La Provincia
Lunes 07 de Diciembre de 2015

El historiador Juan José Rossi describió su obra como un “estímulo” para conocer los pueblos originarios de Abya Yala

El libro La invasión europea en América. Abya yala sojuzgada fue presentado en Setpyc. En la exposición y debate, el autor estuvo acompañado por el profesor Juan Vilar. La velada contó con la actuación del grupo Anónimos del Altiplano.    

El historiador Juan José Rossi presentó en Paraná, su libro La invasión europea en América. Abya yala sojuzgada (Ediciones Colihue). Lo hizo en la calurosa noche del viernes 4 de diciembre, en la sede del Sindicato Entrerriano de Trabajadores de Prensa y Comunicación (Setpyc).
El gremio, en forma conjunta con el Centro de Estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres (JAPL), planteó el encuentro como el cierre de un año de sostenidas actividades.
Tirso Fiorotto, integrante de JAPL, y Simón Volcoff, secretario general del Setpyc, dieron la bienvenida a los presentes y agradecieron la predisposición del disertante, quien fue precedido en sus palabras por el profesor Juan Vilar.
El docente repasó la trayectoria del historiador, desde su paso por los claustros de Humanidades Clásicas, Filosofía y Teología de la Facultad Pontificia de Buenos Aires,  hasta la inversión de su perspectiva sobre la Conquista de América, a partir de su contacto con los pueblos originarios del Chaco.
Sobre la importancia de su extensa obra, con decenas de libros y artículos publicados, Vilar señaló que se basa en “una postura epistemológica de la conquista de América, radicalmente opuesta” a cómo fue tratada por la historiografía oficial. Ésta, “por aceptación, por comodidad o por repetición, concibió la invasión y ocupación de estas tierras como un hecho casi natural, legitimado a través de las bulas pontificias. Rossi, en cambio, analiza los fundamentos que legitimaron la dominación europea”, afirmó.

Abya Yala sojuzgada: la espada y la cruz
Según palabras del autor, el libro apunta a “estimular el conocimiento” sobre la riqueza histórico-cultural milenaria de Abya yala (América, en su nombre nativo), “haciendo una permanente parábola sobre las estructuras políticas, sociales, culturales, económicas, religiosas y simbólicas existentes en Europa, en el momento de la invasión, y las de los pueblos originarios”.
Rossi describió esta nueva obra como continuación, ampliación y replanteo de Amores que matan desde hace cinco siglos (1992), un texto que resume la estrategia del invasor y sus consecuencias para las víctimas. “Se pone de manifiesto el problema global subyacente en las conciencias de los habitantes y la dependencia epistemológica profunda que permite el sometimiento político, económico y cultural. Es evidente que el eurocentrismo desplazó, ocultó y embarró nuestra cultura”, apuntó.
El historiador señaló que España y el Papado consiguieron dominar América con argumentos filosóficos y teológicos endebles, pero suficientes para una época en que la Iglesia detentaba un poder absoluto.
Así, el principio Primi capienti de res nullius (“el primero que llega tiene derecho a tomar posesión de algo que no tiene dueño”) argumentado en la bula Inter caetera (1493) del corrupto papa español Alejandro VI (Borgia), fue tomado del Imperio Romano y aplicado a la dominación de América como principio emanado de la “voluntad divina”. A esto se sumó, en 1494, el Tratado de Tordesillas por el cual España y Portugal dividieron la posesión del territorio americano. Así, Borgia donó un territorio poblado por 70 millones de personas, al cual se llamó “Indias” por el error de cálculo de Cristóbal Colón, y más tarde América por un marino italiano de dudosa credibilidad.
“Evangelización, “civilización” y “pacificación” fueron los tres argumentos que los españoles utilizaron para sostener la conquista, la destrucción de la cultura originaria y el saqueo de los recursos. Conquista que aún continúa, aunque con métodos más sutiles.
Otro argumento de la invasión fue militar: “El más fuerte gana”, principio heredado del imperio Romano a partir del Veni, vidi, vinci (Llegué, ví y vencí) de Julio César, que también resultó eficaz para justificar el genocidio más grande de la historia de la humanidad.
Por último Rossi mencionó otra de las definiciones claves: Para los dominadores “los nativos no eran personas” porque no creían en Jesucristo y, por lo tanto “no eran sujetos de derecho” ni podían tener posesiones. Lo cierto es que los nativos no concebían la propiedad privada de la tierra, a la que consideraban la “madre”.
Los españoles veían a los “indios” como salvajes, a sus dioses como demonios y a su religión como hechicería. Repitieron en documentos oficiales que no tenían historia, ni cultura, cuando en realidad la destruían (como ocurrió con los códices mayas y aztecas). La palabra escrita fue tomada por historiadores que, a través de siglos, impusieron la mentira como una verdad histórica.

Un grato cierre

Tras la presentación, el autor contestó las preguntas del público y el debate devino en una charla intimista donde no faltaron el vino, las empanadas y la música a través del arte de Alfredo Arce e Ismael Sosa, integrantes del grupo Anónimos del Altiplano, quienes amenizaron la noche con temas de Nativo, su último trabajo.

Comentarios