Policiales
Jueves 01 de Octubre de 2015

Dolor y bronca en la despedida de Julio, el remisero asesinado

Hay dos jóvenes detenidos por matar para robarle a Julio López, de 42 años, en Paraná. Su familia, con una historia de desgracias a cuestas

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


De lunes a sábado: levantarse temprano, subirse al remís y volver a casa de noche. Domingos: levantarse e ir con la familia al parque… a vender tortas fritas. Así pasaban los días de Julio López, quien no sabía de otra cosa que no sea trabajar para alimentar a su familia. Como cientos de remiseros de Paraná que están todo el día arriba del auto para intentar llegar a fin de mes. Y además padecía la carga de una injusticia social: su esposa, víctima de violencia de género de su patrón, había quedado sin trabajo, sufrió una falsa denuncia que los dejó en la ruina, y no recibieron una reparación económica por parte de una familia adinerada de Paraná 

El martes a la noche, el hombre de 42 años estiró un poco más la jornada para hacerse unos pesos extra que ayudaran a la complicada economía del hogar: dos hijos de 6 y 12 años, su esposa sin trabajo estable y pagando un alquiler para vivir en un departamento del barrio Lomas del Mirador I. Dos jóvenes (un pibe y una chica) subieron al Renault Clio, unidad de la empresa San Cayetano, en el barrio El Sol, y le indicaron el destino: Cervantes y Patagonia. En ese lugar, minutos después, iba a ser asesinado de un balazo.

Los remiseros de Paraná saben que el robo de la recaudación o el celular es algo cotidiano. “Todos fuimos robados, es todos los días”, afirmó uno de ellos. Y también saben que ser asesinados en un asalto es una posibilidad. El 2 de julio le tocó a David Farina, en una circunstancia casi idéntica. El martes le tocó a López. Como si trabajar fuera una ruleta mortal, salen y rezan para volver a casa vivos. “Es todos los días, pero se va agravando con estos hechos así, es cada vez peor”, agregó otro.

Los investigadores de la División Homicidios reunieron testimonios y pruebas que permitieron la detención de Emmanuel Franchinelli, de 19 años, y una menor de 15 años. El joven será citado a declarar por la fiscal Patricia Yedro y hoy se decidirá la prisión preventiva mientras avanza la investigación. En tanto que la chica, inimputable por su edad, quedó alojada en una institución del Copnaf en Concordia.

Crimen, movilización y despedida

A pocas cuadras de llegar al lugar indicado por los pasajeros, el joven le dijo a su novia: “Vamos a robarle”. Supuestamente la chica le respondió: “No da”. Pero él no le hizo caso. Sacó un revólver calibre 38 y le apuntó al chofer: “Esto es un asalto”, le informó y le exigió que entregara el dinero. Eran unos pocos pesos que significaban la cena de la familia de López, por eso el hombre se resistió. Comunicó mediante un código el alerta a sus compañeros de la remisera. Pero el ladrón le disparó a quemarropa, la bala ingresó por la axila y le afectó órganos vitales. La chica saltó del auto y corrió; el muchacho agarró la plata y escapó hacia la casa de su hermana, en calle 25 de 

Junio al final. El auto siguió varios metros hasta impactar contra otro que estaba estacionado.

Eran las 20.30 y varios vecinos estaban en la calle. Algunos se acercaron para auxiliar a López y enseguida llegaron remiseros que recibieron el alerta. Una versión, según el testimonio de un hombre que estuvo en el lugar, indica que la víctima alcanzó a llamar a su esposa y con las últimas palabras que pudo enunciar le dijo que lo habían herido en un robo. También llegó la Policía en un patrullero  y debido al  grave estado en que se encontraba el remisero decidieron no esperar la ambulancia: lo subieron al móvil y lo llevaron al hospital San Martín. Pero ya era tarde.

En la esquina de Patagonia y Cervantes se congregaron varios remises al saber del hecho y los choferes no lo podían creer cuando les dijeron que López había muerto. Unas horas después decidieron reunirse para protestar en la Casa de Gobierno de Entre Ríos y con los vehículos cortaron el tránsito de las calles Laprida, Córdoba, Santa Fe y México, y quemaron cubiertas. Exigían justicia por el crimen, seguridad por los robos que sufren a diario y una ayuda económica y una vivienda para la familia de la víctima. Luego del diálogo que mantuvieron con el director de Investigaciones de la Policía, Ricardo Frank, en horas de la mañana, levantaron esta medida y se trasladaron a la comisaría quinta, donde habían alojado al joven que habían detenido por el asesinato. Cortaron calle Ameghino por unas horas y luego fueron a la sala de velatorio del cementerio municipal de Paraná, donde velaron los restos de su compañero.

En horas de la tarde ya era una multitud de familiares, amigos, seres queridos en general y vecinos de López, así como remiseros de casi todas las empresas con los autos, y algunos taxistas, que poblaron la explanada del cementerio de la capital entrerriana. A las 17.45 comenzaron los bocinazos y aplausos mientras retiraban de la sala el féretro con los restos de Julio López y lo llevaban a su morada final.

Carne de cañón

La investigación avanzó a partir de testigos presenciales: algunos que escucharon la estampida del balazo y vieron correr al joven y la adolescente. Otro que habría identificado a Franchinelli cuando huía hacia la casa de su hermana, ya que lo conoce del barrio. A las 2 la Policía allanó dicha vivienda, pero no encontró al sospechoso. Luego de algunas averiguaciones encontraron al padre, quien poco después entregó a su hijo en la sede de la Dirección Investigaciones. La búsqueda de la chica fue un poco más sencilla: una vez identificada se ubicó su domicilio y los padres la entregaron.

El caso del remisero David Farina, asesinado en julio en el barrio Lomas del Mirador II, fue muy parecido: una chica tomó el remís y lo llevó a donde lo esperaba su novio, quien lo asesinó a tiros para robarle. “La mayoría de los pibes que roban son gurises jóvenes, son chicos, y están drogados, todo es por la droga, por hacer dos pesos y drogarse, porque para eso la quieren a la plata nomás”, dijo a UNO un remisero que ayer asistió al velorio de López. 

Las historias de robos recientes son interminables entre los trabajadores del volante. Celulares, zapatillas, plata, equipos de comunicación del auto; con pistolas y cuchillos. Pero en la charla con los remiseros surge un dato: desde que se implementó el año pasado el control de motos por parte de la Policía (que redujo drásticamente el robo de las mismas que era un flagelo en Paraná), el blanco pasaron a ser los remises. “Qué fácil es: esperar que el remís pare o llamar y esperar que venga”, explicó un chofer.

Otro problema de inseguridad que afrontan todos los días es que muchos consumidores los usan como delivery de drogas: “Ahora estamos teniendo el caso de muchos que nos llaman a nosotros para que los llevemos a comprar droga, y no queremos que siga pasando. Si te negás te amenazan”.

Jorge Guillerón, uno de quienes ayer se manifestaron en la calle, dijo: “Hay que darle un corte definitivo a todo lo que está sucediendo. Esta gente arruinó una familia, dejó a dos chicos sin su padre y a una esposa completamente destrozada. Quien mató a Julio ni siquiera le dio la oportunidad de defenderse, porque lo fusiló por la espalda”, reclamó. Otros trabajadores agregaron: “En menos de tres meses mataron a dos compañeros, estamos cansados de la inseguridad”; “Ya no hay horarios, a Julio lo atacaron a las 20.30. ¿Qué nos pueden sacar a los del turno noche? 150 o 200 pesos”. Además de mayor seguridad y justicia para Julio López, los manifestantes reclamaron al gobierno ayuda para la familia del remisero de 42 años, que queda desamparada, una esposa y dos menores de 6 y 12 años. Hoy por la mañana, según se comprometió, el ministro Adán Bahl recibirá a la viuda, al dueño del auto que conducía López y al dueño de la empresa San Cayetano.

Una falsa acusación que  los arruinó

La desgracia acompaña a la familia del barrio Lomas del Mirador I desde hace tiempo. La esposa de Julio López trabajaba como empleada doméstica para una familia adinerada de Paraná. En ese hogar sufrió años de tormento y violencia de género; la echaron y luego le iniciaron una causa judicial, pero se probó que era una falsa denuncia.

La historia fue contada en UNO el 29 de marzo: a la mujer le imputaron en 2013 extorsionar a un hijo de la familia. Luego del proceso judicial, y la defensa ejercida por el abogado Leopoldo Cappa, la Justicia la sobreseyó y declaró inocente. Pero el daño que la familia dueña de un importante comercio del centro de Paraná le habían causado a ella y toda su familia fue tremendo. Este año se realizó una instancia de mediación para acordar una indemnización por los daños y perjuicios ocasionados, pero fracasó: el joven de dicha familia, quien había denunciado, se declaró insolvente. Sin embargo, sus padres lo enviaron a hacer su vida en el exterior. Ahora, el abogado que la representa también en esta causa está por presentar en Tribunales la demanda civil correspondiente para reclamar la indemnización.

Mientras, pasó el tiempo y la familia debió luchar mucho para salir adelante. López se subió al remís y la mujer hacía tortas fritas en la costanera y el balneario Thompson. La muerte de Julio puso otra vez a ella y sus hijos en una situación económica desesperante, además del dolor que llevarán de por vida por el asesinato.


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