A Fondo
Lunes 28 de Marzo de 2016

El hombre que ha mirado todo desde lejos

Marcelo Comas / De la Redacción de UNO
mcomas@uno.com.ar


Protegido por el anonimato que le permite el destierro, lejos de las miradas acusadoras, Justo Ilarraz asiste casi como un actor de reparto al desenlace de la causa judicial que más trascendencia ha tenido en Entre Ríos desde la recuperación de la democracia. No solo por la gravedad de los hechos que se le atribuyen -el abuso sexual de menores, que 20 años después se animaron a denunciar en la Justicia las atrocidades de las que habían sido víctimas- sino porque en el expediente aparecen involucrados los más encumbrados integrantes de la jerarquía de la Iglesia católica en Entre Ríos. Desde Karlic hasta Puiggari, por nombrar a los más importantes en función de sus cargos, una la larga lista de sacerdotes e integrantes de la curia local que desfilaron por Tribunales para aportar su testimonio del caso en la etapa de instrucción. Y se insiste con el rol secundario de Ilarraz en todo este proceso, ya que si bien su nombre, su historia y su secreto mejor guardado -que escupieron casi como un acto de sanación una decena de jóvenes que hoy transitan su adultez- fueron divulgados públicamente por la prensa, este hombre que se encamina a cumplir 58 años, logró ponerse en un segundo plano evitando el acoso periodístico, beneficiándose con la actitud dilatoria de la Justicia y que recién fue citado a declarar tres años después de que se abriera una causa de oficio. Son muchos factores que llevan a pensar –quizás este periodista sea demasiado inocente- que el procesado recibe un trato diferente al resto de las personas con causas judiciales que se tramitan en la provincia. 

El cura, que fue suspendido en el ejercicio del sacerdocio, ha visto todo desde lejos, demasiado tranquilo en la provincia que le dio cobijo: Tucumán. Pese al interés de los medios tucumanos en conocer sobre su vida en la clandestinidad, el cura se las ingenió para pasar inadvertido, escondido de los flashes y las preguntas incómodas, primero en la apacible localidad de Monteros -donde tuvo su última experiencia como sacerdote en la parroquia Sagrado Corazón- y finalmente en la ciudad de San Miguel de Tucumán, lugar que eligió para radicarse. Una de las pocas veces que volvió a mostrarse en público lo hizo para participar en los comicios generales de aquella provincia, el 23 de agosto del año pasado, cuando regresó a Monteros donde aún mantiene su domicilio legal. Vaya paradoja, si hasta la corporación de medios porteña le devolvió protagonismo al caso gracias al tanque holywoodense Spotlight, ganadora del Oscar a mejor película: allí es mencionado en una larga lista de hechos de abuso y de encubrimiento dentro de la Iglesia.

Hoy, a las 8, en el Palacio de Tribunales se estará escribiendo una nueva página de esta historia, que supera largamente a la ficción, y que se asienta como una pesada carga sobre la espalda de las víctimas. En una audiencia el tribunal conformado por Pablo Andrés Vírgala,  Daniel Julián Malatesta y Gustavo Adolfo Maldonado definirá si se mantiene o se rechaza el procesamiento, tras escucharse los argumentos de los informes in voce de la querella, la defensa y la procuración. 
 

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