A Fondo
Miércoles 08 de Julio de 2015

El acoso sexual no es una estrategia legal

Liliana Bonarrigo / De la Redacción de UNO
lbonarrigo@uno.com.ar


La semana pasada el abogado mediático Fernando Burlando, representante legal de la vedette Victoria Xipolitakis, expuso su intención de demandar a los pilotos Patricio Zocchi y Federico Seoane, de la aerolínea Austral, por acoso sexual hacia su clienta, en el marco del difundido caso del “vuelo del escándalo”. 

La declaración del abogado se hizo en los medios y nunca llegó a Tribunales, pero cosechó el repudio de muchos sectores. Y no es para menos. La mayoría de las personas que vieron el video, ampliamente difundido por “la griega”, entendieron que lo que pasó en la cabina de ese avión estuvo bien lejos de ser un acoso. Entre las denuncias cruzadas, en las que se enredaron opositores y oficialistas, opinólogos y panelistas, los analistas más sensatos coincidieron en que se trató más bien de una operación de prensa más, a las que ha acudido la mediática para estar “en pantalla”. 

Sin hacer valoraciones sobre la actitud de Xipolitakis ni de los pilotos, a los que les llegó un castigo inmediato, y haciendo hincapié en la liviandad del abogado, el enojo público está justificado. No se puede banalizar la figura legal del acoso sexual sufrida por mujeres, hombres y transgéneros en todo el mundo y que está considerada legalmente como una de las formas de violencia contra la mujer. 

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) casi un 2% de los trabajadores del mundo –pero especialmente las mujeres– padecen acoso sexual en sus variadas formas. El acoso sexual está tipificado en leyes, códigos y convenios colectivos de todo el mundo. Se lo entiende como una conducta de naturaleza sexual que afecta la dignidad, ofende y humilla a hombres y mujeres que lo sufren. En los lugares de trabajo, además, crea ambientes hostiles e intimidatorios. 

El acoso sexual puede ser verbal, a través de bromas, piropos y conversaciones de tono sexual; no verbal por medio de gestos o miradas lascivos, o puede darse a través de insinuaciones o invitaciones de carácter sexual, llamadas telefónicas, notas, mails, mensajes de texto, redes sociales, y llegar a lo físico violento, como manoseos o acorralamientos, o presiones físicas y psíquicas para concretar un contacto íntimo. Las víctimas viven aterradas y pueden sufrir estrés, depresión y diversos trastornos psíquicos. 

El acoso sexual se puede dar en varios ámbitos y círculos sociales pero cuando es en el ámbito laboral, provoca dificultades en el desempeño del trabajador acosado, como disminución de productividad y el bajo rendimiento. 

Los personajes mediáticos parecen vivir en un reality guionado y no miden las consecuencias de sus actos en el mundo real. Al menos lo evidente en ellos es la tilinguería y la trivialidad. 

Fomentar falsas denuncias le quita seriedad al problema y arroja un manto de sospecha sobre los casos verdaderos. 

Miles de personas, sobre todo mujeres, viven un infierno diario debido a esta conducta de sometimiento de una persona dependiente a otra que detenta el poder. Sería bueno que Burlando deje de burlarse de ellas.

 

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