La Provincia
Domingo 28 de Junio de 2015

El bullying a las noticias ya llegó

Carlos Damonte/ De la Redacción de UNO
cdamonte@uno.com.ar

Me divierten los críticos de medios vernáculos. Ignoran todo o casi todo lo que está ligado a la artesanía que implica dar forma a una noticia, pero igual opinan desprejuiciadamente; hacen uso de las redes sociales para sentenciar o pontificar cuando basta con abandonar el medio de comunicación en cuestión por otro que le informe mejor según sus parámetros. O bien quedarse con ninguno.
También están los que conocen muy bien el oficio y, probablemente empachados de ocio, gastan las horas cuestionando producciones ajenas. Tejen y destejen. Y cuando las críticas son mal intencionadas merecen una réplica. Estos son los que una compañera de trabajo definió como hacedores de bullying periodístico. Prefieren ridiculizar el fruto del trabajo ajeno antes de forjar sus propias piezas periodísticas y simplemente ponerlas a consideración de los lectores. Semejante prólogo viene a cuento de las críticas que recogió en las redes sociales la información ligada a la producción de una garrapiñada gigante a manos de un cura que encaró tal zafra con la intención de venderla para obtener plata para un hospital. Es claro que se trata de una noticia que no reviste tanta seriedad como pueda ser una investigación de abuso sexual, venta de sangre o designación de magistrados a dedo. Es como se conoce vulgarmente, una crónica urbana destinada, además de informar un hecho, a generar conciencia en torno a la solidaridad.
Por definición, la Real Academia Española informa que “el bullying es un anglicismo que no forma parte del diccionario español pero cuya utilización es cada vez más habitual en nuestro idioma”.
El concepto refiere al acoso y a toda forma de maltrato físico, verbal o psicológico que se produce entre personas y a lo largo del tiempo. Hacerlo personalmente o vía on line es más o menos igual de grave. Burlarse de un pibe por su peso o de un periodista por la nota que le encargaron es, a mi juicio (opinable por cierto) una acción de discriminación.

No hay delito en informar sobre la elaboración de una garrapiñada gigante, tampoco se la editó como cortina de humo para ocultar sucesos más graves. El día que UNO dio a conocer el hecho, el jueves 18 de junio, también se informó sobre una denuncia de abuso policial en Concepción del Uruguay, de las disputas políticas por captar la adhesión de los intendentes de la UCR en las PASO, el juicio por sedición en Concordia y la paupérrima atención sanitaria que sufrió una mujer de Villaguay. Entre tanto, el cura Benito Vernaz mostraba la manera que cocinaba su garrapiñada para juntar fondos. Los que se burlaron de esa producción, que por cierto demandó una jornada de trabajo para dos compañeros del diario, ignoran lo que es ejercer el periodismo en Entre Ríos. En UNO al menos, hoy te toca escribir de la garrapiñada y mañana de la venta de sangre en el hospital y el desafío es hacer ambas crónicas con la misma concentración por la precisión de los datos y la elección de los verbos. No da igual una noticia que otra, pero el propósito es llegar al lector con la información del día, utilizando además las rendijas o las puertas que se abren para opinar con compromiso. Y en ese ejercicio cotidiano, ganarse el sustento. Que no es poco.  

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