A Fondo
Martes 20 de Octubre de 2015

Drama de muchos, negocio de pocos

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


El adolescente, joven o adulto que diga que no es necesario tomar alcohol para divertirse una noche o pasar bien algún encuentro, será un boludo. Es indiscutible y no hay vueltas que darle. Empresas y Estado, unidos como en tantas cosas, hacen que este sea un mandato insoslayable del que nadie escapa. Ver a alguien borracho resulta cómico. Encontrarse con un pibe tirado por los efectos del alcohol no espanta a nadie.

El otro día, un cuidachoches no podía agarrar el billete con el que le pagaba, de lo borracho que estaba. Sus compadres en la cuadra no estaban mejor. La situación me causó gracia en lugar alarma, o por lo menos lástima. Así estamos. Muchos padres de adolescentes, tal vez resignados, naturalizan que su hijo regrese a casa de una salida completamente ebrio, vomitado, en un estado deplorable. O le ven el lado positivo de que por lo menos el chico no se droga. Porque entendemos como droga solo la marihuana y la cocaína. Y aquellos que buscan evitar que sus hijos consuman alcohol, algo tan natural como inculcar una buena conducta en un chico, lo hacen contra la corriente.

El domingo murió una chica de 19 años en el choque de un auto en calle Mitre, conducido por un muchacho alcoholizado cuando salían de la zona bolichera del Puerto. Hablaremos de lo que sucederá con este hombre en la Justicia, del dolor de las víctimas y escucharemos comentarios vomitivos como los que se han hecho, pero el trasfondo quedará intacto. Tal como ya sucedió con la muerte de un niño frente a la escuela Del Centenario y la condena (escarnio público mediante) a Silvio Díaz. Luego los controles mejoraron, casi nada los de alcoholemia, mientras la venta libre y descontrolada de bebidas en los boliches siguió llenando los bolsillos de sus dueños.

El negocio y la política del alcohol cuentan con una plataforma de fundamentos e ideas sedimentadas a lo largo de siglos. La última publicidad de Quilmes que promueve el “conductor designado” trafica la misma idea que fomenta el consumo de alcohol: no tomar por una noche equivale a inmolarse por los amigos. Comer un asado con agua o gaseosa es un crimen a la cultura y el folclore nacional y popular. Brindar sin alcohol en las Fiestas garantiza un Año Nuevo devastador. Juntar plata para viajar a Bariloche vale la pena si se pasa una semana inconsciente. En la Coca Cola vemos al imperialismo en expansión ganando nuestra adicción al líquido negro y dulce que financia guerras. Pero las cervecerías y bodegas de capital extranjero serían la inversión al desarrollo de la cebada, las uvas y la química que perfeccionan la experiencia de nuestro paladar.

En los locales bailables no hay control de venta a alcohol a menores, ni en la cantidad que se expende en general. Tampoco en otros comercios de la ciudad. Mucho menos multas, sanciones o clausuras por esta razón. El negocio es demasiado grande, tanto como el poder de lobby de los empresarios. Cuando se organiza una fiesta en un salón, puede llegar un inspector a ver la habilitación del lugar, el volumen de la música y el policía de adicional, pero nadie mira a quién le venden alcohol en la barra.

Hace un mes, UNO publicó que en la Guardia del hospital San Martín de Paraná se atienden hasta cinco personas por semana en coma alcohólico. “No hay un control de alcoholismo, están muy liberados los boliches y cada vez hay más situaciones como estas”, alertó el director del área, José Carlos Cuesta. Pero nadie quiere escuchar.
 

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