Entrerrianos por el mundo
Sábado 12 de Noviembre de 2016

El apasionante oficio de descubrir nuevos mundos

Tiene 28 años y se recibió en marzo de Doctora en Astrofísica Teórica. Vive en Leiden, muy lejos de su querida Gualeguay.

Desde pequeña, cuando sus días transcurrían en el vecindario de calle San José, Camila Correa soñaba con ser astrónoma y poder descubrir ese maravilloso mundo de los planetas, el sistema solar y las estrellas. Lo logró en La Plata en 2012, cuando obtuvo su título de licenciada en Astronomía, gracias a su esfuerzo y dedicación. Pero ya desde la recta final de su carrera ella sabía que su futuro profesional no se daría en Argentina. Sus estudios en el extranjero comenzaron en Australia, donde se radicó a los pocos meses de recibida gracias al apoyo de su familia y a los ahorros obtenidos en sus años de estudiante. Allí pudo comenzar a hacer realidad su sueño de ilustrarse en la Astrofísica y de recorrer los países donde pudiera desempeñarse. Fue en Melbourne que obtuvo su título de Doctora y hoy vive en Holanda, donde la universidad de Leiden la becó para trabajar como investigadora de tiempo completo.

Un sueño, su motor
Si bien nació en Concepción del Uruguay un 17 de noviembre hace 28 años, y vivió hasta los 8 en la capital provincial, la infancia de nuestra entrerriana por el mundo transcurrió en Gualeguay, donde cursó el Primario y el Secundario. Adoptó ese lugar junto a su papá, Raúl Correa (comerciante), su mamá, Liliana Caballero (profesora de nivel terciario y directora de escuela Primaria), y su hermana Clara, quienes aún residen allí.
Si hubo algo que la caracterizó desde chica, eso fue su fascinación por todo lo relacionado a la Astronomía, desde el querer aprender a los 11 años las ecuaciones que describen las órbitas de los planetas del sistema solar, al origen del universo.
En diálogo con UNO de Entre Ríos, Camila Correa describió: "Mi fascinación no fue algo pasajero de mi niñez, sino que fue creciendo, y durante el Secundario pasaba muchas horas estudiando Física y Matemática avanzada para poder entender temas básicos de Astrofísica Teórica".
La entrevistada recuerda que comenzó a dar sus primeros pasos guiada por profesores particulares que compartían su atracción por el cosmos, y luego continuó estudiando por su propia cuenta. Los años pasaron y su crecimiento en el tema fue tanto que al día de hoy le cuesta creer lo que ha logrado: "Hoy me sorprendo, pero mirando en retrospectiva, a los 16 años ya conocía y comprendía temas básicos de Astronomía, como por ejemplo formación y evolución de estrellas de distinta masa. Tal es así que durante esos años decidí participar de una competencia organizada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae)".
Camila describe esta experiencia, que consistía en realizar un trabajo de investigación: "Lo hice sobre un grupo de estrellas variables (variables en el sentido que se inflan y desinflan y así cambian su luminosidad). Por ese trabajo quedé seleccionada entre ocho chicos y chicas para una entrevista. Esta era para conocernos y decidir quién de nosotros representaría a la Argentina en la semana del Campamento Espacial Internacional que organizaba la NASA, en Estados Unidos, Huntsville, Alabama".
Así fue cómo concretó su primer sueño, quedó seleccionada y viajó a la NASA junto a un chico de Buenos Aires de su misma edad (17 años) y un profesor de Física de San Isidro. Pasaron 10 días en Estados Unidos, realizando un entrenamiento básico para ser astronautas, rodeados de jóvenes provenientes de distintos lugares del mundo.

Una meta bien definida
La joven doctora en Astrofísica Teórica asegura que desde el momento en que vivió esa experiencia en los Estados Unidos vio todo más claro: "Ese viaje me cambió, al regresar a mi Gualeguay querido tenía un plan, sería astrónoma y viajaría por el mundo. Gran parte de ese maravilloso objetivo, que a los 17 años no me dejaba dormir de la emoción, se ha cumplido, y sigue hasta el día de hoy".
Al terminar el Secundario Camila viajó a La Plata para comenzar la carrera Licenciatura en Astronomía, la que define como "hermosa": "Disfruté cada materia y no tuve ningún problema en completarla. La terminé en cinco años y medio, durante ese tiempo también di clases particulares (sobre todo de Inglés) y fui ayudante en la facultad, de Álgebra y Mecánica Clásica".
Gracias a la ayuda de sus padres la joven ahorró todo lo que pudo, y al terminar la carrera ya estaba lista para el próximo paso. La entrerriana sabía que dedicarse a su labor como ella lo deseaba implicaba dar el salto y así lo rememora: "En febrero de 2012 viajé a Australia, donde fui becada para hacer el doctorado en la Universidad de Melbourne".
Para Camila, sus años en ese primer destino fueron muy felices, ya que por un lado viajó mucho, y por el otro disfrutó de sus estudios para el posgrado.
Sydney, Perth, Canberra, el desierto de Uluru, la Isla de Hamilton, y la hermosa Isla de Tasmania, (a la que viajó dos veces), lugar que describe como su favorito en el mundo, fueron algunos de los territorios australianos a los que arribó, claro que no solo los visitó por paseo, sino motivada por su profesión: "También viajé a Europa, hice una estadía en Holanda como parte de mi doctorado y conocí ciudades como Amsterdam, París, Berlín, Munich, Barcelona y Madrid. Allí investigué sobre formación de galaxias y materia oscura, y al igual que en La Plata, fui profesora asistente en las materias Mecánica Clásica y Termodinámica".

Su lugar hoy: Leiden
Camila se doctoró en marzo de este año, y meses antes de terminar ya había firmado un contrato con una universidad de Holanda para trabajar como investigadora a tiempo completo. Desde hace seis meses vive en ese país, en la localidad de Leiden, ubicada a 30 minutos de Amsterdam en tren. Si bien reconoce que le gusta mucho Europa, hay momentos en los que extraña Melbourne, es más, para ella fue más difícil dejar su anterior casa que Argentina: "Para ser honesta, en esta ocasión, y a diferencia de cuando dejé mi país de origen, no fue fácil dejar mi vida en Australia y mis amigos para seguir mi sueño. Holanda sin embargo tiene su encanto, de a poco me estoy enamorando".
La describe a partir de sus incontables puentes y canales, las flores que decoran cada rincón, el estilo de casas altas, y en lo organizado y limpio que es ese país. También define a los lugareños: "Los holandeses son amables, para nada ostentosos y famosos por ser eficientes, directos y muy trabajadores. Leiden es hermosa, tiene muchos canales que se cierran en forma de anillos, lo que le da a la ciudad un aire medieval ya que cuenta con una fortaleza en el medio (a veces llamada El Castillo)".
Lejos han quedado las calles y los espacios de su querida ciudad del sur entrerriano. De todos modos, la siente un poco más cerca cuando encuentra semejanzas con la actual: "En Gualeguay siempre escuchaba las campanadas de la parroquia San José los domingos, en Leiden ahora también las escucho. Leiden, al igual que la calle San Antonio donde paseaba de niña, también tiene una calle principal donde están los comercios, se llama Haarlemmerstraat". Relata que los domingos soleados, de igual manera, la trasladan a la "Capital de la Cordialidad", día en que la gente sale a pasear en auto, visitan la costanera y recorren las principales plazas; los holandeses también lo hacen, solo que a diferencia de usar autos la gente se sube a sus botes y recorre la ciudad paseando por los canales.
Otro de los aspectos de Holanda que destaca Camila es el tránsito: "Tienen muy buen sistema de transporte público que les permite viajar a muy bajo costo a distintas ciudades del país, por lo que tener auto no es muy necesario". En ese sentido, asegura que la primera barrera cultural que tuvo que cruzar, para pertenecer, fue comprarse una bici con la que ha recorrido cada rincón de Leiden.
Si bien le tocó dejar muchos afectos en Gualeguay y Australia, ya se hizo de muchos amigos en su lugar de trabajo, y asegura que no le fue difícil adaptarse a la nueva vida. Esto es en gran parte gracias a su buen manejo del idioma, ya que desde pequeña habla con fluidez el inglés y este la conectó con todos. Hoy, igualmente, está haciendo un curso de holandés para poder conocer mejor la cultura que la va a rodear los próximos tres años.

Entre fórmulas y papers
Un día normal en la vida de Camila comienza a las 7, cuando sale a correr unos 45 minutos. Luego se dirige a la Facultad de Física, donde tiene su oficina, la que comparte con otros tres investigadores: Sylvia de Austria, Lorrie y Michael de Estados Unidos, todos astrónomos de su edad. En su lugar de trabajo hay alrededor de 55 jóvenes investigando, que son contratados por la universidad con fines científicos.
Cuando termina de trabajar, a las 17, los lunes toma las clases de Holandés y los martes hace escalada (bouldering) con amigos. A pesar de las obligaciones, se hace el tiempo para poder realizar uno de sus hobbies favoritos: salir a correr entre 10 y 12 kilómetros. "Este año he hecho tres medios maratones y estoy entrenando para uno en Bélgica en noviembre. Todavía no he podido correr más de 30 kilómetros, pero mi sueño es completar un maratón, ojalá pueda hacerlo el año que viene". Otra de sus actividades de tiempo libre es el arte, pinta cuadros al acrílico u óleos, como así también hace hiking (largas caminatas en bosques) y acampar.
Se autodefine como una persona de rutina, por lo que, a pesar de tener mucha flexibilidad en su trabajo (ya que no le exigen cumplir horarios), ella se organiza para asistir a la oficina todos los días, tomar café por las mañanas, leer artículos científicos (papers) relacionados con su tema y hacer análisis y gráficas. "Disfruto mucho lo que hago, me gusta discutir papers con mis colegas, ir a coloquios y charlas, y atender dos o tres conferencias por año".

La materia del corazón
En lo que respecta a su vida amorosa, la entrevistada reconoce que ha sido muy difícil para ella poder seguir su sueño y tener un compañero dispuesto a caminar a la par, sin embargo no se resigna y como dice la canción va dejando "Un amor en cada puerto".
Su primer viaje a Melbourne no lo hizo sola, lo emprendió acompañado por su novio de ese entonces, también astrónomo, quien inspirado por ella se sumó a la aventura, pero por esas cosas de la vida un día descubrieron que sus proyectos no coincidían en igual tiempo y espacio.
Fue allí también que estuvo en pareja con un joven australiano, con quien intentó seguir su relación a distancia una vez establecida en Holanda, pero no funcionó.
Enfocada en su desarrollo profesional, comenzó a disfrutar un poco más de las salidas con amigos, y hoy se encuentra emprendiendo un nuevo comienzo: "Estoy conociendo a un argentino, quien como yo, decidió hacer el doctorado en el exterior, pero en Física Experimental. Su nombre es Aquiles, y hay días en que él me conecta con la Argentina, a través de los tangos que escucha, la radio los domingos y su gran stock de dulce de leche".
Doctora en Astrofísica, Camila valora mucho las posibilidades que le dio el haberse formado en la Universidad de La Plata, en Bueno Aires, y agradece día a día el nivel adquirido en esa casa de estudios, muy valorado por los centros de investigación del exterior.
Si bien se reconoce feliz, no puede negar que extraña la Argentina, sobre todo a su familia y amigos porque, aunque siempre habla con ellos, hay días que preferiría poder estar en su casa y "comerse un buen asado o unos ricos ñoquis de mamá". Pese a todo, hay algo que tiene muy claro, y es que la vida que hoy lleva es la que eligió y a la que, gracias a los afectos que la bancaron, logró acostumbrarse residiendo en el exterior: "Disfruto de cada día, conociendo gente y nuevos lugares, pero sobre todo, siendo lo que siempre soñé ser: astrónoma".

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