Policiales
Miércoles 29 de Julio de 2015

El conflicto entre barrios marca el juicio por el crimen de un joven

A casi dos años del homicidio de Emanuel Vásquez, comenzaron a juzgar a “Gatito” Olivera y “Muñequito” Abasto. Las declaraciones de testigos reflejan la violencia de los últimos años en el Lomas del Mirador II y el Municipal

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


Es mucho más que un juicio: el debate por el homicidio de Emanuel Vásquez refleja la trama de conflictos, peleas, balaceras, muertes y droga que marca a fuego la realidad de dos barrios de la zona este de Paraná azotados por la violencia: Lomas del Mirador II y Municipal. Pibes que integran bandas delictivas, otros que se pasan la noche en la calle fumando porros, otros que no pero forman parte del grupo de amigos. El lugar de residencia marcará de qué lado está cada uno y ya las diferencias son, a veces, insalvables. Pero algunos llevan armas y otros caen muertos.

Gustavo Gato Olivera, de 22 años, y Gustavo Muñequito Abasto, de 20, están imputados por el asesinato ocurrido el 21 de agosto de 2013 en calle Longo y Quirós del barrio Lomas II. Los dos se abstuvieron de declarar. Hay dos testigos claves que estaban junto a la víctima al momento del ataque a balazos: uno señaló a los procesados, otro dijo que no los vio, pero antes había dicho que sí.

Ema Vásquez tenía 16 años cuando murió de un balazo en la zona del cuello. Aquella noche a las 22.30 estaba en la vereda a metros de su casa del Lomas II junto a Juan Pitu Alvarado y Jaime Pereyra. Desde la vereda de enfrente aparecieron los asesinos y los acribillaron. Una bala alcanzó a Vásquez, otras dos a Pereyra en el pie y la cintura.

Mentiras y temores

El primero en dar testimonio fue Pereyra: “No vi nada, estaba de espaldas esa noche, sé que tiraron de atrás del paredón nada más, no recuerdo nada, recibí un impacto en la espalda, salí corriendo y me quedé tirado en el pasillo. Fueron una banda de tiros, 25, 30 tiros. No miré para atrás, porque cuando recibí el tiro salí corriendo nada más. Vino la ambulancia, me levantó mi papá y me llevaron al hospital”.

La primera vez que declaró en el Juzgado de Instrucción, Pereyra había dicho que estaban los tres, y Pitu le dijo “mirá quién viene”, se dio vuelta y vio a Muñequito y a Gatito quienes empezaron a disparar. Sintió los disparos, se dio vuelta y los vio irse hacia una moto. Además, había contado que los reconoció por su forma de pararse y caminar. Pero a los dos días fue otra historia la que relató y ayer la ratificó ante el Tribunal: “Todo eso fue inventado. Me dijo la mamá de Ema Vásquez que dijera que fueron ellos cuando estábamos en el hospital. Me pidió eso y le dije que sí, que no había problema y después cambió la onda. Dijeron cosas de mí, que yo no me juntaba con el muerto”. Además, Pereyra aseguró que nunca fue amenazado y que no tiene ningún problema con Abasto ni Olivera.

Luego le tocó declarar a Pitu Alvarado. Antes de sentarse alejó la silla de los acusados y dijo que tiene problemas de barrio con ellos y aseguró tener miedo: “Corre riesgo mi familia, yo ya declaré y dije lo que tenía que decir. No me acuerdo de nada porque me drogo con pastillas, todo, desde que murió mi compañero”.

Sin embargo, pudo relatar lo que pasó aquella noche: “Estábamos los tres, empezaron a los balazos y corrí, después lo vi a mi compañero tirado. Fueron ellos dos”, dijo y señaló a Abasto y Olivera. “Eran muchos disparos, los dos tenían armas de fuego, una corta y una grande, los vi de vereda a vereda, salieron de atrás del muro”, agregó.

A su vez, dejó en claro que “con Pereyra está todo mal, él tiene problemas con todos los de mi barrio, el Jauretche. Cuando pasó todo y vinimos a declarar él dijo que habían sido ellos”.

Consulado por el tribunal, Alvarado definió qué son “problemas de barrio”: “Droga, de todo... Como nosotros íbamos al barrio de ellos y ellos no se lo bancaban, empezó el problema, capaz que tenían problemas con uno, ese se juntaba con ese, tiene problemas con aquel y metían a todos en la misma bolsa”.

Los familiares de los acusados que declararon los ubicaron en otros lugares al momento del hecho. Los parientes de Olivera afirmaron que esa noche estaban en un domicilio comiendo pizzas, mientras que la hermana de Abasto contó que el joven estaba con ella en su casa de San Benito.

Hoy continúa el juicio con más testigos, y mañana a la noche será la reconstrucción del hecho en el barrio Lomas II, con la presencia del tribunal (Miguel Giorgio, Elbio Garzón y José María Chemes), el fiscal Rafel Cotorruelo, el querellante Javier Aiani, y los defensores Walter Rolandelli, Hugo Gemelli y Matías Argüello. También los testigos y los dos imputados. Se espera un importante operativo de seguridad con el Cuerpo de Operaciones Especiales de la Policía.

La sombra de Petaco

Muñequito es sobrino de Ramón Abasto, quien está condenado a prisión por una tentativa de homicidio junto a  Roberto Fredy Olivera, el papá de Gatito, y cuñado de Gustavo Petaco Barrientos, líder de la banda del barrio Municipal y de la Barra Fuerte de Patronato, que también está preso por un doble homicidio.

Siempre se habló de las influencias de Barrientos en las causas que tienen a su gente involucrada. Mitos o verdades, en los barrios de la zona este de Paraná se comentó que para que testigos cambien sus declaraciones en la causa por el homicidio de Emanuel Vásquez ofrecieron plata, moto y un kilo de marihuana. También se dice que algunos agarraron y cambiaron, otros también pero luego no se rectificaron y otros no aceptaron la gentileza.

Además, trascendió que ayer un testigo clave habría recibido un mensaje a su celular, advirtiéndole que si declaraba en contra de los acusados le iban a prender fuego la casa. También, mientras transcurría el juicio, algunos vieron en las inmediaciones de Tribunales merodear a varios sujetos que parecían estar alerta “por si las cosas”.

“Mi vida se terminó con lo de mi hijo”

La mamá de Emanuel Vásquez, Ana Escobar, recordó la noche en que su vida “se terminó”. “Estaba en mi casa, salía de bañarme, le había dado  de comer a mi hijo más chico, Ema llegó y dejó la moto, estaba con el Pitu, desenvolvió un alfajor y dejó el papel en la mesa. Le pregunté ‘¿No vas a comer?’, y me dijo ‘No, ya me comí el alfajor, voy acá nomás’. Le dije ‘Quedate adentro que los de allá abajo andan a los tiros’, pero me dijo que salía a dar una vuelta. A los minutos empecé a escuchar explosiones, abro la puerta, viene mi hermano y me dice ‘¡Ana lo balearon al Ema, te lo mataron al Ema!’. Doy la vuelta y lo veo ahí tirado, no me animé ni siquiera a tocarlo. Le sacaron la vida a mi hijo,tenía 16 años, estudiaba y no tenía problemas con nadie”, relató la mujer quebrada por el dolor y el llanto. 

Enseguida continuó: “Era muchísima gente, todos gritaban, el policía dijo ‘tiene pulso’, llamaron a una ambulancia, un vecino lo quiso llevar en un auto particular pero la policía no lo dejó. Lo subieron a Ema, se subió Pitu y yo. Mi vida se terminó con lo de mi hijo”, afirmó Ana.

Luego, contó que horas antes se produjo en el mismo lugar la antesala del crimen: “A las 6 de la tarde yo estaba parada en la escalera, y había subido Muñequito Abasto a tirar para el lado del Lomas. Voy a hablar con el comisario y le digo que por favor mandara un patrullero y lo dejara parado ahí porque van a terminar matando a alguien. Y a la noche me matan mi hijo”, lamentó.

Le preguntaron a la madre de la víctima si le había pedido a Jaime Pereyra que declare contra los acusados (como el muchacho lo había contado), y lo negó rotundamente: “A Pereyra jamás lo vi en el hospital, porque no entré nunca, estaba en un rincón rezando para que Dios me devuelva a mi hijo. Solo cuando me dijeron que lo iban a desconectar y entré a despedirme”.

Además, Escobar se refirió a los mensajes de texto que le había enviado Pitu Alvarado los días siguientes: “Me dijo que lo perdonara porque iba a tener que declarar de nuevo porque estaba amenazado”. Pero ratificó que Pitu le había dicho en el hospital quiénes fueron: “Gritaba que habían sido Muñequito y Gatito, se me arrodilló y me dijo ‘perdoname, no lo pude salvar, me quitaron a mi hermano’”.

Por último, Ana afirmó que ella no vio quiénes asesinaron a su hijo y que no tiene un encono particular contra Abasto y Olivera: “Si paga alguien que no fue, mi hijo no va a descansar en paz”, aseguró.



¿Qué pasó en la Alcaidía de Tribunales?

Minutos antes del inicio del juicio se produjo un principio de incendio que afectó la capucha de un buzo de algodón y una toalla de mano que se encontraban dentro de una celda sin ocupantes en la Alcaidía de Tribunales. Fue sofocado con el extintor por los policías. “No hubo víctimas ni daños en el edificio”, dijo la Jefa de la División Tribunales, Mara Carolina Francés. Y descartó que se hubiera tratado de un intento de autolesión de algún detenido, como así también que se hubiera intentado quemar colchones. “Interviene el personal de la comisaría primera para establecer cómo sucedieron los hechos y se dio intervención a la agente fiscal, Natalia Taffarel”, agregó. Los peritos determinaron que en la celda había tres colillas de cigarrillos, por lo que se investiga si fueron el origen de la fuente de calor que generó llamas.

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