La Provincia
Jueves 13 de Agosto de 2015

El resultado del domingo generó debate en el FPV

El comportamiento de los votantes de boletas cortas del oficialismo y la escasa ventaja lograda en algunos distritos generó malestar  

Carlos Matteoda/ De la Redacción de UNO
cmatteoda@uno.com.ar

Habiendo logrado la fórmula de Gustavo Bordet y Adán Bahl el 44,3% de los votos emitidos el domingo, parece bastante claro que les bastaría sumar tres o cuatro puntos porcentuales para imponerse en la elección general del 25 de octubre. La incógnita solo se develará ese domingo por la noche, pero si uno observa los resultados de las primarias, con el caudal de votos divididos en seis alternativas, resulta lógico pensar que si el oficialismo mantiene sus votos -y no aparece a primera vista un motivo para que los pierda- y suma tres o cuatro puntos porcentuales de los 26 que correspondieron al voto en blanco, está a un paso del triunfo.
Según el escrutinio provisorio el Frente para la Victoria obtuvo el 44,33% (279.000 votos aproximadamente), la alianza Cambiemos el 35,79% (225.000 votos), Unión Popular el 16,23% (102.000), la Alternativa Progresista Popular el 2,48% (15.500) y la Nueva Izquierda el 1,17% (7.300). El voto en blanco, en tanto, significó el 26,13% (126.800 votos aproximadamente).
Si en los comicios de octubre el porcentual de votantes en blanco se redujera un 10% -tomando como indicador válido el 9,85% de voto en blanco de las elecciones generales de 2011 en la categoría gobernador- y los otros 16 puntos porcentuales se distribuyeran entre los diferentes partidos, al peronismo le bastaría captar 4 de esos 16 puntos para asegurarse el triunfo, aunque los 12 restantes fueran para el candidato de Cambiemos Alfredo De Ángeli.
Por supuesto que esto no es una cuestión de matemáticas, pero el ejemplo sirve para explicar porqué el oficialismo puede ser optimista al respecto con el resultado en esta categoría electoral. Tal como publicó UNO el lunes, se entiende que muchos votantes de las boletas cortas que compitieron dentro de la interna del FPV sufragaron en las categorías de intendente y concejales, y no lo hicieron para cargos provinciales y nacionales, computándose ese voto como blanco.
Si se suman los votos de las boletas cortas en toda la provincia, constituyen una masa muy importante y resulta razonable pensar que de esos votantes, cuando el oficialismo tenga una sola boleta, varios mantendrán a su opción por el FPV, y la fórmula Bordet -Bahl se garantizaría los votos que le faltan.
Sin embargo, en una fuerza política que pretendía definir la elección en las primarias, lo ocurrido desató al menos una discusión sobre determinadas decisiones. ¿Qué hubiera pasado si todos los candidatos justicialistas hubieran podido pegar con la lista oficial provincial y nacional? Posiblemente el volumen de votos en blanco sería la mitad o menos del registrado, como sucedió en otras categorías electorales.
Es cierto que antes de las primarias hubo pocas voces que se animaron a plantear su disidencia con el criterio restrictivo del pegado de boletas, con excepción de los directamente afectados. Ahora es más sencillo analizarlo, pero no por eso ha dejado de ser motivo de arduas deliberaciones dentro del oficialismo.
Los votos del massismo
Más allá de que resulte muy poco probable que la hipotética repartija de esos 16 puntos de votos en blanco sea tan beneficiosa para Cambiemos, hay que considerar también que el reparto no será solamente entre macristas y oficialistas. La tercera alternativa más votada, la que integran Adrián Fuertes y Jorge Busti, también saldrá a la búsqueda de esos votantes; al menos de los que no encuadren en la supuesta fisura de la interna oficialista (explicada más arriba) generada por la negativa a pegar con la boleta oficial.
Fuertes sostuvo que tras haber logrado la confianza de más de 100.000 entrerrianos, ahora intentarán seducir a buena parte de los 126.000 que votaron en blanco y a los que no fueron a votar. “Hay un universo de por lo menos 300.000 entrerrianos que pueden cambiar el escenario en un abrir y cerrar de ojos”, se entusiasmó el villaguayense.
Cuanto menos, estas declaraciones indican que el sector no da nada por perdido, y que si eventualmente quiere constituirse en un polo legislativo y también pelear algunas intendencias, tendrá que profundizar su campaña. Cuenta a su favor con la mejoría que experimentó durante las últimas semanas la figura del candidato presidencial Sergio Massa, quien sosteniendo definiciones políticas un poco más firmes, parece haber revertido la idea de la supuesta polarización entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, una idea que militaron con fervor los principales medios de comunicación enfrentados con el kirchnerismo.
Con Massa en levantada, el peronismo no kirchnerista en Entre Ríos podría tener por delante un escenario de mejoras. O cuanto menos, resulta arriesgado sostener la idea de una fuga de votos de ese sector, tal como lo hicieron durante estos días en off the record varios dirigentes de Cambiemos, explicando que el votante del binomio Fuertes-Busti está desilusionado con el resultado de las primarias y que por eso saldría a buscar otra expresión opositora para apoyar, lo que terminaría favoreciendo a De Ángeli.

Luces de alarma
Hasta aquí los argumentos expuestos podrían ser vistos como favorables para apuntalar las chances de Bordet de acceder al gobierno provincial; sin entrar a considerar la incidencia que eventualmente podría tener algún cambio de importancia en el escenario nacional, por el conocido efecto arrastre.
Sin embargo, luces de alarma se encendieron en el peronismo provincial cuando comenzó a observarse qué hubiera pasado si en vez de una interna, la del domingo hubiera sido una elección general. La oposición hubiera recuperado seis bancas de senadores (cinco Cambiemos y una el massismo) y también hubiera accedido a 16 escaños en Diputados (11 Cambiemos y cinco Unión Popular). Si bien es cierto que la amplia mayoría que el FPV tiene ahora en la Cámara baja no es el fiel reflejo del resultado de 2011, ya que seis legisladores electos por el bustismo regresaron al oficialismo; representaría un retroceso del resultado de 2011. Y más todavía si se analizan los números en municipios y juntas de gobierno.
De hecho, Cambiemos hubiera accedido al gobierno de algunas ciudades. Pero lo que más alerta a los peronistas es que las diferencias que surgen de la comparación del resultado de las primarias de ambas fuerzas, donde se impuso el FPV, es en general menor a lo esperado.
Esta circunstancia no pasó inadvertida en estos días para la dirigencia peronista. Se han analizado muchos resultados por estas horas. La principal incógnita se plantea en aquellos lugares donde la candidatura a intendente quedó en manos de quien pegaba con la lista oficial provincial, como ocurrió en Paraná o en Crespo. Tiene que ver con cómo sumar a esos electores en octubre. Si bien este planteo parece independiente del voto provincial de aquellos que en la primaria apoyaron alguna boleta corta, se considera que un error de estrategia en este sentido puede terminar afectando también lo provincial.
Si todos los candidatos a intendente del Frente Para la Victoria hubieran competido en igualdad de condiciones, pegando todos con la boleta oficial, hoy resultaría más sencillo convocar a los derrotados para apoyar al candidato ganador. Como eso no ocurrió, hubo lugares donde la campaña previa a las PASO tuvo niveles de enfrentamiento de los que ahora es muy difícil volver. Esa es la razón de la alarma encendida en el oficialismo.

Otras cuestiones
Hay otros carriles por los que también transita la autocrítica peronista, por ahora puertas adentro. Un aspecto interesante tiene que ver con la escasa discusión política promovida durante la campaña y la maximización de criterios publicitarios en su reemplazo. Esto pese a que muchos dirigentes consideran que tanto a nivel provincial como municipal los candidatos peronistas son los más preparados para el debate, en buena medida porque muchos están al frente de la administración.
El peronismo entrerriano parece haber caído en la cuenta de que después de 12 años en el gobierno de la provincia y de la mayoría de los municipios, se requiere ajustar la discusión política y poner a prueba los niveles de autocrítica para seguir manteniendo la confianza de los electores. Explican, recurriendo a la topografía, que esa suerte de meseta que se observa podría ser la antesala de un valle, si no se corrige el rumbo a tiempo.
Parece haber llegado un momento en el oficialismo en el que se advierte que así como no todas las responsabilidades electorales deben ser de Sergio Urribarri (sí las más importantes, por supuesto), tampoco deberían serlo todas las decisiones. Algo así como pensar que si bien a muchos les resultaba cómodo dejar todas las decisiones en manos del conductor del oficialismo, esa alternativa parece tener límites y llegó la hora de arremangarse para discutir y trabajar, así no lamentarse después.
En Bovril, un histórico que quiere volver
El exintendente de Bovril, exdiputado nacional y exsenador provincial Carlos Daud fue electo finalmente como candidato del FPV en esa localidad del Departamento La Paz.
Si bien la derrota en las PASO del intendente de Santa Elena Domingo Daniel Rossi en su intento por ser nuevamente candidato a ese cargo por el oficialismo fue la noticia más saliente del Departamento; el triunfo del histórico dirigente peronista no le va en zaga.
La particularidad de esa elección es que el peronismo ofreció siete precandidatos: Fernando Díaz, Franco Tomé, Bernardo Tomé, Sergio Hartmann, Bruno Luque, Jorge Sauer y Daud.
En Cambiemos se impuso el actual intendente radical Alfredo Blochinger, quien de inmediato salió a criticar al candidato peronista.




 

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