A Fondo
Lunes 23 de Febrero de 2015

El desafío del efecto Nisman

Martín Macor / De la Redacción de UNO
cdamonte@uno.com.ar

 


El primer efecto político de la Marcha del Silencio podría ser la consolidación de una gran interna opositora para la elección primaria del 9 de agosto. Además del homenaje al fiscal Alberto Nisman, el reclamo ciudadano se centró en pedir una Justicia más eficaz e independiente. Y en plantearle a la dirigencia política mayor capacidad de diálogo y soluciones para el déficit institucional que se profundiza en la Argentina.


El medio millón de personas que se movilizó bajo la lluvia del miércoles en todo el país fue de tal impacto que la dirigencia comenzó a diseñar estrategias que puedan ajustarse a la nueva realidad. Se ha informado sobre el acuerdo para que haya una gran interna opositora para elegir el candidato a gobernador en Mendoza y lo mismo podría suceder en la provincia de Buenos Aires si prosperan algunas negociaciones en marcha.


En el orden nacional, ha sido la Unión Cívica Radical la que ha lanzado la idea de una gran interna opositora para elegir a un candidato presidencial fortalecido por las primarias abiertas. Sergio Massa, Mauricio Macri y Hermes Binner se muestran reacios a la idea pero el efecto Nisman podría cambiar las reticencias por un consenso acorde al desafío de los tiempos intensos que corren.


A todo esto, en las últimas horas se sumó la Iglesia a esta gran “conversación”. A través del mensaje del titular del Episcopado por el inicio de la Cuaresma, lo hizo a los reclamos por una “independencia del Poder Judicial” tras la muerte del fiscal Alberto Nisman.


El titular de la Conferencia Episcopal Argentina, José María Arancedo, reclamó “compromiso” en su mensaje e instó a trabajar “para construir el bien común de la Patria”.


“Resulta imprescindible asegurar la independencia del Poder Judicial respecto del poder político y la plena vigencia de la división de los poderes republicanos en el seno de la democracia”, resaltó Arancedo.


Las declaraciones del religioso llegaron tres días después de la marcha realizada como homenaje al fiscal Nisman, hallado muerto el 18 de enero con un tiro en la cabeza.


Claro que lo más fuerte en materia de posturas tras el 18-F se dio por parte de la Presidenta. Cristina Kirchner cuestionó por primera vez la marcha. En una extensa nota, que la mandataria publicó en su página web y difundió por las redes sociales, minimiza la convocatoria de marcha y sostiene que “la palabra y el silencio, parecen tener dueños en la Argentina”. El título del texto difundido es: “El 18f, bautismo de fuego del partido judicial”.


“Lo cierto es que la marcha a la que asistió todo el arco de partidos opositores y sus candidatos presidenciales, salvo las agrupaciones de izquierda, no fue para nada un acto de homenaje a una persona trágicamente fallecida, con la obvia excepción de sus familiares directos”, lanzó.


“Tanto en lo gestual como en las palabras y en lo ostensiblemente visible, el 18-F fue decididamente una marcha opositora, convocada por fiscales y apoyada por jueces y todo el arco político opositor”, indicó.


También agregó que la marcha demostró una lucha de poderes. “En síntesis: una marcha de varios integrantes de un poder del Estado, el Judicial, contra otro poder de la Constitución”.


La Presidenta, también, califica de insólita la consigna de la marcha. “Era la inédita convocatoria de fiscales con el apoyo de no pocos jueces, a una marcha a la que decían se convocaba para reclamar “justicia” por la muerte del fiscal Nisman, algo realmente tan insólito como sería una convocatoria de ministros del Poder Ejecutivo reclamando una mejor “gestión de gobierno”.


Cristina abonó la teoría de la agrupación Carta Abierta de que la convocatoria de los fiscales escondía una actitud “desestabilizadora”, que terminó predominando en el oficialismo ante posiciones más moderadas, que incluso insinuaron con sumarse a la marcha.  


En las últimas horas se mencionó incluso que si diera por genuina la convicción de quienes sostienen la hipótesis destituyente, se vería que los esfuerzos de la Presidenta  no están puestos en asegurar la continuidad del proyecto político el próximo turno electoral, sino más bien en garantizar la supervivencia -y en el caso que involucra a la Justicia, la impunidad- cuando llegue la hora del llano. Esta caracterización se completa con el fatalismo de una derrota electoral ante una fuerza política que exprese lo contrario, los intereses inconfesables, lo antipopular.


Analistas sostienen que CFK va seguir escalando la confrontación hasta el último día y luego -incluso más allá de su obsesión con los medios- que la Justicia ha sido el verdadero obstáculo que el kirchnerismo no pudo sortear en su proyecto de concentración de poder. Sobre lo primero, la Presidenta parece dispuesta definitivamente a cerrar el ciclo y a resignar la continuidad del kirchnerismo después de diciembre.


Indican que una nueva apuesta a la radicalización a escasos meses de las elecciones disminuye sin dudas las chances de Daniel Scioli, el candidato del oficialismo que presenta mayores expectativas en las encuestas.

 

 

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