La Provincia
Lunes 16 de Noviembre de 2015

El Holocausto, los jóvenes y la memoria de la humanidad

En la Semana de la Shoá, la sobreviviente Mónica Dawidowicz estuvo en Concepción del Uruguay

Héctor de los Santos / De la Redacción de UNO

Una gran cantidad de público se acercó al Centro Social Israelita de Concepción del Uruguay. Es que no son muchas, y cada vez son menos, las oportunidades que hay para escuchar personalmente a una sobreviviente del Holocausto. 

En el centro del escenario, Mónica Dawidowicz. Llegó a La Histórica para participar de las actividades en la Semana de la Shoá –conmemorada en la semana que pasó–, para dar testimonio, y tratar de aportar trazos de su vida para preservar en la memoria universal aquellos días. 

Mónica Dawidowicz nació en 1941 en la ciudad de Lida, ubicada hoy en Bielorrusia, una república independiente, pero entonces se trataba de un territorio polaco que hacía dos años había pasado a manos soviéticas, pero ahora había sido ocupado por la Alemania de Adolf Hitler, que tras romper su pacto con Stalin había comenzado su marcha hacia Moscú en una invasión que en ese momento avanzaba de modo imparable. 

Su madre, embarazada de ella, junto a su familia, y como todos los judíos de Lida, fueron trasladados a los distintos guetos que se formaron en la ciudad. Para que todos entendieran que el tema era en serio, el primer día los nazis reunieron a 80 judíos prominentes, rabinos, médicos, comerciantes, y los mataron a todos en la plaza central. 

“Nací en un sótano del gueto de Lida, mi madre ingresó allí junto a mi hermana Ester, que sobrevivió y vive hoy en Israel, y mi hermana Neja. Mis padres se llamaban Nejama e Ishaiahu. No había forma de sobrevivir por mucho tiempo, sabíamos de los traslados que terminaba en la muerte y mis padres decidieron salvarnos a mi hermana y a mí. Por huecos en las alambradas del gueto nos entregaron a familias polacas no judías. Así comenzamos nuestra supervivencia”, relató ante un auditorio que siguió atentamente cada trazo de la historia. 

El destino de Neja fue trágico. Como el de millones de judíos de la Shoá. Mónica contó que también a Neja la entregaron a una familia polaca, pero su edad y su rebeldía hicieron que volviera nuevamente al gueto, donde finalmente terminó en una de las fosas comunes donde los nazis mataron y enterraron a gran parte de la población judía de Lida. 

“Mis tíos huyeron del gueto y se fueron a los bosques, con los partisanos que hicieron la resistencia a los nazis. Quisieron llevar a mi hermana pero ella no quiso. Terminó junto a mis padres en una de las fosas comunes”, recordó

El final de la guerra la encuentra con otro nombre: Irina Schipula, la “hija” de una familia polaca que la adoptó y le permitió vivir hasta la caída del régimen de Adolf Hitler, en mayo de 1945. 

“Unos tíos que habían sobrevivido me encuentran en Polonia y me quieren recuperar, la familia Schipula se niega a entregarme, pero finalmente aceptaron. Sin embargo, el caos que acababa de terminar nos había dejado a todos los judíos sin documentos, mis tíos que habían sobrevivido junto a los partisanos se iban a Palestina, que en ese entonces estaba bajo dominio británico, pero el viaje era muy largo y peligroso para una niña que, además, no tenía documentos. El Congreso Judío Mundial se hizo cargo de mí, pues había parientes en Estados Unidos, Argentina y Uruguay que me querían, pero Estados Unidos dijo que ya no había cupo para la inmigración judía, y en Argentina tampoco nos aceptaron. Mientras tanto me llevaron a un orfanato en Suecia, donde me hicieron la documentación que me permitió que un tío de Uruguay me adoptara y permitiera mi llegada a América del Sur”. 

Supervivencia e identidad

De tono pausado, con ganas de contar, mirando a los ojos a cada uno de los presentes, pareció sentirse a gusto y especialmente dedicada a los más chicos. Había muchos jóvenes. Todos escuchaban, como tratando de imaginar cada situación. Asombró el recorrido, las circunstancias y el valor de aquella niña sin nadie que recorrió el mundo en busca de un hogar. 

“En Uruguay mis parientes tienen muchos hijos, pero tengo otros tíos en Argentina que no tienen hijos. Ellos me adoptaron. Y volví a cambiar de nombre. Me llamaron Mónica, aunque mi nombre es Raquel, tal cual me puso mi madre, y como figura en mi documento, la tradición judía no permite que la hija se llame igual que la madre, y la señora que me adoptó en Argentina se llamaba Raquel, así que me llamaron Mónica, y así me tienen hasta hoy”, relató. 

Los periplos de la llegada a la Argentina de Perón en el año 47 “por la puerta de atrás, cuando los nazis entraban por la puerta grande”, la hizo mantener un silencio demasiado prolongado. Fue recién durante la presidencia de Fernando De la Rúa que aceptó hablar y dar su testimonio. 

“De la Rúa nos recibió a todos los judíos que habíamos entrado por la puerta de atrás de la Argentina y nos pidió perdón en nombre del Estado Argentino, recién allí me sentí legitimada”, afirmó. 

A lo largo de todo este tiempo ha podido regresar a Lida. “Allí pude ver la inmensidad de las fosas comunes donde quedó mi familia junto a otros miles, había fosas exclusivamente de niños”, recordó. 

“Mi vida está marcada por la supervivencia y los cambios de identidad. Yo creo que estos testimonios deben servir para que las generaciones jóvenes los recojan, para que nadie pueda decirles que el Holocausto no existió y para que se comprometan con la historia en preservar la memoria y que les sirva para rechazar la discriminación, la xenofobia y el antisemitismo”, señaló el miércoles Mónica Dawidowicz, una mujer que decidió no hace mucho comenzar a transmitir su experiencia para aportar a la memoria colectiva de aquellos años.

Eichmann y Dios 

El tiempo de las preguntas del público fue rico en detalles de interés para todos. Desde inquietudes sencillas como sus recuerdos de guerra, pasando por la captura de Adolf Eichmann en Argentina en 1961. 

“Iba yo en el colectivo 60, y el conductor tenía la radio encendida, cuando dieron la noticia no lo podía creer. Me puse a llorar allí mismo. Era un inmenso acto de justicia”, recordó. 

Los jóvenes presentes también fueron protagonistas. Todos querían saber, conocer más. “Que piensa de Dios? ¿Guarda rencores?”, fue la pregunta que un adolescente tiró sobre la mesa como para cerrar una noche llena de emociones. 

“No mezclo a Dios en cosas de los hombres. Todo lo que pasó tiene al hombre como único responsable. No guardo rencores. Agradezco a la vida, por mi familia, por mis hijos y por mis nietos”.  
 

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