La Provincia
Domingo 14 de Junio de 2015

El recuperador de libros antiguos y sus nuevas criaturas de papel

Juan Pablo Vicentín tiene un oficio particular: le devuelve la vida a los títulos perdidos.  

Pablo Felizia/De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar


Juan Pablo Vicentín conoce de papel, de cueros y cuerinas, de cartones y lomos, de instrumentos para medir, marcar y cortar, de pastas y pegamentos para trabajar, sabe la historia escrita en las páginas que arregla y la vida del autor que les dio nacimiento: esas son sus herramientas para devolverle la vida a los libros antiguos y perdidos, a los olvidados en estantes polvorientos.

El joven es de Paraná y vive en una casa construida, dijo, en 1918. Tiene 31 años y se abrazó, hace siete, a un oficio tan particular como el de recuperar libros y transformarlos.

No es un conservador preventivo que son casi científicos y estudiosos hasta del origen del entramado de una hoja para arreglarla. Tampoco, sostuvo, es un encuadernador artístico. Sin embargo, cada día encara una tarea distinta, poco común y particular. “Mi trabajo es menos complejo y exigente, es casi un juego”, dijo a UNO la mañana de ayer en su taller. De fondo había jazz en una radio on line y sus dos perros acompañaron la entrevista.

Vicentín es el creador de Mosaénicas, todo un emprendimiento que no solo le permite pagar impuestos y el alquiler; parece haberle dado un sentido, un lugar en el mundo.
Cuando le llega un libro destartalado, en agonía, lo primero que hace es dar un diagnóstico, evaluar el deterioro. Después le pregunta al cliente qué quiere hacer y le da opciones, posibilidades de utilización de distintos materiales y alternativas en el precio, como la medicina necesaria para volver a poner al ejemplar en funcionamiento. También hace registros fotográficos para no perder ningún detalle de las condiciones en las que llegó ese original y proteger su esencia. “Empecé de muy joven fascinado por la lectura”, señaló, y agregó como premisa: “Quien practique este arte, este oficio, no puede dejar de lado ese aspecto; tiene que conocer aquello que interviene”.

Pasaron los años y leer pareció no haberle alcanzado. Había algo en el contexto, en esos detalles que hacen al libro, en las tapas y los lomos, que lo volvió un explorador de esos detalles. “Para mí, es el libro como objeto, es casi un amor obsesivo y en particular las ediciones antiguas. Aunque parezca exagerado, me late el corazón cuando me encuentro con una de ellas. El rescate es así”, confesó.

Pero su oficio, para él es como un juego siempre alrededor del libro, de los cartones, la pasta y las herramientas. “Gracias a los dioses puedo vivir de esto. Es una lucha diaria porque hay que estar y como todo trabajo independiente tiene sus pros y sus contras. Acondicionar un libro desde cero, lleva su tiempo”.

Cuando empezó a prestarle atención a aquello que envuelve a un título, a las encuadernaciones, quiso aprender las técnicas básicas convencido de que iba poder después, integrar en ellas todo el ingenio. Hizo un curso, rearmó los primeros ejemplares y ya nunca más paró. En el camino también investigó en la búsqueda de hacer algo diferente. “Mi tarea es recuperar las ediciones perdidas dejadas en un rincón y con deterioro para volverlas a poner en la mano del lector con un formato artístico”, destacó.

Hoy y desde hace cinco años es recuperador de libros en la Biblioteca Popular del Paraná, paraíso, con más de 90.000 títulos. Trabaja con aquellos que entran y salen, los calientes, los que tienen trajín y manoseo diario. Además y desde un tiempo encuaderna las revistas Caras y Caretas que posee la institución: una colección cuyas publicaciones van desde 1905 a 1930. “Son muchos números. Lo que hacemos es agruparlos y transformarlos en grandes libros para el archivo. Es un trabajo que se hace de a poco”, contó.

Además de salir en la búsqueda de cuanta librería se le cruce por el camino, el oficio le dio amigos y clientes que siempre le acercan alguna donación, un título viejo cuya edición desesperaría no tener a cualquier lector empedernido, a todos los coleccionista de historias.

Distinto
Vicentín encontró en el camino la posibilidad de hacer estuches para los libros que trabaja. Son pequeñas cajas que abrazan el trabajo de restauración. Utiliza cartón de tres milímetros. Sobre el mismo impregna una mezcla de cola vinílica y enduido plástico a la que le da forma en fresco, le aplica gráficas, dibujos, dorados o letras y los deja secar. El acabado final es con una pintura de color y un barniz.

Al que le gustan los libros y los cuida, desprenderse de uno lleva consigo un dolor. Jamás se abandonan y no se prestan porque la devolución siempre queda en falta. “Es muy difícil. Me cuesta muchísimo hacerlo. Por lo general sé quién será es la persona a la que le va a llegar el material que me compró. A veces paso con el título hasta seis meses. Que luego queden en buenas manos es una tranquilidad. Me gusta que pueda ser disfrutado por otro, eso hace que sea más leve y más fácil la despedida. Es que trabajo de esto y si quiero seguir no me queda otra que desprenderme. Esto me hace feliz”, contó Vicentín.

Mosaénicas Criaturas de Papel es el nombre del Facebook donde ofrece lo que hace, y explicó: “Es un anagrama compuesto con el nombre de un personaje de un libro con el cual me sentí muy identificado cuando era chico. Es para mí una fuente de luz, de energía que da fuerza,en este caso a todos los libros y en especial a aquellas ediciones antiguas que han sido golpeadas por el paso del tiempo”.

Su propuesta entonces, es la de recuperar esos libros que parecían moribundos, pero que cualquier lector quisiera tener en su biblioteca. Vicentín los vuelve a poner en la cabecera y lo hace de manera artística, de colección.
Algunos títulos que aún están en exposición
En su taller de Montevideo, Juan Pablo Vicentín, tiene una edición de bolsillo de los Crímenes de la Calle Morgue de Edgar Allan Poe, traducción de Julio Cortázar de Editorial Alianza. La misma cuenta con uno de esos estuches artísticos con la imagen del autor y por supuesto, el ejemplar no está a la venta.

“Trato de no rescatar cualquier tipo de ediciones, tienen que tener algo puntual que la haga interesante porque son trabajos con los que les extiendo la vida”, dijo el recuperador.

También hay un Frankenstein de Mary Shelley de 1947 halagado por amigos y conocidos. Asimismo, y fue un regalo para su pareja,encuadernó todos los fascículos que publica la Biblioteca Popular desde 2010 hasta 2013.

Una de sus obras más importantes es un Mafalda Inédita que presentó en la Feria del Libro de Paraná de 2014. Alguien pasó, la compró y la dejó en exposición. “Es para una amiga de esta persona que vive en Marruecos, así que en cualquier momento, este libro viaja para allá. La verdad, la miro con melancolía porque se va y ir lejos, pero esto es lo que hago”, remató Vicentín.




 

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