A Fondo
Martes 30 de Junio de 2015

El Fioro no es solo memoria

Alfredo Hoffman / De la Redacción de UNO
ahoffman@uno.com.ar


La última vez que estuvo con su hermano Daniel, El Fioro estaba en peligro, cercado por el asedio y por la muerte. La dictadura arrasaba con los militantes populares y él era, desde hacía años, uno de ellos. Daniel intentó convencerlo. Le dijo que se dejara ayudar, que él podía sacarlo del país, que estaba preparando una forma de escapar. Daniel todavía recuerda nítidas, frescas, las palabras de su hermano:

—No me puedo ir. Tengo que quedarme por mis compañeros, ellos me necesitan.

Ni Daniel ni nadie de la familia volvieron a verlo.

En estos días, Alfredo Omar Enrique Fiorito comenzó a volver de la muerte. Vuelve a pesar de su cuerpo acribillado a balazos en una esquina de Rosario. Su rostro inmóvil habla desde un puñado de fotos encontradas en los archivos policiales de la provincia de Santa Fe. Sus huellas digitales pronuncian verdades desde los registros que guardaron los ejecutores del genocidio y recuperaron los militantes de la memoria. Sus restos no fueron aún localizados, pero una investigación hecha pública la semana pasada permitió reconstruir y confirmar que lo asesinaron en un simulacro de enfrentamiento en el otoño de 1977.

El Fioro nació en Concordia el 24 de mayo de 1956. Vivió en el barrio Belgrano, fue a la escuela de Comercio N° 1 en el turno noche. Militó en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y más tarde en la Juventud Peronista Regional II. Cuando desapareció tenía apenas 20 años, pero su vida fue tan intensa que sobrevive en el recuerdo de sus compañeros, amigos y familiares.

Allí está él, dejando las huellas de sus dedos, antes que en la tinta policial, en los ladrillos de las viviendas de autoconstrucción levantadas en el barrio Pancho Ramírez de su ciudad; con sus manos deshechas por el trabajo y la espalda ampollada por el sol de un verano que no fue de descanso para aquel adolescente, sino de solidaridad y compromiso por los demás. Está también dejando su pulso en las pintadas del Luche y Vuelve que adornaron los muros concordienses en los primeros setenta. Está organizando las protestas para que se abrieran más cursos en el nocturno de su escuela. Está viviendo en una carpa en Concepción del Uruguay para asistir al compañero preso por luchar que hasta allí había sido trasladado en épocas de la Triple A. Está construyendo el piso de la escuela Chioveta. Está levantando otras escuelas, casas y hospitales en el campamento nacional de la UES en el 74, en Salta, con 17 años. Está riendo, leyendo hasta la madrugada, debatiendo con fervor. Repitiendo que no se puede ir, que se queda por sus compañeros.

El Fioro vuelve, está aquí, y habla a través de los archivos del terror y también a través de los relatos que lo mantienen vivo y en lucha. Relatos que interpelan a quienes ejercitan la memoria con los pies hundidos en el barro del presente. 

Algunos de esos relatos se pueden leer en el libro No son solo memoria. Historias de detenidos-desaparecidos de Concordia, una compilación de la periodista Gisela Romero por iniciativa de la Asociación de Familiares y Amigos de Detenidos - Desaparecidos y ex-Presos Políticos de esa ciudad, que este jueves 2 de julio se presentará en Paraná. La cita es a las 19 en la Casa de la Cultura (Carbó y 9 de Julio). Será otra ocasión para recitar que, además de memoria, como dice la canción, “son vida abierta, continua y ancha”.

 

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