A Fondo
Sábado 21 de Febrero de 2015

El empedrado camino a diciembre

No solo buscan que el Frente para la Victoria pierda en las urnas, sino que el desgaste y el desprestigio sea contundente. Existe una acción coordinada de las corporaciones para influir en la opinión pública y limar las chances electorales del Gobierno.

Alfredo Hoffman/De la Redacción de UNO

ahoffman@uno.com.ar

 

El último tramo del mandato de la Presidenta aparece repleto de obstáculos. Cada día, uno nuevo bloquea el camino hacia la finalización del período del apellido Kirchner en el sillón de Rivadavia. Los encargados de sembrar estas piedras son los grandes medios de comunicación que desde hace tiempo no se esfuerzan por ocultar su rol opositor. Pero no se trata solamente de medios de comunicación, son en realidad parte del bloque de poder económico argentino y trasnacional. Nadie que intente despegarse un poco del árbol y ver el bosque en perspectiva podría negar, a esta altura de los acontecimientos, que existe una acción coordinada de las grandes corporaciones para influir en la opinión pública y limar las chances electorales del oficialismo. La remanida idea del “fin de ciclo” expresa el proyecto de esos grupos del poder real: no solo buscan que el Frente para la Victoria pierda en las urnas, sino también que el desgaste y el desprestigio sean tan contundentes que perduren hasta 2019, que no haya posibilidad de retorno, que el fin de ciclo sea de una vez y para siempre.

Vale la pena aclarar algo: para que esos obstáculos adquieran la dimensión de estos días fue necesario que el Gobierno hiciera su parte. La torpeza de varios de sus funcionarios y aliados, las prácticas corruptas enquistadas en el Estado que nadie se ocupó de desterrar o, lo que es mucho más grave, la desatención de sectores vulnerables de la sociedad son circunstancias reales que únicamente un necio no vería. Pero ni los niños desnutridos ni la caída del salario real ni la precarización laboral ni las falencias del sistema público de salud –la lista continúa–, ni la corrupción ni los tuits de Alex Freyre son preocupaciones del poder real. Tampoco lo es la suerte del fiscal Alberto Nisman y mucho menos la memoria de las 85 víctimas de la AMIA y las 29 de la Embajada de Israel. La preocupación de los poderosos es la preservación de sus intereses. Hablando de porqué los Kirchner sedujeron a buena parte del progresismo, un intelectual que tiene los pies en el barro y apoya al gobierno le dijo hace poco a este cronista: “Lo que de entrada marcó la cancha fue la parada ante el Imperio”. Intentemos desgajar un poco ese concepto. La “parada ante el Imperio” remite a Mar del Plata, al 4 de noviembre de 2005, cuando el entonces presidente pronunció un discurso en la Cumbre de las Américas fundante para las nuevas relaciones regionales. Ante la mirada de George W. Bush, Néstor Kirchner criticó el “Consenso de Washington”, la “teoría del derrame” y las “consecuencias nefastas de las políticas de ajuste estructural y del endeudamiento externo”, y exigió que “cada país pueda elegir su mejor camino para el desarrollo con inclusión social” (http://www.youtube.com/watch?v=HTH8BUNaQBo). Aquellas jornadas marplatenses remiten también a Hugo Chávez en la contracumbre sentenciando: “ALCA, ALCA, al carajo”. El proyecto imperialista neoliberal, que no encontraba oposiciones importantes desde el fin de la Guerra Fría, tuvo desde entonces un freno en América del Sur. Muchos otros hechos se enlazan con esa “parada”. El proceso de reestructuración de la deuda permitió una separación de los lineamientos del Fondo Monetario Internacional; a eso le siguió el desendeudamiento, el crecimiento de la economía y la inclusión de sectores relegados. Hoy esa pelea se disputa, en parte, contra los fondos buitre en los estrados estadounidenses. La nacionalización de empresas públicas que habían sido extranjerizadas en los 90 (Aerolíneas Argentinas, YPF, las AFJP) fue otro paso en ese sentido. Relaciones comerciales con países emergentes, la denuncia en todos los foros del “enclave colonial” en Malvinas y la preeminencia del control estatal por sobre la “mano invisible del mercado” –por citar al candidato del “socialismo” vernáculo– han sido otras medidas concretas de continuidad con aquel punto inicial del antiimperialismo posible.

Por eso lo que se juega este año en las urnas es trascendental para el bloque de poder dominante, que no es el que gobierna desde la Casa Rosada. Ese poder real conserva los hilos para actuar desde los grandes conglomerados de comunicación –la Ley de Medios sigue trabada–, desde sectores del Poder Judicial –la democratización de la Justicia fue frenada–, desde las embajadas y a través de dirigentes políticos a su servicio desde el partido en el que estén de turno. Desde allí provienen las piedras que seguirán apareciendo en el camino.

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