Fútbol
Martes 02 de Agosto de 2016

El fútbol es nuestro

Con picardía mentirosa, el Gobierno liderado por el señor Mauricio Macri terminó de reventar el Fútbol para Todos, que durante casi un lustro permitió a todos los argentinos, esos que son mayoría y viven en el interior del país, poder ver a sus equipos en vivo y en directo.

Los vivillos gobernantes y los pequeños malandras, que dicen comandar las instituciones más poderosas y de mayor arraigo en el país, decidieron que el fútbol no sea más gratis por TV.

De espaldas al pueblo, de espaldas a los hinchas que lo mantienen en el país, un puñado de pícaros comerciantes deciden que ahora todo da pérdidas, que deben bajarse las transmisiones gratuitas y listo.

Desde el Gobierno y sus voceros, siempre prestos a propalar sus decisiones, mandan la falacia de siempre "esos 2.000 millones mejor que vayan a educación" y no a fútbol, no a la diversión. Mentiras, porque el fútbol se puede autofinanciar tranquilamente, se vende como pan caliente y se puede hacerlo. Ese fue el error de la gestión pasada. Y de él se toman este Gobierno y AFA, repleta de vivillos que harán negocios privados con fondos públicos.

Los propaladores del discurso amarillista se jactan de la mentira que viene repitiendo hace seis meses. "Ahora las cuentas serán ordenadas, se vive un sinceramiento de la economía". Mentirosos y obsecuentes. Los ordenamientos son para abajo, en todos los aspectos. Ellos y sus respaldadores, pasaron a cobrar más, a acumular ganancias como hace un tiempo lo disfrutaban.

Y el fútbol no está exento de eso. Ahí anda el presidente de Boca, junto a su par de River, a Verón en Estudiantes, tan apegados al Gobierno, convirtiéndose en los ejecutadores de la idea que baja desde la Casa Rosada (hoy amarilla).

A 20 días del inicio del nuevo torneo, ese que aún no saben cómo jugarán, le pusieron precio a las transmisiones de fútbol, para que se las lleve un privado y vuelva el codificado, para ganancias de sus amigos. Y esos amigos, oh casualidad, no son del Estado, son privados, que ya estuvieron y gozaron de un negocio fabuloso, con el pueblo pagando por ver algo que le pertenece, por cultura, tradición y hasta por modo de vida y pertenencia.

Gozan de un tiempo del dominio de la pelota, tendrán el balón en su cancha casi siempre. Pero ojo, que no se descuiden, porque pueden sufrir una goleada cuando el rival salga de contraataque.

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