dieron un handicap de seis horas. Me hice presente, con el jefe de policía Geuna, ordené que trajeran los perros para que siguieran los rastros. Tipo 6 de la mañana fui al Juzgado y ordené allanamiento en la casa de Lencina. El fiscal federal Álvarez fue el que pidió que yo me declare incompetente porque era un secuestro extorsivo. Ahí tomó la investigación el fiscal Mario Silva. Pero el secuestro no fue para cobrar el rescate. Esto se dio porque Fernanda, cuando la rapta, le dijo que su mamá tenía 2,000 pesos guardados.

Un año después la Justicia Federal devolvió el expediente al Juzgado de Toloy, quien luego elevó la causa a juicio.

Julio Federik fue el abogado querellante que representó a la familia de Fernanda en el juicio, y aún lo es en el expediente que busca determinar el paradero de la chica. La primer palabra que le sale cuando se refiere al caso es frustración. Luego vienen los recuerdos de lo que se hizo y el lamento por lo que se debió hacer.

“Es una gran frustración, porque por errores de la investigación nunca se llegó a Fernanda. Los principales errores estuvieron al comienzo, y los errores cometidos por la familia porque no avisaron a la Policía inmediatamente. Y el propio accionar policial. Nosotros intervenimos unos 15 días después, había una serie de medidas de prueba. Pero en este tipo de asuntos lo fundamental son las primeras 24 horas donde se tienen que hacer todos los operativos. Después hubo un enorme esfuerzo, enorme, miles de kilómetros recorridos, cientos de operativos, allanamientos de todo tipo, muchas frustraciones también porque por ahí me llamaban de alguna provincia que la estaban viendo, que estaba ahí, y por otro teléfono hablaba con la Policía para que vayan a a ver, y estábamos cansados de no tener suerte, y decíamos 'este va a ser el último', y no pasaba nada”.

Pero la bronca mayor le sale a Federik al recordar lo que sucedió la tarde del 6 de agosto de 2004: “Lo sumamente desfavorable para la causa fue la muerte de Lencina. Es una cosa muy muy jodida. Pero además muy mala para la investigación del caso de Fernanda. Cuando nos enteramos de eso que yo estaba en el despacho del fiscal federal. Se armó una pelotera bárbara y ahí me enteré que había muerto. Después eso tuvo su investigación donde nos no participábamos”.

En la sentencia del juicio que condenó a Mirtha Cháves, los jueces José María Chemes, Hugo Perotti y Ricardo González, concluyeron algunos puntos para destacar:

*“En relación a las expectativas que teníamos de que el contradictorio oral, por su propia dinámica, pudiera develar cuál ha sido el destino de Fernanda Aguirre, es indudable que se han visto defraudadas (…) La circunstancia de no haberse encontrado a Fernanda después de tanto tiempo resulta desalentadora. Las esperanzas de que algún miembro del clan Lencina se conmoviera con la situación y –si es que lo saben- aportara algún dato cierto se han evaporado, ya que ha sido imposible pretender que abandonen sus discursos contradictorios o sus silencios.

*Las urgencias políticas por una rápida solución para evitar un conflicto social con resultado incierto, hicieron en este caso que algunos funcionarios policiales actuaran sin profesionalismo ni apego a las reglas del proceso, favoreciendo el ingreso –a sabiendas o por torpeza- de una serie de testigos impresentables, o alentando hipótesis insostenibles, que solo lograron por momentos enturbiar el esclarecimiento del hecho.

* Ha perdido asidero casi por completo la posibilidad de que niña secuestrada haya sido víctima de una red de prostitución, toda vez que ninguno de los datos aportados al respecto ha sido corroborado mínimamente.
 

Comentarios