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Domingo 18 de Septiembre de 2016

El día que secuestraron a Fangio

La situación en el Gran Premio de Cuba. Las 26 horas entre revolucionarios, en febrero de 1958

Juan Manuel Fangio es quizás el mejor deportista argentino de todos los tiempos, cetro disputado con Diego Maradona. Claro que actividades distintas, épocas diferentes y trayectorias distantes entre uno y otro hacen de ambos lo que realmente han logrado: idolatrías.

No es asunto de hoy confirmar o dilucidar si esa palabra es la adecuada ni mucho menos establecer cuál de los dos es el mejor. Tampoco caer en los facilismos de las denostaciones o peor aún, en la vulgaridad de los descréditos.

Pero si traer a colación un suceso particular, extraño y pintoresco por sobre la gravedad que pareciera por tratarse nada menos que de la privación ilegítima de la libertad de un corredor de fórmula uno, famoso y el más grande todas las épocas (hasta hace muy poco, por lo menos) en plenitud de su actividad: el "demonio de las pistas" Juan Manuel Fangio, nacido en Balcarce.

Ya hemos conversado en este espacio sobre la presencia del múltiple campeón en nuestra ciudad de Paraná, en aquel recordado Gran Premio de la ciudad recorriendo las extensiones del Parque Urquiza. Si hasta hace algunos años una placa sobre una piedra imponente recordaba el paso de dicho corredor, con una imagen tallada en bronce del campeón. Como tantas otras, esa placa ya no está en su lugar.

Pero sucesos y casuísticas como la que intentamos recordar hoy, constituyen y construyen las imágenes indelebles de estos sujetos, al punto tal de su labranza inalterable en la memoria colectiva de sus congéneres y de quienes abundan en sus historias. ¿Serán estas cosas las que conforman las leyendas urbanas, que se transmiten boca a boca con la hilaridad del asombro? Puede ser que sí.


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La Habana es caliente


En aquellos años la dictadura de Fulgencio Batista se encontraba en su punto álgido. Tanto como los revolucionarios que, desde las alturas de las sierras conducían el proceso revolucionario que culminaría en el gobierno de Fidel Castro y la elevación a venerable de nuestro compatriota Ernesto "Che" Guevara. Pero por los días de Febrero de 1958 esto todavía no había sucedido, y el dictador Batista buscaba lo que todos sus pares: distracciones y ocultamientos. Por eso disputaba con periodicidad el Gran Premio de Cuba, en el circuito de El Malecón en La Habana. Y precisamente en ese mes del verano sudamericano era crucial para sus intereses políticos el desarrollo normal y eficiente de aquella carrera de autos de Fórmula Uno. Los ojos de todos los países se posaban en la torridez habanera, en las cadencias de sus habitantes y en su música pegadiza. Pero nada es posible de evitar u ocultar cuando los pueblos se deciden a las acciones y eso sucedía en aquellos momentos en ese sitio.

Ferrari, Porsche, Maseratti, Jaguar, Osca...estaban todas las marcas. Una competición de primer nivel donde los nombres de pilotos como Stirling Moss, Di Tomasso o Piero Drogo garantizaban un duelo importante.

Pero claro, a veces hay principios superiores o imposiciones del destino. Hasta quizás premoniciones e inclusive casualidades. Como las que irían a suceder ahí nomás, el día 24 de Febrero de 1958 en la hermosa ciudad de La Habana.


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Secuestrando al campeón


El dictador Batista había previsto la mayor de las prevenciones para que todo saliera sin alteraciones. Custodias, movilización del ejército, propaganda adicta. El propio Fangio llegó a la ciudad apenas dos días antes de la competencia, un poco por prevención y otro poco por sus ocupaciones múltiples.

Mientras, en la clandestinidad, el grupo revolucionario 26 de Julio se encargaba de planificar un gran golpe que diera promoción a sus ideas revolucionarias: el secuestro del súper campeón argentino Juan Manuel Fangio.

Las revoluciones suenan a ideas poderosas, como las múltiples de la historia de la Humanidad: la francesa, la industrial, bóeres, la revolución de los claveles. Vaya uno a saber si aquellos cubanos audaces estaban anoticiados de estos antecedentes pero para el caso, eran hasta ese punto unos paupérrimos militantes que apenas lograban subsistir. El plan del secuestro ya lo venían trabajando desde el año anterior, cuando se realizó el primer Gran Premio de Cuba....claro que la escasez de fondos para el operativo hizo imposible que se llevara a cabo.

Pero este año de 1958 ya estaban enervados, y el destino estaba escrito al punto de que nadie podría transformar su rumbo.

Estaban decididos a raptar a Fangio al salir de un estudio de televisión, pero la gran cantidad de personas que vivaban al ídolo impidió cualquier movimiento. Tras ese fracaso y habida cuenta el poco tiempo del que disponían, una sola opción quedaba para ellos y era intervenir directamente en el hotel donde se alojaba Fangio.

Una maniobra audaz pero la única posible. Eso habrá pensado el joven Manuel Uziel, cubano y revolucionario, cuando pistola en mano se introduce en el Hotel Lincoln, carcomido por los nervios y la impericia.

Entre varios distingue el inconfundible rostro de Juan Manuel y, con el temor reverencial que uno se imagina, se acercó pidiendo disculpas. Dicen que se dirigió a él diciendo "Disculpe, Juan, pero me va a tener que acompañar". Otro hombre llamado Arnold Rodríguez esperaba en un coche de esos clásicos, metieron al secuestrado allí y partieron.

Empezaba así, el secuestro de 26 horas que retendría al principal favorito de aquella competencia.


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Los secuestradores, mis amigos


Hay muchos detalles que se involucran en estas circunstancias. El campeón, en su afán de controlar la situación con altura y acostumbrado a dominar sus nervios, fue lentamente compenetrándose de la causa que impulsaba a aquellos desdichados casi improvisados a cometer semejante tropelía. Conociendo poco a poco la situación imperante, dióse cuenta de la aflicción de los hombres y mujeres que de una forma u otra intentaban disculparse con él.
A la noche le cocinaron papas y huevos fritos, y le brindaron la mejor de las camas que podían conseguir (no habrá sido gran cosa). Dicen también que hasta algunos sones de salsa y rumba acompañaron la vigilia, mientras le pedían perdón una y otra vez.

Juan Manuel Fangio tenía todas letras que sus títulos ameritaban, vaya que sí. Nunca lo vendaron ni tampoco lo amenazaron, mucho menos forzaron nada. Por el contrario, fueron tan amables que le mismo secuestrado les sugirió como terminar aquel suceso. Es más, el mismo les dio el nombre de los diplomáticos argentinos con quienes debían comunicarse para devolver su humanidad.

Fueron solo 26 horas, en una casa común y rodeado de seres humanos combativos. El campeón era nada menos que eso, y se conmovió; hasta les firmó autógrafos y recordatorios.

Dicen que cuando lo entregaron en la Embajada, se abrazaron entre todos. Que ellos seguían disculpándose y que el secuestrado les dijo "Me hicieron un favor, si la carrera se suspendió por un accidente". Allí lo dejaron y Juan Manuel les dejó una esquela de su puño y letra donde dejaba constancia del trato que había recibido. Dice el texto: "Dejo constancia que durante mi secuestro amable, el trato ha sido completamente familiar con atenciones cordiales y solamente han pedido disculparse por esta situación ajena a mi persona. Sinceramente. Juan Manuel Fangio".

Parece hilarante pensar en un secuestro de estas características. Pero son sucesos reales, hechos que por algún motivo andan por allí en la nebulosa de los recuerdos y la pretensión oscura de los olvidos. Fangio mantuvo una relación fluida con ellos, durante el resto de su vida. Fue reiteradamente agasajado, inclusive algunos de los secuestradores vinieron a la inauguración del museo que lleva el nombre del corredor. El propio Hotel Lincoln, donde ocurrieron estos sucesos, es un punto turístico especial.

Cuando a Fangio le dio un infarto, ellos mismos se pusieron a disposición (desde la isla cubana) para lo que se necesitara y tal atención les fue retribuida con saludos afectuosos. Más aún, siendo Fangio directivo de una importante empresa automotriz viajó a La Habana y fue recibido por el propio Fidel Castro y Faustino Pérez (uno de los secuestradores) que era Ministro de Industria, haciendo allí importantes negocios e intercambios comerciales. Entre amigos, digamos.

Los años han paso y esta anécdota andaba por ahí. Desconozco el destino de los secuestradores y el corredor falleció en 1995. Pero cuando lo habían liberado y la "Operación Fangio" había concluido, cientos de periodistas lo abordaron para preguntarle por su salud, su integridad y su estado en general. Cuando uno lo aborda y le dice como fue tratado, el quíntuple campeón mundial de fórmula Uno llamado Juan Manuel Fangio respondió en forma categórica: "Macanudamente".


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La carta

Con una nota, el Chueco opinó: "Dejo constancia que durante mi secuestro amable, el trato ha sido completamente familiar con atenciones cordiales y solamente han pedido disculparse por esta situación ajena a mi persona. Sinceramente". Juan Manuel Fangio".

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