San Cayetano
Lunes 08 de Agosto de 2016

El arzobispo de Paraná reclamó por la creación de puestos de trabajo

"Más que una limosna, pido que hagan esfuerzos de dar trabajo. Y que ganen menos, para que otros ganen lo que necesitan para vivir", dijo el obispo, en un mensaje dirigido a quienes tienen responsabilidad política y civil

La realidad laboral, que se ha convertido en los últimos meses en la mayor preocupación en todo el país, volvió a erigir a San Cayetano como el santo milagroso a quien pedirle, y fundamentalmente rogarle, por recuperar o cuidar el empleo. Tanto por los dichos del papa Francisco y de los obispos en todo el país, como por las demandas ayer de los creyentes que se acercaron durante toda la jornada a los templos del santo más popular en el país, hubo un cambio en el mensaje de los últimos años que abordaba más sobre la paz y el pan. El trabajo volvió al centro de la reflexión y devoción por San Cayetano. El propio papa Francisco hizo destacar días antes de la festividad, que el trabajo "es más difícil de lograr", porque al pan se lo puede conseguir cuando siempre hay una mano solidaria.

Por la situación económica, que provocó pérdida de empleos y un fuerte impacto en aquellos vastos sectores vinculados a la economía informal, San Cayetano reunió nuevamente una multitud de fieles en la capital provincial, que muchos testimoniaron como de una magnitud superior a los últimos años.

Durante la homilía de la misa central desarrollada en el templo del barrio San Roque, el arzobispo Juan Alberto Puiggari se basó en el documento elevado por Francisco a los obispos de todo el país. Al respecto, señaló: "Estamos acá para pedir lo que nos pide el Papa: pan y trabajo que lleve dignidad a nuestro pueblo, y estamos pidiendo recuperar la cultura del trabajo", aseveró apenas concluida la lectura de la carta de Francisco.

Acto seguido, en el párrafo con mayor carga política, elevó el pedido para quienes tienen responsabilidad política, social y civil: "Pido que tengan posibilidad de hacer crecer las fuentes de trabajo, que sepan que es una de las mayores responsabilidades que tiene, porque así dignifican al pueblo, y es uno de los mayores actos de caridad que pueden hacer con el hermano".

Y remarcó: "Más que limosna pido que hagan el esfuerzo por dar trabajo, aunque sea con sacrificio personal; tenemos que aprender a ganar menos para que otros ganen lo que necesitan para vivir".

Antes, en el inicio de su homilía, había leído la carta de Francisco, que fue aplaudida por la multitud presente. Entre los párrafos salientes, Francisco hizo notar: "Es duro cruzar tu vida con un padre que quiere trabajar y no puede conseguir trabajo". Y en otro tramo advierte: "Los índices de desocupación son significativamente altos". (Ver más información en página 8).

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Procesión

Una multitud que se desparramó a lo largo de 600 o 700 metros concretó la tradicional peregrinación por las calles del barrio, que rodeó al predio de la escuela hogar Eva Perón, antes de la celebración de la santa misa. Algunos organizadores y responsables de los operativos de tránsito estimaron un crecimiento de la concurrencia en relación a los últimos años. Más allá de las impresiones, la realidad es que muchos factores generaron que la convocatoria haya sido, sin dudas, una de las más significativas de los últimos años: la angustiante situación económica de los sectores bajos de la población, la caída y falta de empleos y el temor por su pérdida, seguramente figuran entre las más destacadas. La realización un día domingo y con una temperatura primaveral pudieron ser otras causales de la masiva concurrencia.


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La apertura del templo, entre empujones


La celebración del santo más popular en Argentina comenzó con la apertura de las puertas del templo en el inicio del día. La llegada de la medianoche y el sonido de las bombas de estruendo al grito de 'Viva San Cayetano' marcaron el inicio de las distintas celebraciones litúrgicas programadas.

Una gran convocatoria tuvo la primera misa del día, oficiada por el párroco Silvio Fariña. Hasta más de 100 metros de cola se formaron en los minutos previos, hasta que unos pocos 'vivos de siempre' quisieron burlar la larga espera de los fieles y se ubicaron frente al templo pocos segundos antes de la hora 0. Y ocurrió lo predecible: amontonamientos y empujones que afectaron a personas grandes y a chicos en el afán de unos y otros por querer ingresar para alcanzar algunos de los pocos bancos disponibles para seguir la misa. Algo para mejorar, ya que se repite cada año, y no deja de ser una muy mala imagen: ya ni siquiera la entrada a los estadios de fútbol –en eventos multitudinarios– se realizan de modo tan anárquico.

No es responsabilidad de la organización la conducta de unos pocos entre la multitud de los creyentes que se acercaron al templo, pero sí tratar de garantizar que las actividades se desarrollen del modo más adecuado y respetuoso posible.

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