A Fondo
Domingo 14 de Junio de 2015

El orgullo de pertenecer

Pablo Felizia/ De la Redacción de UNO
pfelizia@uno.com.ar


Hay algo que para la mayoría es imposible de olvidar: el nombre del barrio en donde uno creció. Puede pasar el tiempo, recorrerse kilómetros de distancia y hasta vivir en el punto exacto opuesto de globo, pero si alguien pregunta el nombre de ese lugar, de esas calles delimitadas, aparece de inmediato su designación y con ella llegan los recuerdos.

Semanas atrás en el Presidente Perón de Paraná un grupo de vecinos se juntó cerca de una esquina y entre todos hablaron de cómo eran esas cuadras, se refirieron a los apellidos que ya no están y al primer colectivo que se tomaron para llegar al centro.

Días antes, en el Leopoldo Lugones, dos hombres respondieron a la primera pregunta y desde ahí, se desató la historia: ¿Por qué se ven desde la calle, naranjos en los patios? Es cierto, si alguien camina por esa zona, solo con mirar hacia el interior de las manzanas se va a encontrar con los frutales por encima de los tapiales. La respuesta fue certera: antes, en lugar de casas, era una zona de quintas y aún quedan esos recuerdos en el verde.

En los alrededores del Club Universitario, los más viejos saben de las fiestas que allí se hacían en donde para entrar había que tener zapatos y corbata; hasta tienen en su haber el hecho de ser anfitriones de un recital de Sandro que nadie olvida.

En Rocamora, sus vecinos, tienen certezas sobre cuál fue el día en que recibieron las llaves de sus casas, tienen presente el acto que se hizo, lo que pelearon para tener los servicios básicos.

En El Trébol lo mismo: contaron que eran calles apenas marcadas y que recién en 1983 pudieron abandonar los pozos de agua, cuando esta empezó a llegar solo con abrir una canilla.

Son apenas detalles, parte de las historias de cada uno de esos pequeños lugares que no se olvidan. A veces, cuando alguien se va por mucho tiempo, solo después de volver a caminar un poco por esas cuadras, todo parece no haber transcurrido. Invade de nuevo, esa sensación de ser local en algún lugar, como si siempre hubiera sido así, como un pequeño orgullo, el mismo que da identidad, una raíz, algo que siempre estuvo, la sensación de pertenecer a ese único y pequeño espacio de calles delimitadas, las mismas que nos diferencian de todo el mundo.         

Comentarios