La Provincia
Domingo 26 de Julio de 2015

El empresario inquieto que se puso como un desafío personal vender más vinos en Paraná

La Expansión de las vinerías. En la ciudad aparecen nuevos salones con más etiquetas y de vez en cuando llegan los dueños de las bodegas. En este caso Tomás Achaval contó su historia en constante movimiento  

Juan Manuel Kunzi/De la Redacción de UNO
jkunki@uno.com.ar


Tomás Achaval es un empresario inquieto que se enamoró de la industria del vino y ahora como estrategia llega a las vinerías para contarle a los consumidores, en primera persona, porqué hay que elegir sus botellas.
Hace algunos días pasó por Varietal, Almacén de Vinos, y atrapó a los presentes con sus historias. Achaval es rebelde y desestructurado. Tanto que, junto con el dueño de la distribuidora de sus vinos en la región, bajaron las cajas de un baúl, las ingresaron al local, las descorcharon para que se aireen y minutos antes de explicar cómo los produce, habló con UNO. Viajó mucho, cambió de trabajo, se arriesgó varias veces y ahora le gusta contarlo a quien lo quiera escuchar. Puede ser en Paraná, Firmat, alguna ciudad norteamericana o en un lujoso hotel de China.

Siempre destaca: “Me enamoré de la industria del vino. Hasta los 33 años fui abstemio y todo cambió cuando me contrató la bodega Chandon como gerente general. Al poco tiempo, entre 1993 y 1994 me convertí en presidente de la firma”. Así comenzó su romance con los vinos aunque con la industria siempre se llevó muy bien.
Es ingeniero industrial y desde muy joven trabajó para Monsanto. “Tenía un perfil comercial alto y conocía el campo por la experiencia familiar. Además mi padre era ingeniero y yo me crié adentro de una fábrica”, cuenta, intentando buscar las explicaciones del éxito que fue cosechando en el camino.
Se fue de NutraSweet y en Chandon armó un equipo de profesionales que lo apoyaron. En ese momento sentía que más aprendía y más se enamoraba.

Si bien desconocía la industria, reconoció: “Mi viejo me debe haber llevado a todas las fábricas de la Argentina y el trabajo en los viñedos no es muy distinto a la actividad agropecuaria. Hay que hablar con la gente, saber qué siente, comunicarte, tener en cuenta el riesgo climático. También hay que estudiar, yo me especialicé en el marketing, primero de consumo masivo y después lo tuve que hacer en el de lujo. Aprendí y me capacité. Siempre destaco a la persona que creyó en mí, el que en ese momento era el presidente de la Bodegas Chandon, Jean Pierre Thibaud, me puso bajo su ala”, reconoce dentro de la cálida vinería que por un rato hace olvidar el frío húmedo que envuelve a Paraná.
Como le gusta trasladarse, en 2000 lo compraron de Telefónica y llegó a Telefé como gerente general.
“Ya había trabajado en Chandon unos ocho años, era joven, a los 40 años me convertí en presidente de los canales del grupo. Me encantó la televisión, la artística es muy buena pero me costó mucho la cuestión política. Con los españoles se me hizo más difícil porque estaba acostumbrado al trato con norteamericanos y los franceses”, se sinceró.
Cuando renunció, hace unos 12 años, se compró un viñedo en La Consulta, Mendoza, y ya tenía un campo en Río Negro en donde plantó pinot noir.

Las etiquetas
“Cuando le expliqué a creativos que quería producir cada vino en una región distinta, enseguida me dijeron que mi marca era Nómade. De la ingeniería, a Chandón, después a la televisión hasta llegar a mi bodega”, reconoce sobre el nombre. Dice que es un “optimista empedernido” pero está preocupado por la realidad social del país. Pide una comparación de la Argentina desde 1940 a la fecha y asegura que la gente vive peor.

“Las industrias regionales están complicadas y los impuestos por importar hacen todo cada vez más cuesta arriba”, analizó, porque también le gusta hablar de política y se le nota una postura opositora.

En el medio de uno de sus tantos viajes explica: “En Paraná empezamos a vender hace muy pocos años y en lo personal, hay una canchita de golf –la del CAE– que me gusta mucho jugarla, por lo que vengo, seguro una vez al año. Además mi mujer organiza torneos de golf. Así que pasamos seguido por la capital de la provincia. A esto hay que sumarle que el río me fascina, toda esta costa del Litoral es muy linda. Como le tengo tanto cariño a esta ciudad me dije, acá tengo que empezar a vender más, decidí venir a presentar mis vinos en persona. Hoy estamos acá el dueño de la bodega y el dueño de la distribuidora, no es que mando gente”, dice y sonríe.

Sobre lo que está ofreciendo, asegura que es un producto que se diferencia y que hay que acompañarlo con acciones. “Hay que comunicar las ventajas que uno tiene. Desde el distribuidor y a través de todos los medios que existen. Hay que empezar a jugar”. Se divierte pasando por Casilda en San Fe, visitando Paraná y recordando que hace un mes recorrió Estados Unidos y China.

En sus acciones presenta la línea de arranque Siete Lunas “vinos frutados, jóvenes (de dos o tres años) pero que tienen carácter, estructura. Los elaboro en el Valle de Uco que está en el sur de la provincia de Mendoza y que se caracteriza por su altura y aire fresco. Este vino tiene un valor de 80 pesos y está muy bien posicionado”, tira en su discurso que sale solo después de tanto decirlo.
Lo sigue la línea media Nómade que a nivel consumidor se consigue a 110 pesos, luego aparece el Nómade Reserva a unos 130 pesos y la línea Colección que están lanzando rondará los 250 a 300 pesos la botella.
Está confiado en la calidad pero sabe que tiene que hacer el mayor esfuerzo y esperar: “Todo tiene que ver con el terreno, el viñedo, cómo la trabajé, qué da ese viñedo, lo puedo trabajar muy bien y que no dé nada. Después tiene que ver la calidad de la madera en que la guardo. Si es francesa o norteamericana. De primer uso o de segundo uso. La concentración de la uva. Son vinos con mucha concentración, carnosos , con notas minerales y añejamiento. Hay vinos Reservas que tienen seis o siete años de guarda en botella. Los vinos de 300 pesos van en barrica de roble, francesa de primer uso y los guardamos de 18 a 20 meses”, detalla el empresario que está fabricando unas 200.000 botellas al año, de las cuales el 80% exporta, en gran medida a los Estados Unidos que tiene, en los vinos, un mercado abierto.
Siempre está atento al mundo pero también a las vinerías de las ciudades más chicas: “Es muy positivo que la oferta sea grande y variada. Genera la competencia y el consumidor puede elegir”, reconoció.
Números
8 Son los países a donde se exportan los vinos que también se consiguen en las vinerías de Paraná, en donde hay un gran abanico de bodegas y por lo tanto de etiquetas. Hay que asesorarse para saber elegir.

Datos
*Los varietales malbec y syrah los produce en el Valle de Uco, Mendoza.
*El torrontés es de Cafayate a 1.800 metros sobre el nivel del mar.
*El pinot noir es de Río Negro. Aprendió a producir en condiciones naturales adversas.

 

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