La Provincia
Domingo 14 de Agosto de 2016

El museo de Santa Elena rescata la memoria y une generaciones

Funciona hace casi 22 años albergando la historia del frigorífico que impulsó el progreso de la ciudad y le confirió identidad

El frigorífico de Santa Elena fue un pilar fundamental para el desarrollo de la localidad y le confirió identidad durante más de un siglo. Cientos de familias forjaron su proyecto de vida en torno a la fábrica que motorizaba la economía de la ciudad, desde que fue fundado en 1871. De capitales ingleses, funcionó primero como saladero, hasta constituirse en una de las principales industrias de la región, exportando sus productos a diversos países. Conoció el esplendor a partir de 1909, hasta que en 1972 sus propietarios abandonaron el lugar.

Desde entonces, el frigorífico que supo ser una potencia pasó por diferentes etapas y nunca volvió a transitar un camino de éxito: pasó a manos de empresarios santafesinos, fue estatizado en 1984 y volvió a privatizarse en 1991. Tuvo distintos nombres y lejos del apogeo que impulsó el progreso, con deudas millonarias que fue acumulando en cada gestión, cerraron sus puertas en 1993. La consecuencia fue la desocupación masiva y el desmembramiento de muchas familias, ya que en muchos casos la gente se fue a trabajar a otras ciudades, dejando a sus parejas y sus hijos; se tuvieron que dedicar a otro oficio para subsistir, como la albañilería o la pesca.

Viendo cómo desmantelaban el lugar y se llevaban todo, un grupo de vecinos decidió constituir una comisión y fundar un museo donde albergar aquellos elementos que pudieran preservar la memoria colectiva de una época, la mejor que conocieron los habitantes de Santa Elena, que hoy, mucho tiempo después, aún luchan por salir adelante, con otros proyectos que nada tienen que ver con la industria cárnica.

Isolda López de Olotte fue una de sus fundadoras y hoy oficia de guía, narrando su historia. Comparte la experiencia no solo con los turistas, sino también con los chicos de las escuelas, muchos de los cuales son nietos o hijos de los obreros que atravesaron la debacle. "El museo se fundó el 29 de setiembre de 1994. Hay fotografías antiguas de quienes formaron parte del frigorífico, algunas de la gente en pleno trabajo; juguetes de otras épocas, y también latas de hace décadas de corned beef, de picadillo y de una especie de salsa que se hacía. Ese producto era el que se les enviaba a los soldados de Malvinas en 1982", contó a UNO.

Entre las particularidades, comentó que en el museo se exhibe una guampa con la que los trabajadores tomaban agua, hace décadas atrás. La tenían prendida con una cadenita para que nadie se la lleve y así se conserva. "Al lado tiene un cartel que dice: el que en esta guampa agua tomó, a Santa Elena siempre volvió", dijo con orgullo, graficando la mística del lugar.

Estudiantes de las escuelas Primaria, Secundaria, de los institutos terciarios y las carreras universitarias llegan con gran interés para conocer aspectos del pasado de la ciudad: "Los chicos escuchan concentrados y sorprendidos, traen su cuadernito y anotan. Los que van a la universidad eligen este lugar para hacer trabajos. Siempre hago hincapié en el amor que hay que tener por el lugar en que uno nace".

"También viene gente de edad que trabajó en el frigorífico. Se encuentran con las fotos, con las herramientas con las que trabajaron, y se emocionan", agregó.

Si bien el frigorífico trató de reflotarse en 2005, el final inminente llegó en 2014 y las esperanzas de volver a ponerlo en marcha quedaron sepultadas para siempre. Hoy solo quedan los recuerdos, preservados en el Museo y custodiados por Isolda. Impregnan la cultura del lugar y hacen de nexo entre las distintas generaciones.


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Un atractivo para los turistas

El museo se formó con donaciones de extrabajadores y objetos que fueron rescatando del frigorífico. Está situado en la avenida Costanera, al lado de la Prefectura, que les cedió tres habitaciones para acomodar las pertenencias que le dan un sentido a la historia de la ciudad.

En la actualidad lo visitan los turistas que llegan a Santa Elena atraídos por la pesca, los populares carnavales o la paz de un lugar donde el río, su costanera y la naturaleza son muy valorados por quienes habitan las grandes ciudades.

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