A Fondo
Lunes 25 de Enero de 2016

El origen de las inundaciones

Edgardo Comar / De la Redacción de UNO
ecomar@uno.com.ar


El desborde de los ríos vuelve a golpear hoy a Entre Ríos y gran parte del Litoral argentino. Las consecuencias de las inundaciones para quienes las padecen van desde pérdida de valores materiales hasta daños irreparables en lo económico y también en lo psicológico. 

Las autoridades gubernamentales de turno, dando muestra de un valedero compromiso solidario, se arremangan los pantalones, se calzan las botas y recorren las zonas afectadas. Dialogan con los damnificados y consultan cuáles son sus necesidades inmediatas. También proclaman ante los medios de comunicación obras para “darle solución definitiva a una situación que no queremos que se repita”, sostienen públicamente. En la introducción de esta columna quedan brevemente expresadas las secuelas de una cuestión más que desagradable. ¿Pero cuáles son las causas, el origen de estos anegamientos que castigan a los habitantes ribereños? Avalar que se trata de un fenómeno natural, sería elegir una respuesta sencilla al planteo que merece un análisis más profundo. La mano del hombre tiene mucho que ver en esa furia de las aguas que arrasa todo lo que esté a su alcance. La indetenible deforestación es una de las principales razones en el comportamiento que se dan en los ríos de esta zona. Hay estadísticas que son irrefutables. A principios del siglo XX la Argentina tenía más de 100 millones de hectáreas de bosques naturales. Al inicio de los 90, la superficie arbolada apenas llegaba a los 35 millones de hectáreas y cada año se pierde por tala, para aprovechar la madera, una 500.000 hectáreas.

¿Qué se hace para terminar con una industria que garantiza ingresos importantes para unos pocos, sin importar el daño que ocasiona a miles de ciudadanos? Desde esfera gubernamentales, cuando el agua baja, da la sensación de que la preocupación desciende hasta desaparecer.  En los últimos 15 años es muy poco lo que se legisló al respecto. Son otras las cuestiones las que interesan a diputados y senadores (los representantes del pueblo).  Con el afán de preservar los bosques y montes surgió la Ley Nº 25.509 de Forestación: sancionada el 14 de noviembre de 2001 y promulgada el 11 de diciembre de 2001.

Ante la persistencia de espacios naturales, el presidente de la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de la Cámara de Diputados, Miguel Bonasso, presentó en junio de 2006 el proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos. Dicho proyecto tomó forma luego de un amplio debate en el seno de la comisión, y contó con el aporte de organizaciones ambientalistas como Greenpeace, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales, y Vida Silvestre Argentina.

En marzo de 2007 obtuvo finalmente su aprobación en Diputados, a pesar de la férrea oposición de las provincias del norte. Luego de pasar por seis comisiones y con varias modificaciones la aprobaron el 21 de noviembre de 2007, aunque recién se reglamentó en febrero de 2009. Artículos periodísticos y denuncias de organismos defensores del medio ambiente ponen en duda el cumplimiento de las mismas. 

El paso de los tiempos devolverá las aguas a sus cursos normales. Es de esperar que se altere el normal pensamiento de aquellos que tienen poder de decisión y están destinados a legislar. Que dejen de lado los pensamientos pequeños y egoístas destinados a luchar por objetivos favorables al partido en el que militan y se preocupen por el bienestar general. 
 

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