La Provincia
Lunes 10 de Agosto de 2015

El periodismo y la política ante un reto

Análisis de la ausencia de oportunidades de grupos no partidarios, y de partidos chicos, para llegar con ideas y propuestas al electorado, y de las responsabilidades compartidas

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar


¿Qué aporte haríamos a manera de servicio a la comunidad, en una jornada electoral cuando pasan las horas y no se tiene un solo dato del escrutinio?

Primero: quitarle tensión al asunto. No todo es política. Dentro de la política los partidos son una porción, y las elecciones una parte menor. Así, pocas de nuestras inquietudes comunitarias o familiares dependen realmente de lo que suceda en estas horas, ni del Estado.

Dicho esto, no cargaremos todas las responsabilidades sobre los políticos, ni los libraremos de su deuda en la necesidad de superar el deterioro de la salud de las instituciones.

Con indiferencia

Los candidatos ganadores, emparentados en el conservadurismo más o menos populista, saben que hay personas muy serias y organizaciones que denuncian una situación socio económica de biocidio y genocidio en la Argentina. 

Entre un diagnóstico saludable y una condición así hay toda una gama. Con el éxito electoral parecen acreditarse un margen para no dar respuesta, es decir: los victoriosos entienden que les conviene la indiferencia, el cerrar la boca.

Claro que las elecciones serán en octubre. ¿Hay que esperar una arremetida de asambleas y organizaciones sociales, para pedir precisiones a los candidatos? Como puede apreciarse, eso depende de las asambleas y otras organizaciones.

Ahora, fuera del tema elegido aquí, el genocidio (por químicos cancerígenos en la agricultura, transgénicos, megaminería, fracking), ¿qué tema ha sido puesto sobre la mesa en verdad por los candidatos de partidos mayoritarios? ¿Y por los periodistas? ¿Y por las organizaciones? En verdad que las PASO son un canto a lo insustancial.

Buena voluntad

Se cuentan por miles los argentinos, mujeres y hombres, que cumplieron una meta intermedia en el ensayo electoral de ayer, después de enormes esfuerzos para sostener una idea. Esa voluntad merece reconocimiento. Si vamos a ser críticos del régimen no menospreciaremos por eso la generosidad de tantos.

Ya metidos en lo electoral, no diremos aquí si votamos a Víctor de Gennaro, Nicolás del Caño, Alejandro Bodart, Margarita Stolbizer, por nombrar cuatro de los candidatos prestigiosos, entre los que conocemos. Pero nos gustaría saber, de corazón, qué ocurriría si estos postulantes (por ejemplo) tuvieran las mismas posibilidades de presentar sus proyectos y su personalidad al electorado que los candidatos conservadores.

Otro mundo

Vemos en estos días competencias de nadadores, por caso. A la hora de lanzarse a la pileta lo hacen sin privilegios. En política eso no ocurre, y aún así llamamos “democrático” al modelo.

Hubiéramos votado a Amanda Asijak y a Félix Díaz a la presidencia. No los hallamos en las boletas. Estaban en una carpa en Buenos Aires a miles de kilómetros de su casa de La Primavera, escuchando consejos de los ricos y sus séquitos como ocurre desde hace 500 años. Es cierto que notables como Díaz y Asijak conocen los vaivenes del pragmatismo político, y están en cambio en una lucha  profunda que no admite jueguitos en torno de los principios y las tradiciones. Poco puede esperarse de la banalización de los asuntos del humano y la biodiversidad y las comunidades, promovida por la mezquindad de la competencia electoral que no registra a la verdad, la dignidad y la armonía del hombre en la naturaleza entre sus primeras cien prioridades. 

Pero insistimos: si las multinacionales ponen su capital, no será para que gobierne Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural. Por eso tampoco lo pudimos votar.

Por cada vez que los candidatos y demás ciudadanos mencionados arriba fueron nombrados en el televisor ya se habían escuchado mil veces los nombres de los conservadores. Los privilegios de los ricos son inocultables. Y es lógico: si los banqueros ponen el capital no será para que gobiernen los que prometen un millón de chacras en las tierras de los banqueros.

Y damos ese ejemplo, porque el millón de chacras es una propuesta concreta para el trabajo genuino y la dignidad, si se considera la preeminencia de la biodiversidad y la soberanía alimentaria. Cuando las propuestas existen nuestra obligación es subrayarlas. 

La propaganda

El asunto es que donde hay propuestas no hay difusión. Cuando hay “conque” no hay “enque”, se lamentaba Ángel Peñaloza.

El periodismo y la política generan parecidas expectativas, y exhiben un problema de difícil solución: ambos dependen de la propaganda.

Los políticos no debieran acordar con un sistema que permite a Juan dos horas diarias en la televisión y a María dos horas anuales. Pero esa no es la principal injusticia de la propaganda. Los que no están en partidos políticos alcanzan cero presencia, porque les fue vedada “democráticamente” la participación.

Y no hemos señalado aún la injusticia mayor: la propaganda, sea de candidatos u otros productos, ocupa el mayor espacio de los medios masivos, que invitan al consumo. Los candidatos que rechazan el consumismo con fundamentos soportan, entonces, la propaganda en contra durante las 24 horas del día.

El capital financiero aparece con máscaras diversas: hipermercados, bancos, exportadores, importadores, proveedores de insumos, servicios, patria contratista, medios masivos, candidatos, en fin. ¿Querrán los dueños de la cancha y la pelota dar el mismo espacio a los quieren expropiarles la cancha y la pelota?

Monstruo de tres cabezas

Existe la opción de visitar casa por casa. Un candidato estará en la puerta con suerte un rato por año y la propaganda estará el año entero adentro, incluso en las habitaciones.

En estos días aparece la publicidad de un banco a través de una simpática pareja. Es lo que se llama un lobo vestido de cordero. El padre juega con su bebé, “saco una  manito…”. La madre se va de compras: “saco la tarjeta…”. Aparte de la inaceptable discriminación negativa de la mujer, porque la presenta en el vicio del consumismo, nos interesa mostrar esto: los argentinos que estudian, firman documentos, luchan contra el consumismo y el crédito (incluso el que provocó del fraude de la deuda), ¿qué posibilidades tienen de presentarse en sociedad en el mismo espacio, para difundir ideas que alerten a la comunidad sobre ese monstruo que es el capital financiero? 

El monstruo tiene tres cabezas, porque maneja el dinero, se presenta como bueno con gran propaganda, y ha logrado que naturalicemos esa aberración. 

El engaño del capitalismo llega a tal punto que las familias se endeudan para comprar una pantalla y pagar el cable, en el que recibirán una promoción para endeudarse a través de la bella tarjeta. De paso esa pantalla les promocionará el juego de azar, por si quedara un resto.

Y bien: ese esquema sostiene la política y el periodismo. 

Vedados y chicos

Todos los días recibo en mi correo informes, estudios, alertas, de las decenas de asambleas que florecieron en el país y sus vecindades. Los ciudadanos se organizan por la biodiversidad, la economía sustentable, el ambiente sano, la recuperación de valores históricos, las luchas sociales, los símbolos.

Todos los días están, pero no en tiempo de elecciones. Hay algunos asambleístas candidatos, sin dudas, y partidos afines, pero esa vida de intercambios y de lucha común y entusiasmo sostenido y confianza mutua se diluye en tiempos electorales y da paso a partidos políticos espasmódicos que respiran con las candidaturas.

La política está desacreditada por los políticos. Los candidatos con mayores chances saben de su desprestigio, por eso se esfuerzan en explicar que “no vienen” de la política, como le escuchamos decir al candidato oficialista a presidente en sus salidas reiteradas por la televisión. Flaco favor a los jóvenes que quieren entrar al ruedo.

Dijimos que la política es más amplia que los partidos, y la vida es más amplia que la política. 

Los partidos mayoritarios no son únicos responsables del estado de mediocridad. Los partidos chicos padecen en su ADN el gen de la división. 

No han llegado aún a los partidos las doctrinas antiguas y vigentes de este suelo, que ven en el afán competitivo, la división, la balcanización, el individualismo, la glorificación de la cantidad, la acumulación, el dinero, el macaneo, una suma de vicios europeos y modernos, los mismos que están empujando al humano a una hecatombe. ¿Comprenderá la política, o seguirá la fiesta sobre el Titanic?

 

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