La Provincia
Domingo 25 de Octubre de 2015

El primer comicio sin Sergio Montiel

Referencia gravitante de la vida política entrerriana, hoy la UCR ya no lo tiene como consejero

Sergio Alberto Montiel, el último caudillo radical, conjugó con un estilo de fuerte impronta personalista alguno de los principales ideales que el centenario partido desplegó a lo largo de su historia. Su muerte marcó un antes y un después en el recorrido reciente del movimiento en la provincia, y las crónicas dirán que será la primera elección donde no estará presente físicamente. El anterior comicio lo siguió recluido desde su casa en el Parque Urquiza de Paraná, haciendo gala de su pasión por la realidad política, pero con su salud minada por una enfermedad con la que batalló durante varios años. Finalmente su vida se apagó el 1 de noviembre de 2011, producto de un paro cardíaco. Odiado y amado con la misma intensidad, Montiel gobernó la provincia de Entre Ríos en dos períodos constitucionales. Su primera gestión quizás es la más recordada (1893-1987), ya que fue el primer mandatario electo después de la recuperación de la democracia. Asumió en ese cargo a los 56 años con una vasta trayectoria política sobre sus espaldas. Nunca le tembló el pulso a la hora de tomar decisiones, ni tampoco le importó si por ello la provincia debía pagar las consecuencias. De un perfil claramente estatista, en su gestión política Montiel lo plasmó con acciones concretas, lejos de la receta neoliberal.

Odiado y amado

En 1985 impulsó junto a la Dirección de Prensa del Gobierno de Entre Ríos la creación del primer canal de televisión de aire entrerriano que fue bautizado como TVER Canal 9. Otro de los hitos montielistas fue el trazado inicial de la obra del gas natural. También fue un visionario en materia de comercio exterior, ya que en plena primavera alfosinista el mandatario le vendía arroz a Irak. De la misma manera puso sus ojos en la región caribeña y siguiendo su intuición logró convenios estratégicos con Venezuela para intercambiar arroz por gasoil. En su haber también se deben contar la creación de la tarjeta Sidecreer y de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader), dos claros ejemplos de su avanzada estatalista. Dos proyectos, que echaron raíces y que, si bien enfrentaron dificultades con el paso del tiempo, lograron consolidarse con los diferentes cambios de gestión.

Así como se lo elogió por ser una permanente usina de ideas, con la misma vehemencia se criticaron algunas de sus medidas que lo distanciaban de la gente. Contra cualquier previsión, compró el frigorífico Santa Elena, mientras que durante su segundo mandato hizo lo propio adquiriendo el casino, el hotel Mayorazgo y el avión presidencial Tango 04 para la empresa aérea estatal. De esta manera impuso un estilo de hacer política, con una fuerte inclinación a la participación del Estado en la economía.

Quizás la página más negra del gobierno del radical haya sido la represión, al mando del ministro de Gobierno Enrique Carbó, que se cobró la vida en diciembre de 2001 de Eloisa Paniagua, Romina Iturain y José Daniel Rodríguez.

El juicio político que no fue

La fuerte embestida de varios legisladores de la oposición y algunos oficialistas, motorizando un juicio político que no pudo ser, se quedó en el intento por el histórico voto negativo del diputado Félix Del Real. El resultado de la votación fue de 18 a 3, lo que impidió que el gobernador fuera enjuiciado en el marco de un contexto político signado por acuerdos subterráneos y permanentes negociaciones como telón de fondo. Corría el año 2002 y Montiel salvaba el pellejo, pero restaba credibilidad a poco de concluir su último mandato como gobernante.

Exitoso en las urnas

Lo que no se lo puede achacar al dirigente nacido en Concepción del Uruguay en 1927 es tener bajos rendimientos en las urnas cuando se presentó como candidato a gobernador. Tanto en las elecciones de 1983 como de 1999 obtuvo triunfos contundentes que lo posicionaron como el más importante elector del radicalismo desde mediados de la década del 60 a la fecha. En la victoria de 1983 se impuso a Dardo Blanc con el 49,4% de los votos, y en 1999 derrotó a Héctor Maya con el 49,11%. Se trata de guarismos que muestran el grado de adhesión que tenía entre los entrerrianos, ya que incluso en las derrotas su postulación lograba siempre la preferencia de al menos cuatro entrerrianos de cada 10 que iban a votar.

Muchos de los que compartieron su forma de hacer política lo definieron como un estadista, un visionario que estaba adelantado a su época, de un bagaje intelectual que lo diferenciaba del resto. De todos modos para la mayoría de los entrerrianos la contracara haya sido la emisión de bonos Federales, una medida asociada a su última gestión y que al igual que en otras provincias atentaron contra la capacidad adquisitiva de los asalariados.

Hoy, muchos correligionarios que vayan a votar y, porqué no, dirigentes identificados con el Partido Justicialista, seguramente recordarán la figura del siempre vigente caudillo, hoy ausente físicamente pero que con su forma de conducir trascendió más allá de las confrontaciones y ya es parte protagónica de la historia política de la provincia.

Hijo dilecto de la masonería

Muy pocos los sabían, pero Montiel desarrolló durante su vida varias pasiones. Una de ellas fue la masonería, una actividad poco convencional que lo tuvo como hijo dilecto presidiendo la logia Asilo del Litoral  18, siendo venerable Maestro. Conjuntamente trabajaba en la logia Justo José de Urquiza, se pudo conocer.

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Moine, de Paraná a la cúspide del poder 


Ajuste. El gobierno de Moine es recordado por la ley 8706.

Mario Armando Moine resultó ser el 45° gobernador electo de la provincia de Entre Ríos desde que se sancionó la constitución provincial en 1860. Sucedió en el cargo a Jorge Busti el 10 de diciembre de 1991 y mostraba como antecedente inmediato haber sido intendente de Paraná entre 1987 y 1991. Desde el 83 en adelante fue el único gobernador peronista de la costa del Paraná que ocupó la primera magistratura.

Se puede decir sin temor a equivocaciones que repartió su tiempo entre sus dos pasiones: la política y la actividad empresarial. Al Tato, como lo llamaban sus allegados, le tocó gobernar en pleno apogeo de la etapa menemista y su gestión no fue ajena a las políticas de ajuste implementadas en aquella época. En su momento defendió esas medidas porque “el Estado es un pésimo administrador” en todos los órdenes. Así, el mandatario justicialista avanzó con la privatización del Banco de Entre Ríos y la Empresa de Energía, a las cuales les atribuía desequilibrios financieros. 

Pero aquello era la punta del iceberg de algo más doloroso en materia de ajuste: la variable fue el recorte en la planta de personal de la administración pública. A esa medida Moine la efectivizó a través de la ley 8706, aunque en realidad todo se había diagramado a través de un instrumento poderoso: el Informe Domenicone, redactado por funcionarios nacionales del equipo de Domingo Felipe Cavallo.

De Tabossi al poder

Inició su vida política a los 36 años, pero casi en silencio dejó los hábitos a los 57. Sin la militancia tradicional de cualquier cuadro peronista, el Tato hizo un fuerte trabajo social de base en el barrio Maccarone. A mediados de los 70 junto al padre Alejandro, se convirtió en el gestor de varias obras de beneficencia, entre ellas un plan habitacional para 20 familias en calle Ambrosetti. El empresario asumió en varios reportajes que no tenía una historia dentro del peronismo, ni tampoco vivió en carne propia la dictadura cívico-militar que se encargó de perseguir y encarcelar a varios de los que fueron sus compañeros desde que se restauró la democracia. Había nacido en Tabossi en 1949, donde junto a sus hermanos forjó sus valores y aprendió los secretos de la vida en el campo. Moine también pasó algunos años de su infancia en la localidad de Maciá, en el Departamento Tala. Como en una vorágine accedió a la cima del poder, y casi sin quererlo fue cediendo terreno hasta retirarse en silencio, fiel a su estilo.

Asalto, Hermanitos y vida social

Moine fue víctima de un hecho de violencia en mayo de 2002. Lo asaltaron en avenida Don Bosco de Paraná, cuando buscaba materiales de herrería para continuar con la construcción de uno de los hoteles de su propiedad. Una patota lo atacó propinándole dos heridas de arma blanca: una en el rostro y la otra en el abdomen. Fue intervenido quirúrgicamente en la clínica Modelo con resultado satisfactorio.

En esa oportunidad no fueron pocos los dirigentes políticos de diferentes extracciones los que desfilaron por los pasillos del centro médico para conocer el estado de salud del contador. 

Dedicó buena parte de su vida a la actividad comercial, construyendo uno de los emprendimientos del rubro que dejaron huella en la ciudad de Paraná: la cadena de Supermercado Los Hermanitos, que fue la antesala de la posterior radicación de los hipermercados de origen multinacional.

Luego vendió esas sucursales a la multinacional Norte para invertir en la construcción de hoteles y para dedicarse al turismo, su actual actividad. En la actualidad es dueño, junto a sus hermanos, de la franquicia santafesina de la cadena internacional del hotel Holiday Inn.En materia política, se recuerda su participación como congresal constituyente en la reforma de 1994. Y en la función pública mantuvo intensas discusiones con el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo, de quien terminó siendo admirador. 


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