Mundo
Sábado 18 de Julio de 2015

El drama de los inmigrantes que esperan cruzar de Italia a Francia

El Centro de Cruz Roja en la norteña ciudad italiana de Ventimiglia, alberga a unos 200 migrantes por noche.

Hernán Reyes Alcaide/Télam
La calma que se ve en el centro en el que la Cruz Roja de Ventimiglia - hospeda a unos 200 migrantes por noche- no es uniforme en esta norteña ciudad italiana, revolucionada desde hace un mes por la masiva llegada de inmigrantes africanos que aguardan una chance para cruzar el límite.

A ocho kilómetros de la estación donde duermen los que eligen quedarse en el refugio levantado por la Cruz Roja sobre viejos terrenos ferroviarios, otros 40 inmigrantes acampan sobre las rocas de una escollera a la espera de cruzar a Francia, en busca del norte europeo, a metros del paso fronterizo de Puente Ludovico.
"Yo quiero estar preparado para cuando pueda irme. Sé que es difícil, pero quiero tener la oportunidad de una nueva vida", dijo a Télam, en medio de los dormitorios improvisados con colchones y lonas de campaña, Rihan Iasen, nacido en Sudán hace 32 años.
"Sueño con llegar a Inglaterra o a Noruega. Lo más al Norte que pueda. Aquí en Italia somos muchos los que venimos", sigue Iasen, que hace tres semanas resiste durmiendo sobre las rocas y hace frente a la ola de calor que azota al norte italiano, con picos de 40 grados durante la tarde.

"Algunos de los que llegan hasta acá se animan y tratan de cruzar en tren hacia Francia. Pero muy pocos tienen éxito; a la mayoría los devuelven", agrega Iasen sobre los otros inmigrantes con los que comparten techo y las ganas de seguir cada vez más al Norte.
Se refiere a los que se animan a la aventura de pasar en tren a Francia. Una aventura de exactamente nueve minutos: en la primera estación del lado galo, Menton Garavan, la policía del gobierno socialista del presidente Francois Hollande sube al tren y pide pasaportes a todos los pasajeros negros.
Télam cruzó la frontera en una formación de la compañía ferroviaria estatal francesa SNCF y vio cómo muchos africanos que viajaban sin pasaporte fueron obligados a bajar.
A los que no tienen visa o no pueden demostrar el motivo de su viaje, los espera en el andén un billete de vuelta a Ventimiglia. Son unos 50 devueltos" a Italia por día, estiman extraoficialmente las autoridades de la ciudad del noroeste de Italia, de unos 25.000 habitantes.
Alessandra Lazzari, la jefa de gabinete de la Prefectura de la provincia de Imperia, en la se encuentra Ventimiglia, reconoció que los inmigrantes son "devueltos" a Italia y explicó a Télam el marco jurídico de la situación.
Según dijo, se trata de la aplicación de controles por toda la zona de frontera, por los que, en base a acuerdos bilaterales, Francia puede reconducir a Italia a inmigrantes que encuentra en el espacio fronterizo y que tengan papeles "irregulares" en su entrada a la Unión Europea (UE).
"Hablar de frontera cerrada es técnicamente erróneo, porque eso implicaría la suspensión de los tratados internacionales sobre la libre circulación de personas y bienes", agregó Lazzari, algo contrario al espacio Schengen que comparten los miembros de la UE y su política de "fronteras abiertas" entre ellos.
En esa línea, la responsable de la Cruz Roja local, Fiammetta Cogliolo explicó que muchos desisten de intentar el cruce a Francia por Italia por la aplicación de estos controles, aunque algunos intentan llegar a suelo galo caminando por las vías del tren, pero que en cuanto son descubiertos son devueltos a Italia por el puente de San Luigi, el paso fronterizo de altura.
"Aquí continúan sin dejar pasar. Los inmigrantes que decidan quedarse en Ventimiglia deberán comprender tarde o temprano que, si esperan a la apertura del paso, se arriesgan a una larga espera", agregó Cogliolo.
Francia, en tanto, avisó que no cambiará esta política y adujo una interpretación de la normativa europea que permite que cada persona encontrada de "manera irregular" en el espacio comunitario sea devuelta al país de la Unión por donde entró, según aseguró su ministro del Interior, Bernard Cazeneuve.
Entre ellos está Adnan Bakit, también de Sudán. A los 25 años, este ex agricultor de la convulsa región de Darfur duerme sobre las rocas y quiere cruzar el paso fronterizo. Como casi todo el resto, no busca quedarse en Francia, sino seguir camino hacia el norte europeo.
Ese es el objetivo de muchos de los 43.460 migrantes que sólo en junio de este año llegaron a Europa por mar, contra 26.220 de junio de 2014, de acuerdo a los datos oficiales del organismo de Naciones Unidas para los refugiados (Acnur).
"Quiero reencontrarme con mi familia. Mi esposa y mis dos hijas están en Inglaterra, y no las veo hace nueve meses. Pero los franceses no me dejan pasar", rememoró Bakit, días después de haberse subido a una grúa a 15 metros de altura y amenazar con suicidarse, hasta que fue disuadido por policías italianos.
Como los dos hombres de Sudán, la mayoría de los migrantes que duerme en la frontera no busca quedarse en Italia: en el primer semestre de 2015, Italia registró 67.500 llegadas por mar, pero sólo 28.500 personas solicitaron asilo en el país, según los registros de Acnur.
La denominada "crisis inmigratoria" de comienzos de junio se da, además, en un 2015 que, siempre según Acnur, "parece destinado a establecer un nuevo récord" en la llegada de migrantes.
En ese contexto, la oficina de Naciones Unidas advierte que "se convirtió en evidente que Italia no puede manejar esta crisis sola", más allá de que, como sostiene la responsable de Cruz Roja, "la situación ha mejorado mucho pero todavía no hay una solución definitiva".
 

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