La Provincia
Domingo 03 de Abril de 2016

El PJ renueva sus autoridades en un escenario atípico

Peronistas. La escasa convocatoria que se pronostica para los comicios de hoy no alcanza a disimular el debate en el peronismo sobre cómo llevar adelante el rol de oposición nacional y en varios municipios

Carlos Matteoda/ De la Redacción de UNO
cmatteoda@uno.com.ar


Mucho se habló y escribió en los últimos días sobre la escasa expectativa generada en torno del recambio de autoridades del Partido Justicialista de Entre Ríos. Sin la intención de desdeñar ese dato de la realidad, bien puede plantearse que el desafío que subsiste para esa fuerza política es interpretar qué rol espera la sociedad que tenga.

Tal vez la superficialidad y el desgano que se dio en el proceso electoral que desemboca en los comicios de hoy sea producto de la falta de gimnasia de los principales referentes partidarios, de la insidia de los medios o del clima social que acompaña al gobierno macrista. O de todo eso junto. El PJ que hoy va a elecciones viene de ser oficialismo nacional, provincial y en las principales ciudades entrerrianas durante 12 años (2003-2015); viene de lograr victorias electorales históricas, como la del 57% en 2011; y de tener representaciones legislativas altamente mayoritarias.

También es el PJ en el cual el dirigente que ganó tres veces las elecciones provinciales (sin cláusula de reelección) ahora está en otro partido; es el PJ donde no hay congresos con debate prácticamente desde el siglo pasado; y es el PJ donde la renovación dirigencial es más que nada una cuestión hereditaria, porque los jóvenes destacados son fundamentalmente los “hijos de” algún dirigente destacado.

Este justicialismo que goza los beneficios de ser gobierno desde 2003, también carga con el desgaste que esto implica. Es el PJ donde muchas veces con la palabra “conducción” se disimulan los alineamientos interesados, los caprichos del mandamás de turno y las subordinaciones a las billeteras más importantes.

Nada nuevo, posiblemente. Pero es necesario no perderlo de vista a la hora de evaluar los comicios de hoy.

La herramienta electoral
Muchas veces se ha dicho que el peronismo es un movimiento y el partido es la herramienta legal para competir en las elecciones. Uno claramente puede disentir con esta afirmación y pensar que un partido político tiene más funciones; pero para el peronismo entrerriano esta ha sido la situación de los últimos años, tal vez desde el 83 a esta parte.
Puede especularse hoy acerca de porqué Gustavo Bordet decide ser el candidato a presidente del partido, aunque resulta una situación bastante normalizada, y entonces se termina discutiendo sobre porqué no habría de serlo.

Lo que no se ha discutido públicamente es cómo será el rol del PJ en los próximos meses. Se discutió sí del horario de votación, y hay que reconocer que la reducción de las horas habilitadas no parece una decisión afortunada, ya que en algunas departamentales no hay lista única como a nivel provincial. Por supuesto que eso no va a cambiar el resultado. No he encontrado ningún peronista que crea que la elección vaya a ser siquiera presentable en cuanto a la afluencia de votantes. Pero esa es una discusión menor, que tal vez ni a discusión llega.

Lo que sí parece el desafío del PJ es cómo afrontar su rol de oposición, un rol en el que no puede despegarse de su pasado inmediato. Por ejemplo, en el caso de la capital provincial, se plantea la incógnita acerca de cuál va a ser el perfil (crítico, se entiende) de la departamental Paraná.

Para eso sería necesario saber si haber acordado una lista de consenso entre los sectores más numerosos (competirán tres) fue solo una forma de saldar un requerimiento jurídico, ya que si el PJ no cumple el trámite del recambio de autoridades se expone a una intervención; o si ese consenso mayoritario se logró tras haber discutido un plan de acción como fuerza política opositora.

Dos miradas
Durante estos días pareció haber dos miradas acerca de la elección interna partidaria de hoy.
Por un lado, estuvieron los que entendieron que solo se trata de sortear un “escollo” jurídico, para lo cual se conformaron las listas de unidad en algunos casos y de consenso en otros; pensando que de acuerdo a los tiempos del gobierno provincial y de los gobiernos municipales en manos del PJ no es momento de andar peleándose (todavía). Que la definición hacia adentro del partido del poder político territorial puede esperar, cuanto menos, hasta el armado de las listas legislativas del año que viene.

Por otro lado, estuvieron los que interpretaron que resultaba necesario un proceso de debate para vigorizar al PJ en su rol opositor, del que estaba olvidado en los últimos tiempos. Son los que entendieron que el eje de esta elección debía ser el aggiornamento del partido, ponerse al día con el mandato de las urnas: ser oposición a nivel nacional y en muchos municipios, y ser un oficialismo condicionado (si se lo compara con los 12 años anteriores) en la provincia.

Entiendo que hay una opinión bastante generalizada dentro del PJ acerca de que no resulta constructivo enredarse en la discusión sobre quienes tienen que hacer la autocrítica por la derrota electoral, en los términos “vos sí y yo no”, o “En Concordia ganamos, que se fijen los de Paraná porqué perdieron”, como se escucha decir a varios funcionarios del bordetismo venidos de la otra costa.

Es obvio que esa lectura interesada, que coloca el pago chico por encima de la realidad provincial, hoy es poco conducente, porque está claro que la ajustada victoria del PJ por la Gobernación tuvo gusto a fósforo.

Pensar lo contrario es suponer que los casi 30 municipios en manos de Cambiemos fueron solo un problema de los peronistas de esos municipios. Así como Mauricio Macri ganó raspando la Presidencia, la victoria provincial fue ajustada y la ventaja histórica de Concordia no existió pese al direccionamiento preferencial de recursos que se verificó en los años de la gestión de Sergio Urribarri. Pocos pueden sacar pecho en esta instancia.

Pero que haya cierto nivel de acuerdo en esto, en que “nadie se salva solo”, no implica haber definido cómo llevar adelante el nuevo rol partidario.

Tal vez la decisión de Bordet de ejercer la presidencia del PJ provincial apunta a esa complejidad inédita en la que está el oficialismo entrerriano. Tal vez apunta a responder a la demanda de un partido que ejerza su rol opositor sin enfrentar ciegamente al gobierno provincial con el nacional, teniendo en cuenta que la tan mentada “buena relación con la Nación” termina siendo muchas veces un dispositivo de apriete hacia las administraciones provinciales, especialmente los de signo contrario a Cambiemos.

Tal vez en definitiva también apunte, en definitiva, a ejercer un liderazgo en un complejo escenario donde los gobernadores tienen que hacer equilibrio, pero no solo con Macri y su gabinete, sino con la sociedad, sus expectativas y sus desencantos respecto del gobierno nacional.

Ese equilibrio es parte del desafío de la estructura que se llama PJ. Se puede aceptar y trabajar para canalizar las demandas de los entrerrianos, especialmente en el rol de oposición nacional y municipal; o cerrar con llave, hasta que haya que presentar listas para las próximas elecciones.

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