Mauricio Macri
Jueves 14 de Julio de 2016

El que no hace palmas

No aguanta la gira. En 2009, Hugo Chávez estuvo en el centro de la crítica de los medios hegemónicos al sugerir a los venezolanos tomar duchas de no más de tres minutos para ahorrar gas y agua: "Yo lo he contado: tres minutos es más que suficiente; no quedo hediondo. Un minuto para mojarse, otro para enjabonarse y el tercero para enjuagarse. Lo demás es un desperdicio", había dicho el predecesor de Nicolás Maduro, que fue ridiculizado hasta el cansancio por enviar un mensaje bastante parecido al de Mauricio Macri el lunes, tras volver a reclamarle ahorro a la sociedad.

Cuando apenas nos reponíamos del "Querido Rey" y del "Estoy cansado por la gira", el presidente de la nación se despachó con un "No podemos andar en patas y remera por la casa". Con el gag servido en bandeja, las ironías, los memes y los tweets ácidos en las redes sociales no se hicieron esperar y así transcurrió el día.

Es tanto el material "de color" que ni los medios, a veces ni las redes sociales pueden seguirle el ritmo. Es que Mauricio Macri a menudo se transforma, solito, en una horrible canción de Ignacio Copani, llena de rimas fáciles, de lugares comunes y porteñismos de los más desagradables. Teniendo en cuenta que el primer mandatario se encuentra secundado por el mejor equipo en los últimos 50 años, ¿no es sospechoso que incurra en errores de esta talla?

El ahorro de energía es una necesidad urgente e innegable. Sabemos que el mundo ha abusado de los recursos y que debemos reeducar en el uso racional de ellos, incluso intentar con energías limpias. Pero el consejo doméstico sobra, tratándose del invierno más frío en 60 años, con el gas más caro que se recuerde. La respuesta es sí. Hacer que el ridículo tape el espanto parece ser la fórmula. Instalar no-temas obnubilando las discusiones de fondo parece ser la estrategia para disfrazar una idea de país apenas delineada con frases de libro de autoayuda. Dejar que los funcionarios hagan el ridículo para llenar de discusiones banales la agenda diaria, aun en desmedro de la investidura presidencial.

Aquel entusiasta "¡Se puede vivir mejor!" que el Macri mejor coucheado declamaba de memoria en 2015, esta semana se convirtió en un antipático: "Consumimos como un país rico", tal como dijo en conferencia de prensa el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, en el marco del anuncio al tope del 400% a las tarifas de gas, un tope que supera al menos 10 veces el aumento de los salarios. Y es que donde el Gobierno intenta instalar un problema de tarifas, se esconde una política de ingresos que le da la espalda a las familias que menos tienen.

En enero, mientras el Gobierno levantaba el cepo al dólar y se preparaba para el anuncio de la eliminación de retenciones para las mineras, Patricia Bullrich se paseaba frente a las cámaras disfrazada de Cocordrilo Dundee, causando entre vergüenza ajena y desconcierto. Más adelante pasaríamos una semana ahogados en el debate estéril de la ballena al revés del billete de 200. Y las dos pizzas de Prat Gay, que hoy ya son 10. Y Aldo Rico desfilando en los festejos del Bicentenario, pero nadie sabe cómo llegó ahí. No queda más que creer que se trata de simples errores del mejor equipo en 50 años, si es así, alguien les tiene que avisar que es aquí y es ahora, y que la paciencia se está agotando.


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