Hoy por Hoy
Domingo 31 de Julio de 2016

El proctólogo Sergio Urribarri

El congreso del peronismo de Paraná, hecho el miércoles en memoria de Evita, tuvo sus matices. Se puede evaluar como positivo que los principales referentes del PJ capitalino se hayan juntado a debatir. No sucede a menudo, y desde ese punto de vista es un logro de la nueva conducción.

Una pregunta posible, pasados dos o tres días, es cómo ven los paranaenses esta situación. Ahora, puede importar más o menos, pero al fin de cuentas son los que votan a los dirigentes . Es cierto, y no es ninguna novedad, que a la dirigencia peronista de Concordia siempre le sirvió la atomización del peronismo paranaense. Que a los compañeros de Concordia -que tienen la "virtud" de las lógicas verticalistas- con cerrar siempre el Departamento y arreglar con un sector de Paraná ya le resulta suficiente para llevarse las mejores candidaturas, y si ese cierre se hace con la costa del Uruguay completa, es muy difícil empardar esa estructura de poder.

Esa situación se reitera desde hace años. De los discursos del miércoles surge, como una opinión mayoritaria, que es lo que ocurrió a principios de junio de 2015, tras su baño de humildad, cuando el entonces conductor del PJ Sergio Urribarri pidió declinaciones en nombre de la unidad. ¿La dirigencia que ahora patalea no lo advirtió en ese momento?, es casi la pregunta obligada. Esa dirigencia acató las reglas. ¿Qué fue de la vida Fabiana Domínguez, la maestra rural de Colón que Urribarri incluyó en la lista de candidatos a diputados de 2013? La lista se anunció un 22 de junio al mediodía y la mayoría de la dirigencia no la conocía. Dicen que Urribarri la publicó en Facebook cuando iba en auto hacia el acto. No hubo quejas. Es decir que lo del año pasado no fue nuevo, y entonces cualquier paranaense que escucha de estas discusiones bien puede pensar que si los favorecidos hubiesen sido otros; no Gustavo Bordet para candidato gobernador o Blanca Osuna para la presidencia municipal, el miércoles hubieran estado ambos hablando de los costos de haber contribuido a la unidad que decidió uno solo.

La visión casi heroica de aquellos desistimientos mutó en decepción en Paraná cuando la aplanadora de Varisco sepultó debajo de varios miles de votos las pretensiones del PJ. Es cierto que parte del peronismo estaba en otros partidos, y también que alguna dirigencia de Paraná no vio con malos ojos la derrota, esperando una renovación. No parece imperar en el peronismo de la capital entrerriana la idea del retiro de esos dirigentes, sino más la idea de que se junten y se atalonen; tal vez porque debajo de esos árboles no crece ni la gramilla; y la renovación no se observa. Los discursos del miércoles solo pueden interpretarse en ese contexto, porque el común de los paranaenses puede suponer razonablemente que el club de los no favorecidos por el dedo conductor de Urribarri hubieran podido no acatar la indicación y seguir en carrera. Al beneficio de la duda, en el caso de la intendencia, lo tienen Gastón Grand o Daniel Elías, que no se bajaron. El resto aceptó las reglas. Por eso es buena la autocrítica, y llama la atención la ausencia de quienes más pregonaban el discurso de la unidad.

El sentimiento del peronista paranaense puede estar herido, pero no por culpa de Varisco justamente. Un dato llamativo, si se quiere, es que el discurso más aplaudido fue el de otro aspirante a la presidencia municipal que participó de la interna, Rubén Almará, quien cerró su participación con una expresión que no por conocida deja se ser elocuente. "No nos defrauden más, porque estamos cansados de que nos metan el dedo en el culo". Claro, para quejarse ahora no habría que haber dado oportunamente el consentimiento.

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